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Homilía para la
Solemnidad de la Asunción de María al Cielo - Lc. 1:39-56
por el
Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Por entonces María
tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una
ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de
Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su
saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó
del Espíritu Santo y exclamó en alta voz:
«¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a
mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a
mis oídos, el niño saltó de alegría en mis
entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que
se cumplirían las promesas del Señor!»
" María dijo
entonces:
" «Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
y mi espíritu se
alegra en Dios mi Salvador,
porque se fijó en su
humilde esclava,
y desde ahora todas las
generaciones me dirán feliz.
El Poderoso ha hecho
grandes cosas por mí:
¡Santo es su Nombre!
Muestra su misericordia
siglo tras siglo
a todos aquellos que viven
en su presencia.
Dio un golpe con todo su
poder:
deshizo a los soberbios y
sus planes.
Derribó a los
poderosos de sus tronos
y exaltó a los
humildes.
Colmó de bienes a
los hambrientos,
y despidió a los
ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel,
su siervo,
se acordó de su
misericordia,
como lo había
prometido a nuestros padres,
a Abraham y a sus
descendientes para siempre.»
" María se
quedó unos tres meses con Isabel, y después volvió
a su casa. "
Homilía:
" Por entonces María
tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una
ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de
Zacarías y saludó a Isabel. "
Ahora,
nosotros celebramos a María! Nosotros celebramos el Misterio de
la Asunción de María al Cielo! Porque de hecho es un
Misterio lo que nosotros celebramos: es un Misterio de nuestra Fe!
Nosotros, los creyentes de Cristo en la Iglesia Católica Romana,
creemos como un dogma de nuestra fe que María, la Madre de
Cristo, al final de su vida en la tierra, fue elevada al Cielo por
Dios, en ambos, cuerpo y alma!
En el momento escogido por
Dios, un momento en que ella sabía en el Espíritu Santo,
María estaba dispuesta a ir en el camino a la Patria Celestial,
así como ella había tomado el camino hacia Ain Karin para
visitar a su prima Isabel. María se dispuso espiritualmente,
viendo otra vez en su espíritu esa visita que ella había
hecho un día a su prima Isabel, porque María no
podía banagloriarse de su espíritu este memorable
encuentro. ¿No significa el nombre de Isabel "Casa de Dios"?
¿Y no tiene María dentro de ella, al Hijo de Dios, la
Gracia de gracias? ¿Cómo podría María
olvidar, en el último instante de su vida en la tierra, este
viaje que ella realizó en el instante después de la
Anunciación, un viaje que la volverse el vehículo y el
canal vivo de la gracia de Dios? ¿No está María
lista para visitar a Dios mismo, en su Hogar Celestial, para rendirle
gracias a El?
" Al oír Isabel su
saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó
del Espíritu Santo y exclamó en alta voz:
«¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a
mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a
mis oídos, el niño saltó de alegría en mis
entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que
se cumplirían las promesas del Señor!» "
Así como ella entra
al Cielo, así como ella se presenta ante el trono de Dios,
María no dice nada: todo lo de ella habla por sí mismo!
Su cuerpo y su alma, ambos, de una pureza sin igual, una imagen
perfecta de Dios, permiten que Dios pronuncie su única Palabra:
su Hijo, el Hijo de María! María escucha esta palabra de
una manera que es incomparablemente más perfecta que ésta
manera de la cual ella escuchó, en la tierra, estas palabras
dichas a ella, un día, por su prima Isabel: «Bendita seas
entre todas las mujeres!» Verdaderamente, María escucha
esta Palabra de Dios, ella la recibe en ella con un amor de Madre: el
Hijo del Padre está reunido con su Madre para toda la eternidad!
" María dijo
entonces: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi
espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque se fijó en
su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones me
dirán feliz. El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí:
¡Santo es su Nombre! Muestra su misericordia siglo tras siglo a
todos aquellos que viven en su presencia. Dio un golpe con todo su
poder: deshizo a los soberbios y sus planes. Derribó a los
poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de
bienes a los hambrientos, y despidió a los ricos con las manos
vacías. Socorrió a Israel, su siervo, se acordó de
su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, a
Abraham y a sus descendientes para siempre.» María se
quedó unos tres meses con Isabel, y después volvió
a su casa. "
¿Qué
podría decir María a su Hijo amado?
¿Repetiría ella su "Magnificat"? De hecho, puesto que
ella se encuentra delante de la cara del Padre, ¿no diría
María uno de los dichos atribuidos al Padre, tal como:
"Tú eres mi Hijo: Yo te he engendrado hoy" (Sal. 2:7)? Si, es lo
más probable. Por otra parte, como María es el modelo de
todos los fieles de Cristo, ¿no le diría ella a su Hijo,
alguna cosa que todas y cada madre podría decirle a su
niño en el Día de la eternidad: "Tú eres mi hijo,
tú eres mi hija: yo te he engendrado hoy"? Porque, todos
nosotros, hombres, mujeres, niños, tendremos un hijo o una hija
en el cielo, según la carne o según el espíritu.
Nadie va al cielo solo: como María, cada verdadero Cristiano,
cada apóstol del evangelio, es precedido o seguido por aquellos
a quienes el ha engendrado para Cristo! Eternamente, en el Cielo, una
sola palabra resuena en la boca del Padre, de María, y de todos
los elegidos: "Tú eres mi Hijo: Yo te he engendrado hoy!"
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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