|
Homilía para el
Domingo de Pascua 2005 - Año A - Jn. 20:1-9
por
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
" El primer día
después del sábado, María Magdalena fue al
sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que
la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido
removida. Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro
discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han
llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han
puesto.» Pedro y el otro discípulo salieron para el
sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo
corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.
Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró.
Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el
sepulcro y ve los lienzos en el suelo, y el sudario que cubrió
su cabeza, no junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que
había llegado primero, vio y creyó. Pues no habían
entendido todavía que según la Escritura Jesús
debía resucitar de entre los muertos. "
Homilía:
" El primer día
después del sábado, María Magdalena fue al
sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro. "
Entre los Judíos, el
día de descanso, el día que conmemora el descanso del
Señor después de la Creación, es el Sabát,
es decir, nuestro Sábado. Pero desde la Resurrección del
Señor, la cual celebramos hoy, el día de descanso de
todos los Cristianos es el Domingo, el día después del
Sábado ó "el primer día después del
sábado". Así, el domingo conmemora el descanso del
Señor: no más el descanso que siguió a la
Creación, sino el descanso del Señor después de la
Nueva Creación, la Creación que ha sido renovada y
totalmente restaurada en Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.
En este Domingo de la
Resurrección, que es el Domingo por excelencia, el cual
impondrá su impresión y su carácter sobre todos
los domingos del año, nosotros conmemoramos el descanso del
Señor, no solamente el de su alma, sino además, y mucho
más, el de su cuerpo. En este domingo, nosotros particularmente
honramos el cuerpo del Señor, este cuerpo que soportó
tantos tormentos durante la Pasión y que es ahora glorioso,
resplandeciente de Gloria!
" María Magdalena
fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y
vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido
removida. Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro
discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han
llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han
puesto.» "
Fue una mujer, María
Magdalena, quien fue la primera en anunciar la Resurrección del
Señor a los Apóstoles. Este hecho siempre ha sido
resaltado por comentaristas en el Evangelio de la Resurrección.
Por otro lado, este hecho está en relación con este otro:
María, la Madre de Jesús, es la que nos precede en la
peregrinación de la fe, siendo la primera y el modelo de todos
aquellos que creen en Cristo el Mediador y Redentor. Así como
María es la mediatriz o la intermediaria entre Cristo y la
Iglesia, María Magdalena fue la intermediaria o mensajera quien
anunció a los Apóstoles que algo misterioso había
pasado en la tumba: ¡el cuerpo del Señor había
desaparecido!
" Pedro y el otro
discípulo salieron para el sepulcro. "
Pedro y Juan llegan al
sepulcro. Ellos no creen todavía en la Resurrección del
Señor, pero ellos creen ya en lo que María Magdalena les
había dicho: ellos ya tienen una simple humana y natural fe, una
fe que los llevará gradualmente a la fe divina y sobrenatural,
del hecho extraordinario que es la Resurrección del
Señor. Pero Pedro, aunque él llega a la tumba
después de Juan, sin embargo es el primero en entrar. San Juan
reconoce la supremacía de Pedro; él sabe que el
Señor le instituyó la fundación de la Iglesia
entera, él en quien todo reposa, él a quien Cristo
confío todo. Pedro es a quién la Iglesia sigue, él
quien guía y lleva a otros.
" Corrían los dos
juntos, pero el otro discípulo corrió más que
Pedro y llegó primero al sepulcro. Como se inclinara, vio los
lienzos tumbados, pero no entró. Llega también
Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve los
lienzos en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto
a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte. "
¿Qué hace
Pedro? El ve; él ve todo lo que hay en el sepulcro. Lo que es
importante para Pedro, es observar, porque es esto lo que lo
llevará a la fe, en la Resurrección de Cristo. El ve que
los lienzos están allí, que ninguno de ellos está
perdido, pero sobre todo, él ve que todo está en orden,
en perfecto orden, en un orden que refleja la acción de Dios en
este sorpresivo y absolutamente inaudito acto: la Resurrección
de un hombre por su propio poder, la Resurrección del
Hombre-Dios.
De hecho, Dios está
en perfecta armonía y perfecto orden dentro de él: no hay
la menor imperfección en Dios. Y Dios ha colocado este orden en
el universo que él creó en su Amor. El orden de Dios
está presente en toda la Creación. Por consiguiente, está aun más
perfectamente presente en esta nueva Creación inaugurada por la
Resurrección de Cristo. Pedro vió este orden:
¡él comprendió y creyó! Es más, San
Juan concluye su discurso con las siguientes palabras, que se refieren
a los dos discípulos, "No habían entendido todavía
que según la Escritura Jesús debía resucitar de
entre los muertos," lo cual significa que ahora ellos han entendido lo
que la Santa Escritura había anunciado.
Que la Santísima
Virgen María, quien nunca dejó de creer que su Hijo
resucitaría de entre los muertos, ¡nos ayude en este
día! Que ésta celebración eucarística
dominical, así como las otras celebraciones a lo largo del
año, sea de verdad un momento privilegiado en toda nuestra vida,
el momento cuando nosotros amemos descansar en Dios, ¡a
través de la oración y el recibimiento de este grandioso
sacramento!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
|
||