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Homilía para la
fiesta del Bautismo del Señor - Año A - Mt. 3:3-17
por
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Jesús llegaba de
Galilea al Jordán cerca de Juan para hacerse bautizar por el.
Juan se oponía: «Soy yo el que necesita ser bautizado por
Ti, y tu, ¿Tu vienes a mi?» Mas Jesús le
respondió: «Deja que así se haga por el momento;
pues así conviene que nosotros cumplamos toda justicia.»
Entonces Juan le dejo hacer como quería. En el momento en que
Jesús, estaba siendo bautizado, cuando El salía del agua,
he aquí que los Cielos se abrieron, y Juan vio al
Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y que
venia sobre Jesús. Y del Cielo se escucho una voz que dijo:
«Este es mi Hijo amado, a quien yo he elegido.» "
Homilía:
" Jesús llegaba de
Galilea al Jordán cerca de Juan para hacerse bautizar por el. "
El tiempo de la Navidad se
termina con la celebración litúrgica del Bautismo del
Señor. Durante casi tres semanas, la Iglesia se ha dedicado a
manifestar su fe y su esperanza en el Hijo de Dios, venido al mundo,
para testimoniar del poder del Padre y de su Amor infinito hacia los
hombres. El canto melodioso de los Ángeles la noche del
nacimiento del Salvador, la adoración silenciosa pero grande y
majestuosa de los reyes Magos, y hoy la voz del Padre eterno que se
hace escuchar durante el Bautismo de su Hijo, todo eso, la Iglesia lo
cree, y creyéndolo, ella lo hace suyo, para la Gloria de Dios y
el Bienestar del Mundo!
Cuando Jesús viene a
Juan, para hacerse bautizar, tenía aproximadamente treinta
años. Es lo que San Lucas afirma: "Cuando Él
comenzó su misión, Jesús tenía
aproximadamente treinta años." (Lc. 3:23) Está es la
lógica de las cosas: a los treinta años, el hombre es
generalmente maduro, y es tiempo para él de comenzar algo, si el
no quiere que su vida se desperdicie... Queriendo ser plenamente
hombre, como ustedes y yo, a fin de llevar sobre sí todos los
pecados de la humanidad, Jesús espera sus treinta años
para actuar al fin y manifestarse a Israel. Él hubiera podido
hacerlo antes, pero... ¿cual hubiera entonces sido su semejanza
con nosotros?
" Juan se oponía:
«Soy yo el que necesita ser bautizado por Ti, y tu, ¿Tu
vienes a mi?» "
Juan sabe muy bien
quién es Jesús: El Espíritu de Dios se lo hace
comprender. Juan sabe que Jesús es el Hijo de Dios, El que es,
Tres veces Santo! Entonces, cuando Jesús se aproxima a él
para ser bautizado en signo de penitencia, Juan no puede dejar de
decir: "Soy yo el que necesita ser bautizado por Ti, y tu, ¿Tu
vienes a mi?" Porque Juan sabía que Jesús había
adémas venido, para bautizar en el Espiritu: "El que me ha dado
la misión de bautizar en el agua me había dicho: Aquel
sobre el cual tu verás el Espíritu bajar y posarse sobre
Él, es el que bautiza en el Espíritu Santo." (Jn. 1:33)
Verdaderamente, Juan estaba estupefacto de ver a Jesús delante
de el para ser bautizado, pues, para Juan, todo estaba claro: "Es
necesario que El crezca y que yo disminuya." (Jn. 3:30) Verdaderamente,
para Juan, para nosotros, para todo el mundo, es un Misterio!
" Mas Jesús le
respondió: «Deja que así se haga por el momento;
pues así conviene que nosotros cumplamos toda justicia.»
Entonces Juan le dejo hacer como quería. "
Ese Misterio va a ir
creciendo. Pues Jesús va a rebajarse delante de Juan Bautista,
Dios va a rebajarse delante de un hombre! Claro, Juan no es cualquier
hombre: El es, el hombre que Dios mismo a escogido para una tal
misión. Mas ello refuerza la profundidad del Misterio: Es Dios
mismo quien quiere rebajarse delante de un hombre! ¿Entonces,
todo esto no nos recuerda algo? No hemos nosotros vivido esta historia
hace poco tiempo? La última vez que nos hemos aproximado a la
mesa del Señor para comulgar en la Santa Eucaristía, no
hemos visto a Dios rebajarse ante nosotros? No hemos visto a Dios que
se dejaba tomar en nuestras manos, masticar por nuestros dientes, y
digerir por nuestros jugos gástricos?
Claro, es que lo ha querido
así. Se trata de un Sacramento, es decir, una realidad, donde lo
natural se mezcla con lo sobrenatural. Mas así mismo, que
Misterio! Si Jesús quiso rebajarse delante de Juan Bautista, no
es acaso para elevarnos hasta Él como hermanos y hermanas de un
mismo Padre? Y si Jesús quiere venir dentro de nosotros por la
Eucaristía, no es acaso para hacernos participar a su propia
vida Divina? Para su Bautismo, y en la Eucaristía, Jesús
quiere asociarnos a Él para que nosotros cumplamos juntos su
Obra, cada uno teniendo su acción propia: Jesús cumple su
acción divina de santificación, y nosotros, cumplimos
nuestra acción humana, sobrenatural, de fe en aquel que es el
Todopoderoso.
Jesús se rebaja
delante de Juan Bautista, y Juan bautiza a Jesús. Jesús
se rebaja ante nosotros en su Eucaristía, y nosotros, creemos en
el Hijo de Dios realmente presente en la apariencia de pan y de vino.
Cada uno cumple su función con un objetivo de justicia, a fin de
que la ofensa hecha a Dios por los pecados del mundo sea borrada, y a
fin de que nuestra fe, gracias a Dios, nos obtenga la
justificación y la santidad eterna de hijos de Dios! "Deja que
así se haga por el momento; pues así conviene que
nosotros cumplamos toda justicia." (Mt. 3:15)
" En el momento en que
Jesús, estaba siendo bautizado, cuando El salía del agua,
he aquí que los Cielos se abrieron, y Juan vio al
Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y que
venia sobre Jesús. Y del Cielo se escucho una voz que dijo:
«Este es mi Hijo amado, a quien yo he elegido.» "
Esta manifestación
del Espíritu Santo y de la Voz del Padre, Jesús no la
necesitaba; Él sabía perfectamente que era el Hijo de
Dios, el Bien-Amado del Padre. Pero una vez más, Jesús
había querido ser semejante a nosotros, entonces, tenemos
necesidad de signos y de confirmaciones cuando confrontamos una prueba
de fe en el Misterio de Dios. Es entonces que por nosotros, y
más precisamente por Juan Bautista, que el Espíritu Santo
y la voz del Padre se manifestaron. Esta aparición
fortaleció a Juan Bautista en su fe, en la misión que
Dios le había confiado. Nosotros también, cuando
recibimos a Jesús en el momento de la Comunión, podemos
recibir de Dios, si Él lo quiere, los signos de su presencia...
Si María, la Madre
de Jesús, estaba presente al pie de la Cruz del Calvario, en el
momento en que el velo del templo se rasgó, que la tierra
tembló, que las rocas se agrietaron, que las tumbas se abrieron,
y los cuerpos de muchos justos resucitaron, nadie duda de que
María estaba igualmente presente cuando el Espíritu Santo
apareció y que la Voz del Padre se hizo escuchar... Pidamos a
María que podamos comprender un poco mejor ese Misterio del
Bautizo de su Hijo: que ella interceda por nosotros ante Jesús,
a fin que nuestra comunión de este día nos vuelva santos
y justos, para la Gloria del Padre, en el Espritu Santo!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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