Homilía para el doceavo Domingo del Año - Año A - Mt. 10:26-33
 
 
por
 
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Jesús les dijo a sus Apostoles: «Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído predicadlo desde los terrados.
 
" «Y no temáis á los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis: más valéis vosotros que muchos pajarillos.
 
" «Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Jesús les dijo a sus Apostoles: «Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído predicadlo desde los terrados.» "
 
Que es "ser Cristiano?" Que significa esto? Es muy simple: Ser Cristiano - hoy y ayer, en el tiempo de Cristo así como en el siglo veintiuno - es estar al servicio de la Palabra de Dios, es repetir al mundo entero, todo lo que la Palabra de Dios nos ha dicho. Porque lo que la Palabra de Dios nos dice es absolutamente necesario para nuestra salvación eterna! El mundo entero debe de escuchar, a través de nosotros las palabras de Jesús, las cuales son palabras de salvación, las únicas palabras que salvan al hombre!
 
Esta verdad es siempre verdadera: nadie se salva solamente, nadie es condenado solamente. Si deseamos ir al Cielo y evitar el infierno, entonces hay una unica solución: evangelizar a todos los que están allí, alrededor de nosotros, en nuestro camino! Proclamando la Buena Nueva de Salvación en Jesucristo, con todos sus requisitos, tales como la practica de las virtudes, la oración diaria, la recepción frecuente del sacramento de la Confesión y de la Eucaristía: esta es la tarea de cada Cristiano, este es el trabajo que debe ser alcanzado por todo aquel que desée entrar al Reino de Dios!
 
Para ser salvo, no basta con ser bautizado. Con la ayuda de la gracia del Señor, nosotros debemos de creer en el poder, la fortaleza y la energía que está dentro del Bautismo que nosotros hemos recibido: "Aquel quien cree y es bautizado será salvo." (Mc. 16:16) Por medio de esta Fe, fuerte y potente en el Espíritu Santo, seremos otros Cristos, capaces de anunciar la palabra de Dios al mundo entero! Si nosotros creemos verdaderamente en Dios, entonces seremos capaces de decir en la luz del día todo lo que Dios nos ha dicho en la oscuridad de nuestros corazones: "Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz."
 
" «Y no temáis á los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis: más valéis vosotros que muchos pajarillos.» "
 
Cuando la esperanza se une a la fe, cuando el espíritu del hombre no desea otra cosa que la visión de Dios, por siempre y siempre, incluso si la visión debe de comenzar, aquí en la tierra, por la fe, entonces de esta fe y de esta esperanza nace la confianza, una confianza que es tierna y fiel, que conduce el alma al abandono de si mismo a la Providencia Divina, la Mirada de Dios sobre el mundo, una mirada llena de caritativa previsión, infinitamente atenta a todas las necesidades de los hombres y mujeres del mundo entero ... "Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis."
 
Sin embargo, esta confianza en la Providencia de Dios, deber ser templada por la prudencia. Nosotros conocemos bien ese refrán: Dios ayuda a quienes se ayudan. Nosotros debemos hacer primero todo lo que es humanamente posible, y entonces confiar el resto en la Providencia de Dios. Si nosotros mismos no hacemos nada, entonces Dios no hará nada o casi nada por nosotros. El Cristiano debe por lo tanto protegerse del las trampas del Enemigo, Satanás, "aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno." Nadie debe de poner su confianza ciegamente en cualquier persona. Prudencia! Prudencia! Siempre prudencia!
 
Pero, sobre todo, no nos olvidemos de tener confianza en nosotros mismos! Con prudencia, ciertamente: ni demasiada confianza en nosotros mismos, ni muy poca... Recordemos lo que San Pablo dijo: "¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos á la verdad corren, mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis." (1 Cor. 9:24) Así, el gran Apóstol de las Naciones compara la batalla espiritual de la Salvación con la lucha de los hombres en el estadio. La razón de esto es, entre otras cosas, es invitarnos a tener siempre confianza en nosotros mismos, la virtud humana que todos los atletas deben de practicar si no desean ser derrotados...
 
" «Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.» "
 
Este es el premio de la lucha por la Salvación: "Le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos." Si, durante nuestra vida en la tierra, nosotros servimos al Señor proclamando su Palabra al mundo entero, entonces, en el Cielo, Jesús se vuelve nuestro mediador y abogado ante el Padre! Entonces, ya no seremos mas sus siervos, seremos sus amigos: "Ustedes son mis amigos si hacen lo que les digo." (Jn. 15:14) Que honor! Que gloria para el que lucha la buena pelea: "Lucha el buen combate de la Fe." (1 Tim. 6:12)
 
Miremos hacia María! Ella siempre ha tenido una Fe pura, intacta, perfecta, inquebrantable, en la Palabra del Señor! Su vida entera en la tierra fue un modelo de apostolado, un apostolado que fue siempre silencioso, un apostolado de una presencia única en el mundo en el cual ella vivió! Fue suficiente para María estar ahí, presente, para que su misión fuera lograda, así como lo testificó su prima Elizabeth, con las siguientes palabras: "Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí? (...) Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor" (Lc. 1:43-45)!