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Homilía para el
cuarto Domingo de Cuaresma - Año A - Jn. 9:1...41
por
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Al pasar Jesús,
vió a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en tierra, e
hizo lodo con la saliva y untò con el lodo los ojos del ciego, y
le dijo: «Ve a lavarte en el estanque de Siloé (esta
palabra significa el Enviado).» El ciego fué entonces, se
lavó y regresó viendo claro.
" Entonces, los vecinos y
los que antes le habían visto que era ciego decían:
«No es este acaso aquel que mendigaba aquí,
sentadolà?» Unos decían «él es»;
y otros respondían: «No, mas se le parece.» Mas
él decía: «Si, soy yo.»
" Ellos, llevaron al que
había sido ciego. Y como era el día de reposo cuando
Jesús había hecho el lodo y le había abierto los
ojos al ciego. Los fariseos, le preguntaron también como
él babía recuperado la vista. Él les dijo:
«Me puso lodo sobre los ojos, me lavé y veo.»
Ciertos fariseos dijeron entonces: «Este hombre no procede de
Dios, no guarda el día de reposo.» Otros replicaban:
«¿Como puede un hombre pecador, hacer tales
señales?» Y había mucha división entre
ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: «Y tú, que
dices, del que te abrió los ojos?» - «Es un profeta,
respondió él.» Ellos le interrogaron de nuevo:
«Tu has nacido completamente en el pecado, y tu nos quieres dar
una lección?» Y entonces le sacaron de allí.
" Jesús supo que le
habían expulsado. Le encontró y le dijo: «Crees
tú en el Hijo del Hombre?» Y el le contestó:
«Quien es él, Señor, para que yo créa en
Él?» Jesús le dijo: «Tu lo estas viendo, es
Él mismo quien te habla!» - «Yo creo,
Señor», dijo él; y se inclinó ante Él
para adorarle. "
Homilía:
" Al pasar Jesús,
vió a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en tierra, e
hizo lodo con la saliva y untò con el lodo los ojos del ciego, y
le dijo: «Ve a lavarte en el estanque de Siloé (esta
palabra significa el Enviado).» El ciego fué entonces, se
lavó y regresó viendo claro. "
Hablando de la
visión de Dios en la eternidad, San Pablo declara: "Entonces,
nosotros le veremos, cara a cara!" (1 Cor. 13:12) Es verdad: En el
Cielo, por la eternidad, aquellos quienes serán salvados en el
Cristo, verán a Dios, "cara a cara"! La mirada de Dios en la
mirada del hombre! Una mirada divina, de resplandeciente claridad, como
el que Daniel y Juan contemplaron en su visión: "Levantando los
ojos, yo ví un hombre vestido de lino... Su rostro brillaba como
el relámpago, sus ojos como antorchas ardientes..." (Dn. 10:5-6;
cf. Ap. 1:13-14)
Es decir, que la mirada,
los ojos de nuestro cuerpo son de un gran valor ante los ojos de
Dios... Pues, en la eternidad, todo aquello que el alma sentirá
resplandecerá en perfección sobre el cuerpo: si el alma
ve a Dios en una felicidad indecible, entonces, el cuerpo
también gozará de una felicidad sin igual, que
hará brillar los ojos de mil fuegos! Mas la eternidad no
comienza ahora? No es ya tiempo de descubrir la belleza de Dios y su
mirada llena de Amor y Misericordia?
Es por esta razón,
que Jesús ha querido curar tantos ciegos, en el curso de su
peregrinaje de evangelisación. La sanación de los ciegos
no es acaso uno de los signos, y también el primero citado por
Jesus, que manifiesta, que el Reino de Dios está aquí?
"Convocan dos de sus discipulos, Juan les envíó a decir
al Señor: «Eres Tú aquel que debe venir, o debemos
esperar a otro?» (...) «Id a decir a Juan, les dijo
Jesús, lo que habeis visto y oído: los ciegos
ven...» " (Lc. 7:18-19 & 22)
Por lo demás, la
perdida de la vista y el uso normal de nuestros ojos no es lo que
desfigura más nuestra personalidad? Es en efecto una
conceción científica hoy adquirida, que el iris de
nuestros ojos es lo que nos diferencia mas a todos los hombres y todas
las mujeres del mundo entero. También, en ese sentido, devolver
la vista a un ciego, es devolverle toda su personalidad, es hacer de
él un verdadero hombre nuevo!
" Ellos, llevaron al que
había sido ciego. "
El ciego está
curado. Él es de nuevo un hombre? No exactamente. Ahora, el es
un hombre. Pues él no lo había sido jamás, en ese
sentido, como es el caso para muchos hombres y mujeres, aún
estos y aquellas que ven perfectamente. Ahora, este hombre que era
ciego y que Jesús curó es un hombre: Ahora el tiene una
personalidad, la que Jesús le a dado al sanarlo! Pues solo Dios
puede convertir a un hombre en un verdadero hombre!
Este ciego, que
Jesús había sanado, poseía algo que los otros
hombres no tienen o tenían: Dios había entrado en su
vida! En adelante, este hombre se convertiría en un testigo de
Dios, un testigo de la venida del Reino! Y esto molestaba... Los
fariseos no querían oír hablar de todas esas cosas... No,
para ellos, no era posible: que Jesús fuera enviado de Dios...
"Ciertos fariseos dijeron entonces: «Este hombre no procede de
Dios, no guarda el día de reposo.» "
" Jesús supo que le
habían expulsado. Le encontró y le dijo: «Crees
tú en el Hijo del Hombre?» Y el le contestó:
«Quien es él, Señor, para que yo créa en
Él?» Jesús le dijo: «Tu lo estas viendo, es
Él mismo quien te habla!» - «Yo creo,
Señor», dijo él; y se inclinó ante Él
para adorarle. "
Jesús, no
encontró una mas hermosa ocasión que esta, para hablar
sobre la fé. Pues la fé es una virtud que se supone, que
no vemos nada, a fin de creer, pero, una vez que creemos, es una virtud
que nos da una visión de las cosas sin igual. Antes de creer, es
necesario estar ciego, es decir no ver absolutamente nada. Cuando
creémos, no vemos igualmente nada. Mas inmediatamente despues de
haber creido, y aún todavía cuando creémos, vemos!
Es lo que llamamos la visión de la fé. Es una
percepción de la inteligencia sobrenatural que permite ver,
creyendo. Jesús ha declarado: "El que crée en mi, tiene
la vida eterna." (Jn. 6:47) Dicho de otra manera, aquel que crée
en Jesús ve desde ahora a Dios.
No es evidentemente
necesario nacer ciego para ser un buen creyente. Si no, la muy Santa
Virgen María, la creyente por excelencia, habría nacido
ciega. No, no es esto. Mas es otra necesidad: la del espíritu,
aquella que impide, a un momento dado, comprender tal hecho, tal
aventura, tal prueba que nos llega. Pues, la muy Santa Virgen
María, vivió tal prueba, cuando el niño
Jesús había dejado sus padres tres días, para
quedarse en el Templo de Jerusalen. En ese momento, María, y con
ella José, debieron creer, sin ver... "Ellos no
comprendían las palabras que Él les había dicho."
(Lc. 2:50)
Que Jesús venga a
nosotros hoy, por María, a fin de hacer de nosostros, hombres
nuevos, iluminados con la luz del Espíritu Santo, para la gloria
del Padre!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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