Homilía para la fiesta de la Natividad - Misa de la Noche - Lc. 2:1-14


por el

Canónigo Daniel Meynen
 
 

"En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.


"Mientras estaban en Belén le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.


"Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo, pero el ángel les dijo: « No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. » Y de repente se juntó al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: « ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor! » "




Homilía:


"En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta."


En esta noche de Navidad, trasladémonos espiritualmente a esta ciudad de Belén, el pueblo de David, donde el Salvador del mundo nació hace aproximadamente dos mil años. Vayamos con espíritu de obediencia, sigamos a José, que llevó consigo a María hacia Belén, para hacerse censar como un ciudadano más. Despojémonos de nuestros juicios propios, de toda consideración humana, pues aquí todo es divino, todo es Misterio insondable e impenetrable para el que no se hace pequeño como Aquel que va a nacer en un portal. ¡Sigamos al Espíritu de Dios, mirémosle actuando en esta maravillosa aventura del nacimiento del Hijo de Dios!


"Mientras estaban en Belén le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada."


¡Es tan claro, y al mismo tiempo tan incomprensible...! ¡Está claro que no hay sitio para Dios entre los hombres! ¡Está claro, los hombres no quieren a Dios! ¡Pronto Jesús será crucificado, con una cruz que comenzó en Belén! Pero es incomprensible, pues Dios se merece que se le acoja como el Señor del Universo, y no como un mendigo al que se le envía a un establo. Es cierto que los contemporáneos de Jesús no sabían que el Hijo de María era Dios. Pero, ¿no se debe amar al prójimo como a uno mismo? El amor del prójimo, ¿no es la medida de nuestro amor por Dios? José acude a la ciudad de su familia y, ¿nadie le acoge? Sí, ¡es incomprensible!


"Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo, pero el ángel les dijo: « No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. » "


¡He aquí la acción del Espíritu de Dios! Es esplendorosa y sorprendente, dispone de todos los medios para remediar totalmente todas las carencias de los hombres. Dios ha creado el mundo admirablemente, pero en la Resurrección de Cristo, esta misma creación recibe un esplendor más bello todavía que en su origen. Los hombres no reciben a Jesús en sus casas, por lo que Dios va a preparar a su Hijo una morada más espléndida que las de los hombres: los corazones de los pobres pastores, y sobre todo, los de María y José!


La buena noticia está destinada a los corazones de los pobres, a los que no se atan a los bienes de este mundo, sino que permanecen a la escucha del Espíritu de Dios que les habla por medio de los ángeles, los fieles servidores del Espíritu Santo. Los pastores reciben un signo, pues el Espíritu de Dios habla por signos: los pastores son llamados a contemplar este signo del recién nacido, acostado en un pesebre, son llamados a comprender lo que Dios quiere decirles interiormente por todas las cosas que van a vivir como testigos privilegiados. ¡He aquí el misterio de Navidad! ¡Él está por entero en nuestro corazón, pues en él quiere Dios hacer su morada! ¡He aquí el Misterio de Navidad: acoger a Dios en nuestro corazón, por medio de María!