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Homilía para el
segundo Domingo del Año - Año A - Jn. 1:29-34
por
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Juan vio Jesús
venir hacia Él y dijo: «He aquí el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije:
Después de mí viene un varón, el cual es antes de
mí, porque era primero que yo. Yo no le conocía, mas para
que fuese manifestado a Israel por esto vine yo bautizando con agua, es
por quien él fue manifestado a Israel.» Juan había
hecho esta declaración: «Yo vi el Espíritu que
descendía del Cielo como paloma, y permaneció sobre
él.» - «Yo no le conocía, pero el que me
envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas
descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el
que bautiza en el Espíritu Santo. Yo le he visto, y he dado
testimonio de que Él es el Hijo de Dios.» "
Homilía:
" Juan vio Jesús
venir hacia Él y dijo: «He aquí el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.» "
Nosotros celebraremos en
pocos días la Semana de Oraciones por la Unidad de los
Cristianos. Esta celebración dominical será entonces
centrada sobre este aspecto esencial de la Iglesia: su unidad. Pues no
hay sino una sola Iglesia y única, la Iglesia de Cristo, como
nosotros que lo profesamos cada domingo durante el Credo: "Yo creo en
la Iglesia, (que es) una..." Si nosotros miramos las cosas de una
manera completamente espiritual, y es lo que conviene, cuando hablamos
de religión, es suficiente de decir y creer que todos los
Cristianos, sean los que fueren, están unidos entre ellos: El
Esprítu Santo, que reposa sobre Cristo, realiza entre ellos su
Unidad, por la Gloria del Padre!
Mas, en la luz del
Espíritu de Cristo, San Pablo habló de la Iglesia como
"Cuerpo de Cristo" (cf. 1 Cor. 12:27). Esta noción de Cuerpo es
realmente misteriosa, hasta el punto de que hablamos generalmente de
"Cuerpo místico de Cristo". El Misterio reside en el hecho de
que se trata de una realidad que es a la vez del orden sobrenatural y
del orden natural. El Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, es
la unión de todos los hombres y de todas las mujeres que creen
en Cristo, que esperan en Él, y que Le aman por sobre todo.
Entonces, esta unión sobrenatural de los creyentes reposa
enteramente sobre un hecho: la Resurrección de Cristo; e
igualmente, esta unión debe finalizar sobre otro hecho: la
Resurrección de cada uno de los miembros del Cuerpo de Cristo.
A la luz de la
Resurrección, la unión de los Cristianos, bien que
espiritual, recibe una coloración complementaria: la que emana
de la Resurrección corporal del Señor y de los elegidos
de Dios. La unión de los Cristianos, para ser real, debe
entonces ser tanto espiritual e invisible, que corporal y visible. Es
esta dimensión corporal que el Espíritu Santo quiso
manifestar cuando él inspiró a San Juan Bautista, que
declara: "He aqui el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo."
(Jn. 1:29) El Señor Jesús es tomado por Juan Bautista
como un cordero, es decir: un ser no espiritual, todo corporal. Cierto,
hay aquí una reminiscencia del Profeta Isaías (Is. 53:7),
mas el Libro del Apocalipsis consagrará definitivamente el signo
del Cordero (cf., entre otras, Ap. 21:22).
Pero la liturgia
eucarística ha solemnemente consagrado las palabras de Juan
Bautista que anunciaban al Mesías al pueblo de Israel: "Dichosos
los invitados a la mesa del Señor! Este es el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo." Estas son las palabras que el Sacerdote
pronuncia antes de la Comunión. La primera frase: "Dichosos los
invitados a la mesa del Señor," viene del Libro del Apocalipsis
(19:9); la segunda esta sacada del Evangelio de este Domingo. Es decir
toda la importancia de esto: El Cordero de Dios! Ella revela al
Señor en su Cuerpo, ella anuncia a todos los fieles la presencia
del Cuerpo de Cristo: la Eucaristía! Mas este anuncio es
preparado por un cántico muy antiguo, que tiene lugar durante la
fracción del pan: "Cordero de Dios, que quitas el pecado del
mundo..." "Agnus Dei, qui tollis peccata mundi..."
" Este es aquel de quien yo
dije: Después de mí viene un varón, el cual es
antes de mí, porque era primero que yo. Yo no le conocía,
mas para que fuese manifestado a Israel por esto vine yo bautizando con
agua, es por quien él fue manifestado a Israel.» ...
«Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar
con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu
y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el
Espíritu Santo. Yo le he visto, y he dado testimonio de que
Él es el Hijo de Dios.» "
Juan Bautista rindió
testimonio a Jesús: Él manifestó su fe al Hijo de
Dios hecho hombre! La Iglesia después le rinde también
testimonio al Salvador de los hombres: ella manifiesta su fe en la
presencia real del Hijo de Dios en la Eucaristía! "Este es el
Cordero de Dios," dijo Juan Bautista mostrando a este hombre que se
llama Jesús. "Este es el Cordero de Dios," dice la Iglesia
mostrando el pan y el vino consagrados en Cuerpo y Sangre de Cristo.
Creer y testimoniar: Esto es lo que Dios espera de nosotros,
Cristianos! Mas que más bello testimonio podemos nosotros
ofrecer a Dios, sino el de nuestra unidad, la de todos? Acaso
Jesús no ha dicho a su Padre, la víspera de su muerte:
"Padre, que ellos también sean uno en nosotros, a fin de que el
mundo crea que eres Tú el que me ha enviado" (Jn. 17:21)?
Esta oración de
Jesús es aún actual, nosotros podemos hacerla nuestra
aún en nuestros días! Tratemos de unirnos al Señor
Jesús y a su Espíritu, a fin de que, todos, nosotros
formemos un solo Cuerpo: el Cuerpo de Cristo! Seamos todos y cada uno
otros Juan Bautista! Testimoniemos de nuestra Fe, de nuestra Esperanza,
de nuestra Caridad! Creamos firmemente en
Jesús-Eucaristía! Pidamos a María, la Madre de
Jesús, que para siempre, hagamos un solo Cuerpo junto con su
Hijo, pidámosle a María que haga de nosotros verdaderos
testigos de Cristo y de su Iglesia, para el bienestar del mundo y su
Resurrección eterna!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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