Homilía para la Solemnidad del Corpus Christi - Año A - Jn. 6:51-58
 
 
por
 
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" «Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.»
 
" Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: «¿Cómo puede éste darnos su carne á comer?» Y Jesús les dijo: «De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" «Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.» "
 
Este año dedicado a la Eucaristia por el Papa Juan Pablo II, la solemnidad del Corpus Christi tiene una especial importancia. Para nosotros, esta es una oportunidad para intentar de entender un poco mejor lo que es la Eucaristía en la vida de la Iglesia y del mundo.
 
El Concilio de Trento, en el siglo 16, definió el numero de los sacramentos reconocidos por la Iglesia Catolica. Hay siete: bautismo, confirmacion, Eucaristía, matrimonio, sacerdocio, penitencia y extrema uncion. Ahora, estos dos últimos sacramentos han recibido nombres que son un poco mas apropiados: nosotros los llamamos reconciliación y unción de los enfermos.
 
Todos estos sacramentos existen solo dentro de nosotros, en nuestra alma, en el alma espiritual de quien los recibe. Pero hay una excepcion en esta regla: esta es la Eucaristía, la cual existe primero fuera de nosotros, antes de comerla, bajo la forma de pan, o antes de beberla, bajo la forma de vino. Es aquí en donde es la dificultad, y sobre todo esto es lo que hace un gran misterio!
 
Durante la celebracion Eucaristica, el sacerdote toma el pan y dice, hablando en nombre de Cristo, y en su persona: "Este es mi Cuerpo". Entonces el toma la copa llena de vino, y dice, similarmente: "Esta es la copa de mi Sangre ... " Esto es lo que nosotros llamamos la consagración del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Así, después de la consagración, lo que nosotros vemos no es mas pan o vino, sino el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
 
Toda la dificultad esta ahi, todo el misterio esta alli! Lo que nosotros vemos no es pan, lo que nosotros vemos no es vino! Nosotros podemos discutir sobre esto en cada posible e inmaginable manera, pero al final, nosotros siempre llegamos a la misma conclusión: lo que vemos, lo que tocamos, lo que olemos, lo que saboreamos, y aun, de cierta manera, lo que escuchamos, no es ni pan ni vino, sino el Cuerpo y la Sangre de Cristo!
 
¿Porque? Porque Cristo, quien es Dios, dijo, a través de la persona del sacerdote: "Este es mi Cuerpo... Esta es mi Sangre..." No olvidemos: Cristo es Dios, y Dios nunca se equivoca. Cuando el dice algo, es verdadero! Cuando el dice que lo que nosotros vemos no es pan, sino el Cuerpo de Cristo, nosotros debemos de creerlo!
 
Nosotros no somos maestros de la Eucaristia, la Iglesia no es maestra de la Eucaristía: la Iglesia recibió la Eucaristía de las manos del Señor. Dando su Cuerpo y Sangre a sus discípulos, los Apóstoles, en el atardecer del Jueves Santo, Cristo les dio a ellos, al mismo tiempo, el poder de perpetuar su Memorial Eucaristico. Por este hecho, nosotros podemos decir, en cierto sentido, que la Iglesia - en la persona de sus ministros consagrados, quienes son los obispos y los sacerdotes - esta incesantemente recibiendo este poder del Señor.
 
De hecho, nosotros no debemos de creer que es suficiente ser ordenado sacerdote para poder celebrar la Eucaristía. El sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo debe de ser siempre celebrado en obediencia a Cristo, recibiendo de El todo el poder sobre su Cuerpo y Sangre; una obediencia que no es una palabra vacia, pero una que se concreta por la fidelidad y la sumisión al Romano Pontifice, el representante de Cristo en la tierra.
 
Nada es mas hermoso, nada es mas grandioso, nada es mas completo que la celebración de la Eucaristía! Cuando nosotros celebramos la Eucaristía, viene ya el Señor a juzgar el mundo, el ya nos resucita, el nos acoge a sus pies y nos atrae dentro de su Sagrado Corazón, por que participando de su Pasion nosotros podemos continuar su Obra con Amor y Paz! Que la Santísima Virgen Maria, la " mujer «Eucaristica» " (S.S. Juan Pablo II, Encíclica sobre la Eucaristía, «La Iglesia vive de la Eucaristía»), nos ayude a vivir este gran misterio cada día un poco mejor!