Homilía para el vigésimo séptimo Domingo del Año - Año A - Mt. 21:33-43
 
 
por
 
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Díceles Jesús esta parábola: «Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dió á renta á labradores, y se partió lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos á los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando á los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; é hicieron con ellos de la misma manera. Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo. Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y tomemos su heredad. Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores?» Dícenle: «á los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos.»
 
" Díceles Jesús: «¿Nunca leísteis en las Escrituras: "La piedra que desecharon los que edificaban, Esta fué hecha por cabeza de esquina: Por el Señor es hecho esto, Y es cosa maravillosa en nuestros ojos" (Ps. 117:22-23)? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de él.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Díceles Jesús esta parábola: «Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dió á renta á labradores, y se partió lejos.» "
 
Como la parábola de la semana pasada, la de ahora trata de la Nueva Israel de Dios, que es la Iglesia. Esta parábola fue dicha por Jesús cerca del Jueves Santo, o cerca de dos dias antes de la institución de la Santa Eucaristía, el sacramento del Nuevo Convenio, en la Sangre de Cristo! Así, no es sin causa que Jesús habla del viñedo, el viñedo de su Padre, el que produce el vino que Jesús pronto beberia, con su Padre, quien esta en el Cielo! "Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre." (Mt. 26:29; cf. Lk. 22:18)
 
El dueño del viñedo, en la parábola, grandemente desea ir en posesion de los frutos de su viña. El envía a varios sirvientes, y finalmente a su propio hijo. Nadie tiene exito en llevarle al dueño los frutos famosos de su viña: el vino. Porque se trata efectivamente de vino: todo indica que es así, y en particular el lagar. Pero este vino tiene un peculiar olor, uno que es algo desagradable: el vino huele a sangre! Porque, para tener una sola gota de esto, el dueño debió sacrificar la vida de su propio hijo! Así, esto es a través de la sangre de su hijo, y ciertamente no sin esta sangre, que el dueño, el padre de este hijo amado, podrá un dia, por primera vez, saborear el fruto de su viñedo!
 
" «Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores?» Dícenle: «á los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos.» "
 
De acuerdo a la respuesta de los interlocutores de Jesús, el dueño del viñedo enviará, despues de su hijo, a otros arrendatarios, quienes finalmente le traerían, por primera vez, los frutos de su viñedo: un vino esperado desde hace mucho tiempo... Pero, para el dueño, este vino no podía faltarle tener un gusto amargo, debido al olor de la sangre de su hijo, que estaría siempre presente en sus ventanas de la nariz. ¿Así, que hará el dueño del viñedo? ¿Podría el decidirse a no beber el vino que se ha costado mucho a el? No, por supuesto que no. El dueño recordará a su hijo, y, en vez de ver la cara de los nuevos arrendatarios, el verá en ellos la cara de su hijo! Verdaderamente, estos nuevos arrendatarios, aquellos del Nuevo Testamento en la Sangre del Hijo de Dios, tendrán un nuevo rostro, y además un nuevo nombre, gracias al vino que ellos traen, gracias al Espíritu Santo quien embriaga sus corazones y los transforma en fieles sirvientes del Padre Eterno!
 
" Díceles Jesús: «¿Nunca leísteis en las Escrituras: "La piedra que desecharon los que edificaban, Esta fué hecha por cabeza de esquina: Por el Señor es hecho esto, Y es cosa maravillosa en nuestros ojos" (Ps. 117:22-23)? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de él.» "
 
Agradezcámosle al Señor por habernos llamado a su servicio! Jesús es la piedra angular del edificio, la Iglesia. Con Simon Pedro, nosotros somos piedras vivas (cf. 1 P. 2:5) en este edificio: nosotros somos similares a Cristo Jesús, para la Gloria del Padre, en el Espíritu Santo!
 
Como Maria y con ella, sirvamosle al Señor en el gozo de ser, por siempre, el Nuevo Israel de Dios!