Homilía para el décimo Domingo del Año - Año A - Mt. 9:9-13
 
 
por
 
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Y pasando Jesús de allí, vió á un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: «Sígueme.» Y se levantó, y le siguió.
 
" Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesús y sus discípulos. Y viendo esto los Fariseos, dijeron á sus discípulos: «¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?» Y oyéndolo Jesús, le dijo: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Andad pues, y aprended qué cosa es: "Misericordia quiero, y no sacrificio" (Óseas 6:6); porque no he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Y pasando Jesús de allí, vió á un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: «Sígueme.» Y se levantó, y le siguió. "
 
Después de una larga interrupción, la cual era necesaria por la celebración de Cuaresma y Pascua, estamos de nuevo en el tiempo litúrgico ordinario del Año. Nosotros encontramos en Galilea, probablemente en Cafarnaún. Jesús acaba de sanar un paralítico y de perdonar a el sus pecados (cf. Mt. 9:2-7). El Salvador de los hombres comienza su predicación evangélica: a través de sus milagros, el quiere que el Espíritu Santo quien descansa sobre el para iluminar la mente de todos los hombres, guiándolos a la Fe en El, aquel a quien el Padre envió!
 
Si Jesús es el enviado del Padre, el es además, sobre todo, el que vino a la tierra, sobre el orden del Padre. Porque Jesús siempre hace la Voluntad de su Padre: El es uno Dios con el Padre, en el Espíritu Santo. Así, cuando Jesús es enviado por el Padre, el viene a nosotros por su propia Voluntad, la cual se une a la del Padre. En el momento de la Encarnación de la Palabra, el Hijo de Dios vino a la tierra para darnos su propia Vida divina, al precio de su Sacrificio redentor de la Cruz. Mucho mas que solo el enviado del Padre, Jesús es El quien viene, El es el Dios Salvador: "No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento."
 
" Y dícele: «Sígueme.» Y se levantó, y le siguió. "
 
¿Que es necesario para que un hombre o una mujer siga, si no un extranjero, o al menos alguien a quien no se le sospeche de tener poderes escondidos? Porque Jesús ha comenzado apenas a hacer a conocer su omnipotencia. La respuesta es simple: Lo que es necesario es la confianza! Mateo confía en Jesús, quien lo llama para seguirlo. Pero es una confianza sobrenatural, una confianza que no solo implica una fe humana, sino además, sobretodo, una fe divina, sobrenatural.
 
Que hermosa es la fe del hombre! ¿Cuantas veces al día no practicamos esta virtud, la cual es ambas, humana y sobrenatural? Cuando yo compro pan en la panadería, yo no analizo primero el pan con la ayuda de productos químicos y otros medios para detectar y encontrar si el pan esta envenenado. No, yo no hago esto, ni usted tampoco, porque nosotros confiamos en el panadero, aun si nosotros solo estamos pasando por tales o tal ciudad. Así, que hermosa es la fe del hombre! Que hermosa es la fe de Mateo, quien deja todo para seguirlo a El, quien es rico en misericordia!
 
" Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesús y sus discípulos. Y viendo esto los Fariseos, dijeron á sus discípulos: «¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?» Y oyéndolo Jesús, le dijo: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Andad pues, y aprended qué cosa es: "Misericordia quiero, y no sacrificio" (Óseas 6:6); porque no he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.» "
 
Jesús, acompañado por Mateo, regresa a casa, la cual era probablemente la de uno de los ciudadanos del pueblo quien le acogió a El a su hogar. Esta casa debia de ser suficientemente grande para recibir huéspedes como Jesús, sus discípulos, un cierto numero de publicanos, esto es decir, colectores de impuestos como Mateo, y algunos fariseos del vecindario. Nosotros podemos inmaginar la recepción: una hermosa fiesta, una buena comida, para celebrar la venida de un nuevo discípulo, Mateo! Si el padre del hijo prodigo ha matado un grasoso becerro para celebrar el regreso de su hijo, ¿Como no habría el Padre de Jesús proporcionado a todo lo necesario por el regreso de Mateo?
 
Por supuesto, hay burlones... Los fariseos están ahí para criticar a Jesús, así como el hijo fiel se quejó a su padre que acogió calurosamente a su hermano, el hijo prodigo... Celos... Que enfermedad! Es casi tan vieja como el mundo: este fue el origen del primer homicidio, cuando Caín asesino a su hermano Abel...
 
El hombre esta enfermo, enfermo de celos... "Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos." Que la Santísima Virgen Maria nos ayude con su oración materna, para que Jesús, nuestro medico, pueda sanarnos para la eternidad!