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Comentario de la Ceremonia
del Viernes Santo
por
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
En la tarde del Viernes
Santo, el día que nosotros conmemoramos la muerte del
Señor Jesús, nosotros celebramos, en la mayoría de
las Iglesias, dos ceremonias distintas: la primera, el Camino de la
Cruz, es celebrada alrededor de las tres en punto, en el momento cuando
Jesús murió en la Cruz del Calvario; y la segunda, la
cual nosotros discutiremos, toma lugar un poco tiempo después,
al final de la tarde o al principio de la noche.
Esta ceremonia de la tarde
o al final de ella, antes se celebraba en la mañana, como era la
ceremonia del Jueves Santo o la del Sábado Santo. Cuando yo digo
antes, yo quiero decir antes de 1955, solo hace cincuenta años,
lo cual no es mucho tiempo. Así, en el año 1955, el Papa
Pío XII, de santa recordación, promulgó una
reforma completa del Misal de la Semana Santa, una reforma que vino
hacer efecto en la Semana Santa de 1956. Desde ese momento, nosotros
celebramos los oficios de la Semana Santa a las horas que corresponden
precisamente a la de estos eventos históricos: la Ultima Cena en
la tarde del Jueves Santo, la Pasión y Muerte de Jesús en
la tarde del Viernes Santo, y la Espera por la Resurrección
desde la noche del Sábado Santo hasta el Domingo de Pascua.
Si, antes de 1955, nosotros
celebrábamos estos oficios en la mañana, es porque
celebrábamos cada vez una Misa. Ahora, en estos tiempos, debido
a el ayuno eucarístico que debía ser observado desde
medianoche, la Misa era celebrada en la mañana, antes del
mediodía. Así, en la mañana de los tres
días santos, nosotros celebrábamos la Misa del día
en cuestión. En el Jueves Santo, nosotros celebrábamos la
Ultima Cena del Señor; en el Viernes Santo, una ceremonia en la
cual nosotros usábamos hostias consagradas, o santificadas, en
el día anterior, un ceremonia llamada la Misa de los
Presantificados; en el Sábado Santo, nosotros
celebrábamos la Vigilia Pascual, una vigilia temprana, que
empieza alrededor de las nueve de la mañana...
En el Viernes Santo, desde
un tiempo inmemorial, la Iglesia no celebra Misa. Porque la Misa es el
sacramento y el memorial de la Victoria de Cristo sobre la muerte. La
Iglesia no quería, y aun no quiere, celebrar Misa el Viernes
Santo, el día en que el Señor Jesús murió:
nosotros no nos regocijamos de la Victoria de Jesús en la
mañana de Pascua, donde la muerte nos hunde en tristeza.
Mas sin embargo, la
ceremonia del Viernes Santo ha sido llamada, durante mucho tiempo, la
Misa de los Presantificados. Nosotros queríamos, de esta manera,
hacer una conexión entre esta ceremonia en particular y la
celebración diaria de la Misa. Porque? Simplemente porque la
ceremonia del Viernes Santo revela justamente como la misa, aunque no
se consagre la hostia ni el vino. Yo explicare este significado.
Como la base para mi
explicación, Yo haré, por supuesto, uso de la ceremonia
del Viernes Santo como ahora revelara en el 2005. Nosotros usamos el
misal promulgado en 1969 por Papa Pablo VI. En este misal, fruto de la
reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la Semana Santa es
muy ligeramente diferente de la que fue promulgada hace cincuenta
años por Papa Pío XII. La Semana Santa de 1955 ha sido
perfectamente elaborada: todo lo que era necesario debía hacer
que esta reforma coincidiera con el misal entero.
Aquí esta el
contorno de la ceremonia del Viernes Santo: oración en silencio,
oración, lecturas, oración universal, introducción
de la Cruz en la Iglesia, revelación de la Cruz,
adoración de la Cruz, el "Padre Nuestro" seguido por la
comunión, oración posterior a la comunión, y
oración de bendición.
Estas ceremonias
corresponden a las de la Misa de la siguiente manera:
Oración en silencio:
acto de penitencia.
Oración:
oración Colecta.
Lecturas: lecturas y
Evangelio.
Oración Universal:
oración de los fieles.
Introducción de la
Cruz dentro de la Iglesia: procesión del ofertorio, y ofrendas.
Revelación de la
Cruz: Consagración del vino y del pan.
Adoración de la
Cruz: Oración Eucarística.
Padre Nuestro, seguido de
la Comunión: Igual.
Después de la
Comunión: Igual.
Oración de
bendición: Gesto de bendición.
Esta correspondencia no
requiere ninguna explicación suplementaria, excepto el de la
Revelación de la Cruz y la Adoración de esta.
1. La Revelación de
la Cruz.
Se trae la Cruz velada,
representando el Pan y el Vino que son aportados durante el ofertorio
de la Misa: substancias ordinarias, partes de la Creación,
frutos de la tierra. La revelación de la Cruz significa el
cambio causado por la consagración del pan y vino: el pan y el
vino ahora significan verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Cristo
presente sustancialmente.
Esta es una simple
analogía: no hay Misa este día, la Cruz no es la
sustancia de Cristo. Pero la relación es perfecta con respecto a
la realidad significada: la Cruz significa la Pasión, como el
sacrificio de Cristo esta hecho presente en y a través de los
signos del pan y del vino consagrado en el Cuerpo y Sangre de Cristo.
La revelación de la Cruz hace presente los signos de la
Pasión; la consagración de la Misa, adicionalmente, y
sobre todo, hace presente la sustancia de Cristo resucitado.
Finalmente, la
revelación de la Cruz, tomada en el sentido de "remover el
velo", puede estar asociada con la consagración, en este hecho
que, a través de la fe y en la fe, los creyentes reciben del
sacerdote, quien consagra el pan y el vino, esta revelación, la
cual debe ser creída, de este hecho: lo que nosotros vemos no es
mas pan y vino, pero bien el Cuerpo y Sangre de Cristo. "Este es mi
Cuerpo... Esta es mi Sangre..."
2. La Adoración de
la Cruz.
Esta es la ceremonia que,
en la celebración eucarística, corresponde a la
oración eucarística, o anamnesis.
Primero, notemos el detalle
significativo siguiente. En la edición latína del Misal,
en canto gregoriano, la antífona de la adoración de la
Cruz, la cual comienza con estas palabras "Crucem tuam" posee la misma
composición musical del responso después de la
aclamación de la consagración "Mysterium fidei", lo cual
es: "Mortem tuam..."
Adorando la Cruz, nosotros
expresamos nuestra fe en el signo de la redención, así
como la Iglesia reza y ofrece al Padre Celestial el Cuerpo y Sangre de
su Hijo, invocando al Espíritu Santo con fe y esperanza.
Pero la analogía
más hermosa es encontrada en el beso que el cristiano coloca en
los pies del Crucifijo: este es como el beso de una Esposa da a su
Esposo, crucificado por amor. Cada uno de los miembros de a Iglesia
testifica su fe y su amor para Cristo: en esto, el muestra que ratifica
llenamente en su corazón el convenio eterno fundado en la Sangre
de Cristo. Así, el abre su corazón ampliamente con su
amor, y profundo con su humildad, para que el Espíritu Santo
pueda penetrar en el y lo transforme en Cristo a través de la
comunión, diciendo con San Pablo: "No soy yo mas quien vive,
sino es Cristo quien vive en mi." (Gal. 2:20)
Les deseo a todos una santa
espera en la Resurrección del Señor, bajo la mirada de la
Virgen Maria, la única quien, de acuerdo con la
Tradición, continuó creyendo en su Hijo muerto! Que la
Madre de Dios sea nuestra fortaleza durante el Sábado Santo
entre Viernes Santo y la mañana de Pascua!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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