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Homilía para el
décimoseptimo Domingo del Año - Año A - Mt.
13:44-52
por
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Jesús
decía: «Además, el reino de los cielos es semejante
al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre,
y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante,
que busca buenas perlas; Que hallando una preciosa perla, fué y
vendió todo lo que tenía, y la compró. Asimismo el
reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar,
coge de todas suertes de peces: La cual estando llena, la sacaron
á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo
echaron fuera. Así será al fin del siglo: saldrán
los ángeles, y apartarán á los malos de entre los
justos, Y los echarán en el horno del fuego: allí
será el lloro y el crujir de dientes. Díceles
Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos
responden: Sí, Señor. Y él les dijo: Por eso todo
escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre
de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.» "
Homilía:
" Jesús
decía: «Además, el reino de los cielos es semejante
al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre,
y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel
campo.» "
¡Hoy Jesús nos
habla de nuevo del Reino de Dios! ¿Qué podría ser
mas natural para el Hijo del Dios? ¿Por otra parte, no tenemos
nosotros un solo deseo en nuestro corazón: para ir al Cielo,
nuestro Hogar, para compartir ahí en la Vida de Dios, en
compañía de Jesús y Maria?
Se puede preguntarse sobre
la honestidad de este hombre quien descubre un tesoro en un campo,
escondiendolo otra vez, y luego compra el campo, sin decirle a nadie
que el campo tiene tal tesoro...
Este tesoro no es otro que
el Reino de Dios mismo, o mejor dicho, la gracia de Dios que guia hacia
el Reino. Así como Dios es el único autor de la gracia,
es claro que el dueño del campo es Dios, y que así el
conoce muy bien este campo tiene tal tesoro. Así en el marco de
esta parabola, el quien compra un campo lo hace honestamente.
Observemos sobretodo que la
gracia de Dios, la cual es este tesoro, y la cual es, por definicion,
gratuita, debe sin embargo ser pagada, indirectamente, verdaderamente.
Nosotros debemos, en cierto sentido, pagarle a Dios por el regalo de su
gracia! ¿Como? Simplemente, dandonos nosotros mismos, y
principalmente, dando nuestra libertad...
¿Que mas podriamos
dar a Dios que nuestra libertad? No hay nada mas personal, mas intimo.
Y dando a Dios nuestra libertad, nosotros pagamos el precio total: el
que compre el campo merece entonces recibir, en adicion, todos los
tesoros de la tierra!
Hoy, el caso, que nosotros
estudiamos, ocurre muy raramente. Generalmente hablando, los
dueños siempre tratan de ganar el dinero mayor posible vendendo
sus bienes a un precio sobre el verdadero valor. Así, el
comprador es a menudo un perdedor. Pero algunas veces nosotros
encontramos un buen trato: el honestidad de la transacción
dependerá entonces de todas las circunstancias que la rodean.
Nosotros siempre debemos
preguntarnos, si cuando la justicia se satisface, la caridad
también se satisface. Por ejemplo, si yo compro un campo de un
padre de familia que se obligue a vender su propiedad para pagar sus
deudas, yo estaria obligado, por lo menos por caridad, compartir con el
las frutas de mi descubrimiento de un tesoro...
" «También el
reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas
perlas; Que hallando una preciosa perla, fué y vendió
todo lo que tenía, y la compró.» "
Esta segunda parabola es
muy similar a la primera: nosotros debemos de hacer todo, y sobre todo,
nosotros debemos de darle todo a Dios para que merezcamos la posesion
del Reino de Dios! Esta segunda parábola incluya la misma idea
de la primera: el Reino de Dios debe algunas veces estar escondido y
enterrado bajo la tierra, porque una perla de gran valor no debe ser
revelada indiscriminadamente a todos: "No deis lo santo á los
perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque
no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen." (Mt. 7:6)
" «Asimismo el reino
de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge
de todas suertes de peces: La cual estando llena, la sacaron á
la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron
fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los
ángeles, y apartarán á los malos de entre los
justos, Y los echarán en el horno del fuego: allí
será el lloro y el crujir de dientes.» "
Si nosotros hemos dado todo
a Dios, por lo menos en espiritu, entonces no debemos de tener miedo de
ser rechazados, como el pescado malo, o ser condenados al fuego del
infierno. Dios es fiel: si nosotros hemos respondido a su Amor,
notablemente en la Santa Eucaristía, entonces nosotros estamos
ya resucitados con Cristo, habiendo participado, y todavía
participando, en su Pasión hasta nuestro ultimo aliento!
Pidamosle a la santisima
Virgen Maria que nos enseñe hacer una buena y santa
comunión, para fortalecernos en la lucha contra el pecado, y
separarnos del mundo que pasa!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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