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Homilía para el
séptimo Domingo de Pascua - Año A - Jn. 17:1-11
por
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Jesús, levantados
los ojos al cielo, dijo: «Padre, la hora es llegada; glorifica
á tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique
á ti; como le has dado la potestad de toda carne, para que
dé vida eterna á todos los que le diste. Esta empero es
la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á
Jesucristo, al cual has enviado. Yo te he glorificado en la tierra: he
acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre,
glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que
tuve cerca de ti antes que el mundo fuese.
" «He manifestado tu
nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me
los diste, y guardaron tu palabra. Ahora han conocido que todas las
cosas que me diste, son de ti; porque las palabras que me diste, les he
dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que
salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
" «Yo ruego por
ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos
son: Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he
sido glorificado en ellas. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos
están en el mundo, y yo á ti vengo.» "
Homilía:
" Jesús, levantados
los ojos al cielo, dijo: «Padre, la hora es llegada.» "
La homilía para este
séptimo Domingo de Pascua incluye la primera parte del
décimo séptimo capitulo del evangelio de san Juan. Es uno
de los mas hermosos pasajes del evangelio: la oración de
Jesús a su Padre en la víspera de su Pasión!
Jesús, a través de su oración, eleva su
espíritu, eleva toda su alma a Dios su Padre, quien esta en el
Cielo: incluso antes del día de la Ascensión, incluso
antes de su partida de la tierra en la Cruz del Calvario, Jesús
esta en el Cielo, en el pecho de su Padre!
" «Glorifica á
tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique á ti;
como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida
eterna á todos los que le diste. Esta empero es la vida eterna:
que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual
has enviado. Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que
me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú
cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el
mundo fuese.» "
Cuando Jesús ora a
su Padre, cuando se une a su Padre en espíritu, este es siempre
el Espíritu Santo, esta divina Persona quien procede del Padre y
del Hijo, quien manifiesta y se revela a si mismo, sin ser mencionada
expresamente: el Espíritu Santo dice con excesiva
efusión, el casi explota desde la Palabra, desde cada palabra
que el Hijo pronuncia ante su Padre! Es en este sentido que
Jesús habla a su Padre de la Vida eterna, esta vida de
conocimiento, la cual es un regalo apropiado al Espíritu Santo:
El es, "el Señor, el dador de vida." (Credo) "Nadie comprende
los pensamiento de Dios excepto el Espíritu Santo." (1 Cor. 2:11)
Durante su vida en la
tierra, Jesús nunca paró de predicar de su Padre:
Jesús logro el trabajo que el Padre le había confiado a
el, un trabajo que consista en hacer conocer el Padre, y revelarlo, en
el Espíritu que tienen en común ambos. "Yo te he
glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese."
Para Jesús, glorificar al Padre es hacerlo conocer! Cuando
Jesús funda su Iglesia, cuando Jesús cumple con el hecho
que permitirá su trabajo perdure en la tierra hasta el final de
los tiempos, el empieza a hacer conocer la acción del Padre en
su discípulo Simón: "Porque no te lo reveló carne
ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos." (Mt. 16:17)
" «He manifestado tu
nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me
los diste, y guardaron tu palabra. Ahora han conocido que todas las
cosas que me diste, son de ti; porque las palabras que me diste, les he
dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que
salí de ti, y han creído que tú me
enviaste.» "
La glorificación del
Padre por el Hijo, y la glorificación del Hijo por el Padre- en
breve, la glorificación del Padre y del Hijo a través de
una manifestación reciproca- no es realizada solamente en el
Espíritu Santo, quien es la divina Persona común al Padre
y al Hijo. Pero esta glorificación, de ambos Padre e Hijo, tiene
una cierta extensión, y, si puede decir, una
participación, en la vida de fe de todos aquellos a quienes el
Padre da incesantemente a su Hijo. Todos los creyentes quienes componen
la Iglesia, la Iglesia viva, glorifican a través de ellos al
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo! Esto es verdaderamente "a
través de la Iglesia" (Efesios 3:10) que la gloria y la
sabiduria de Dios se manifieste a todo el mundo!
" «Yo ruego por
ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos
son: Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he
sido glorificado en ellas. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos
están en el mundo, y yo á ti vengo.» "
Todos los elegidos de Dios
están inmersos en el Amor del Padre y del Hijo, y ellos
glorifican ambos el Padre y el Hijo! Esto es lo que la Santísima
Virgen Maria, el modelo de todos los creyentes, hizo desde la
Encarnación de la Palabra en ella, deseando la Gloria de Dios
desde el primer instante de su Inmaculada Concepción! Que la
Madre de Dios nos enseñe a vivir de esta manera, siempre, para
la Gloria de Dios y la Salvación del mundo!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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