Homilía para la Fiesta del Pentecostés - Año A - Jn. 20:19-23
 
 
por
 
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Y como fué tarde aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús, y púsose en medio, y díjoles: «Paz á vosotros.» Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor. Entonces les dijo Jesús otra vez: «Paz á vosotros: como me envió el Padre, así también yo os envío.» Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: «Tomad el Espíritu Santo: A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Y como fué tarde aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús, y púsose en medio. "
 
El Evangelio es la Buena Nueva, es la buena Palabra de Salvación proclamada por Cristo a toda la creación: "Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado." (Mc. 16:15) Pero, Cristo es la Palabra de Dios hecho carne. Así, el Evangelio habla solo de Cristo, del Hijo de Dios hecho Hombre. Por lo tanto, el Evangelio no nos habla directamente del Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santísima Trinidad, quien vino al mundo en el día del Pentecostés!
 
Los Apóstoles, María Madre de Jesús, y otros discípulos, "como se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos; y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen." (Hechos 2:1-4)
 
Si nosotros hubiéramos estado ahí, con los discípulos de Jesús, no hubiéramos sentido miedo al escuchar el ruido del viento violento? No nos habría superado el pánico cuando hubiéramos visto nuestro cabello que parecía encenderse por alguna cosa misterioso? Quizás sí, quizás no... La respuesta no es simple...
 
No hubiéramos tenido miedo, como en el caso de los Apóstoles, si, como ellos, estuviéramos íntimamente unidos a María, la Madre de Jesús, quien su espíritu de fe y de oración es tan comunicativo que se expande fuera de ella como un dulce perfume de rosas ... Pero, el que tiene fe, el que ora a Dios con todo su corazón, no tiene miedo: no a las tentaciones del demonio, no a las del mundo, no a las de la carne!
 
Nada puede tambalear a quien tiene el espíritu de María! Pero, así como nosotros lo sabemos, desde que Jesús fue concebido en el vientre de la Santísima Virgen María, el Espíritu de Dios permanece en Ella, su Esposa mística: el Espíritu de Dios y el espíritu de María son uno en Jesús, mediador entre Dios y los hombres. Así, aquél que tiene el espíritu de María, no puede sentir miedo de El quien es uno con María: el Espíritu de Dios!
 
Sin embargo, como puede uno excluir el miedo cuando se presenta tal fenómeno? Cuando María oyó el saludo del Arcángel Gabriel, quien le decía a ella: "Salve, llena de gracia" (Lc. 1:28), la futura Esposa del Espíritu Santo sintió algo de temor: "Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta." (Lc. 1:29)
 
Por lo tanto, es normal pensar que los apóstoles y discípulos que están presentes, experimentaron el miedo cuando oyeron el sonido del viento y cuando ellos vieron sus cabellos parecer tener llamas ... Por otra parte, cual es la primera acción del Espíritu de Dios si no es el de purificar el alma en orden de hacer santa como en el primer momento de la creación?
 
Jesús lo dijo: el Espíritu Santo viene primero para purificarnos de nuestros pecados. "Como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: «Tomad el Espíritu Santo: A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos.» " Luego, en ese mismo instante, el Espíritu Santo nos llena de su Amor y él nos confirma a nosotros en nuestra buena intención por una suave confianza en la misericordia y la omnipotencia de Dios!
 
Porque el Espíritu Santo, nunca llega a nosotros sin darnos regalos, o favores, comunes a todos los fieles, o propias a tal o cual persona. Si tenemos humildad verdadera, entonces el Espíritu Santo nos dará lo más hermoso regalo: reconozcar los regalos y favores que se encuentran en otros, estos regalos que a menudo rehusamos a ver, por nuestra envidia ...
 
No nos olvidemos de Cain y Abel! Cain mato a Abel, porque el ultimo tenia el favor de Dios: Cain estaba envidioso de los regalos que Dios le daba a su hermano... No nos olvidemos de esto: poco tiempo después del Pentecostés, los Apostoles fueron llevados a prisión por estar predicando el Nombre de Jesús, gracias a los regalos del Espíritu Santo ...
 
Cuando nos acercaremos al altar del Señor para recibir el Cuerpo de Jesús, tengamos un gran deseo de la venida del Espíritu Santo en nuestro corazón: este deseo quemara todas las imperfecciones, y faltas que están aún en nosotros y que nosotros no vemos! Entonces, a través de María, y por María, nosotros estaremos disponibles de recibir los regalos del Espíritu Santo, que reposa en Jesús, en la Gloria del Padre!