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Homilía para el
tercer Domingo de Pascua - Año A - Lc. 24:13-35
por
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Aquel mismo día
dos discípulos se dirigian a un pueblecito llamado Emaus, que
esta a unos doce Kilómetros de Jerusalén e iban
conversando sobre todo lo que había ocurrido. Mientras
conversaban y discutían, Jesús en persona se les acerco y
se puso a caminar con ellos, pero algo impedía que sus ojos lo
reconocieran. El les dijo: «De que van discutiendo por el
camino?» Se detuvieron, y parecían muy desanimados. Uno de
ellos, llamado Cleofás, le contesto: «Como? Eres tu el
único peregrino en Jerusalén que no esta enterado de lo
que ha pasado aquí estos días?» «Que
paso?» les pregunto. Le contestaron: «Todo el asunto de
Jesús Nazareno! Era un profeta poderoso en obras y palabras
reconocido por Dios y por todo el pueblo. Pero nuestros sumos
sacerdotes y nuestros jefes negaron de el, lo hicieron condenar a
muerte y clavar en la cruz. Nosotros pensábamos que El seria el
que debía liberar a Israel. Pero todo esta hecho y ya van dos
días que sucedieron estas cosas. En realidad, algunas mujeres de
nuestro grupo nos han inquietado, pues fueron muy de mañana al
sepulcro y al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una
aparición de Ángeles que decían que estaba vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como
habían dicho las mujeres, pero a el no lo vieron.»
" Y entonces les dijo:
«Que poco entienden ustedes y que lentos son sus corazones para
creer todo lo que anunciaron los profetas! No tenia que ser así
y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?» Y les
interpreto lo que se decir de el en todas las escrituras, comenzando
por Moisés y siguiendo por los profetas.
" Al llegar cerca del
pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, pero ellos
le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya esta
cayendo la tarde y se termina el día.» Entro, pues, para
quedarse con ellos. Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomo el
pan, pronuncio la bendición, lo partió y se lo dio. En
ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero el
desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: «No
sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el
camino y nos explicaba las Escrituras?»
" De inmediato se
levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a
los Once ya los de su grupo. Esto les dijeron: «Es verdad: el
Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.»
Ellos por su parte, contaron lo sucedido en el camino y como lo
habían reconocido al partir el pan. "
Homilía:
Después de su
Resurrección, Jesús apareció a sus
discípulos muchas veces. El Evangelio de este Domingo cuenta la
aparición de Jesús en la tarde de Pascua a los dos
discípulos que iban desde Jerusalén a Emaus. Este
episodio de la vida del Señor debe ponerse en referencia a una
otra aparición, la cual Jesús, un poco después,
prodigó a los apóstoles juntos en Galilea, a la orilla
del mar Tiberiades.
Logrando la pesca milagrosa
en el Mar de Tiberiades (cf. Jn. 21:6), Jesús toma a
Simón Pedro a un lado y le pregunta tres veces si el lo ama:
"Simón, hijo de Juan, tu me amas mas que estos? (Jn. 21:15-17) Y
Simón Pedro le contesta: "Señor, tu lo sabes todo, tu
sabes que te amo." (Jn. 21:17) Jesús quiere que Simón
Pedro repare, con estas tres profesiones de amor, su negación
triple en el momento de la Pasión de su Maestro.
Recordemos lo que
Simón Pedro dijo. Después de haberlo negado dos veces de
conocer a "Jesús de Nazareth" (Mc. 14:67), Simón Pedro
declara, por tercera vez: " Yo no conozco a este hombre de quien me
hablas." (Mc. 14:71) Pero, esta desconociendo a Jesús, esta
negación, es una carencia flagrante de amor hacia Jesús.
Esto es porque Simón Pedro, después de la
resurrección de Jesús, es cuestionado acerca de su amor
por el Maestro.
Ahora nosotros nos unimos a
los discípulos, los peregrinos de Emaus, en su caminata. Negaron
ellos o reconocieron a Jesús, quien caminaba con ellos? El
evangelista San Lucas, nos da la respuesta: ellos "lo reconocieron en
la partición del pan!" (Lc. 24:35) Esto significa que, para
reconocer a Jesús, para amarlo con un amor de conocimiento, un
amor intimo y profundo, Jesús debe darnos fortaleza y poder para
hacerlo, la cual viene de la partición del Pan, la
Eucaristía!
No era el fuego del amor
divino que Jesús derramo en los corazones, en el ardor de lo
intelectual, en breve, en las almas de los discípulos quienes
viajaron, tarde, hacia Emaus? "En ese momento se les abrieron los ojos
y lo reconocieron, pero el desapareció. Entonces se dijeron el
uno al otro: No sentíamos arder nuestro corazón cuando
nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (Lc. 24:31-32)
Eternamente, Dios habla a
si mismo su Palabra de Amor, quien es Dios, como El. Eternamente, el
Padre genera su Palabra de Amor en el Espíritu Santo. Palabra de
Amor! Palabra y Amor: dos nociones las cuales, en Dios, se unen en una
sola: Vida! Poco antes de su muerte, Jesús oro a su Padre de la
siguiente manera: "Padre... esta es la vida eterna, conocerte a ti,
único Dios verdadero, y al que tu has enviado, Jesús, el
Cristo." (Jn. 17:3) Yo menciono con frecuencia estas palabras de
Jesús a su Padre, porque ellas indican bien que la vida eterna a
la cual somos llamados, por la gracia de Dios, es una vida de
conocimiento, pero un conocimiento de amor, de amor al Padre primero,
pero además de amor al Hijo, y así finalmente, amor al
Espíritu Santo!
Pero, como podemos nosotros
participar mejor en la Vida de Dios, si no en, y a través de la
Eucaristía? A donde el Poder de Dios se manifiesta mas a si
mismo, casi exclusivamente, si no en el sacramento del Cuerpo y Sangre
de Cristo? Este divino Poder, esta Vida de Amor infinito nos atrae
tanto a el, a través de la gracia y la misericordia de Dios, que
aun no, el conocimiento de todos los peligros envueltos puede impedir
al hombre o mujer de darse el mismo o ella misma enteramente a Dios,
quien es tan todopoderoso, tan amoroso en la Eucaristía!
Que la Santísima
Virgen Maria, a quien este episodio de los discípulos de
Emaús fue ciertamente contado, y quien debe de haber meditado
muchas veces sopra el en su Corazón, interceda por nosotros,
para que nuestra fe sea sin caídas, gracias a la oración
de Jesús (cf. Lc. 22:32) y a la Fortaleza del Espíritu
Santo viniendo de lo Alto!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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