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Homilía para la
fiesta de la Ascensión del Señor - Año C - Lc.
24:46-53
por el
Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Y díjoles a los
discípulos: «Así está escrito, y así
fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los
muertos al tercer día; Y que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones,
comenzando de Jerusalem. Y vosotros sois testigos de estas cosas. Y he
aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros:
mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalén, hasta que
seáis investidos de potencia de lo alto.»
" Y sacólos fuera
hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció
que bendiciéndolos, se fué de ellos; y era llevado arriba
al cielo. Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a
Jerusalén con gran gozo; Y estaban siempre en el templo,
alabando y bendiciendo a Dios. "
Homilía:
" Y díjoles a los
discípulos: «Así está escrito, y así
fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los
muertos al tercer día; Y que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones,
comenzando de Jerusalem. Y vosotros sois testigos de estas cosas. Y he
aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros:
mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis
investidos de potencia de lo alto.» "
Como en aquel año,
cuarenta días después de Pascua, celebramos la fiesta de
la Ascensión del Señor al Cielo. Hoy, ¿La fiesta
del Señor tiene acaso para nosotros un significado particular,
diferente de aquel que tuvo en años anteriores? Es fácil
responder, en primer lugar, que la Ascensión de Cristo en el
2007 nos recuerda ante todo que el Señor Jesús
volverá a la tierra al fin de los tiempos, de una manera muy
semejante en la que ascendió al Cielo. Los Ángeles le
dijeron claramente a los Apóstoles que miraban hacia el Cielo,
al haber ascendido Jesús: "Este mismo Jesús que ha sido
tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como
le habéis visto ir al cielo." (Hechos 1:11)
Pero, acercándonos
más a la pregunta, descubrimos una dimensión más
profunda de esta fiesta de la Ascensión del 2007. Si asociamos
el Cuerpo de Jesús con su Cuerpo místico, que es la
Iglesia, el hecho que Jesús desaparece de la vista de los
Apóstoles ascendiendo al Cielo significa que, con Jesús,
es el Cuerpo de la Iglesia que se vuelve, en cierto modo, invisible y
ocultado de nuestros ojos. ¿Acaso no vemos que, por aquí
o por allí, ciertas comunidades cristianas disminuyen en
efectivo, o desaparecen por completo? O más bien, ¿acaso
vemos hoy día a naciones o países enteros profesar la fe
en Cristo y en la Iglesia?
El Señor parece
haberlo anunciado, diciendo: "Cuando el Hijo del hombre viniere,
¿hallará fe en la tierra?" (Lc. 18:8) No obstante, lejos
de ser pesimista y de ver todo negro, ¡quien vive realmente la
fiesta de la Ascensión del Señor al Cielo debe ser
colmado de esperanza y de audacia! Porque si Jesús
ascendió al Cielo, fue precisamente para enviar, junto al Padre,
al Espíritu Santo prometido: "Y he aquí, yo
enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros." A costa de la
partida de Jesús nos envían el Espíritu Santo,
porque es El y El solo quien vivifica el Cuerpo de la Iglesia,
haciéndolo crecer, ¡y resucitar!
" Y sacólos fuera
hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció
que bendiciéndolos, se fué de ellos; y era llevado arriba
al cielo. Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a
Jerusalem con gran gozo; Y estaban siempre en el templo, alabando y
bendiciendo a Dios. "
Para los discípulos
del Señor que estaban presente en aquel día, la
Ascensión de Jesús al Cielo se presenta a ellos como una
auténtica manifestación de la divinidad de Cristo: ellos
se prosternaron para adorarlo. ¡Es como si, desapareciendo de su
mirada, Jesús apareciera de una manera aun más sublime y
maravillosa! Eso sería una verdadera paradoja, sin no
hubiéramos ya señalado lo siguiente: el Cuerpo
físico de Jesús desaparece de nuestra vista para dar
lugar a que su Cuerpo místico aparezca en el gran día,
¡gracias al envío prometido del Espíritu Santo!
Aparte, ¿Por
qué se hubieran alegrados los discípulos del Señor
después de la partida de su Maestro, si no hubiesen comprendido
interiormente que, por la gracia de Dios, esa partida era ya un
regreso, y un regreso más magnífico aun? No olvidemos
que, a pesar de ser dos personas distintas de la Santísima
Trinidad, el Hijo hecho hombre Jesús, por una parte, y el
Espíritu Santo, por otra, comparten muchas similitudes en la
relación con los hombres. Jesús y el Espíritu
Santo son, de hecho, dos Paráclitos, o dos Consoladores, el
Cristo siendo el primero y, el Espíritu Santo, el segundo, u
"otro Consolador" (Jn. 14:16).
¡Cuando Jesús
parte, El ya ha vuelto! Los Ángeles lo insinuaron al hablar del
regreso del Señor al fin de los tiempos (cf. Hechos 1:11).
¿No es acaso esta maravilla que encantó el corazón
de la Virgen María, la Madre de Jesús, presente durante
la partida de su Hijo al Cielo? ¿Cómo aquél
corazón tan lleno de amor podría haber soportado tal
separación, que duró tantos años? María es
la Esposa del Espíritu Santo, y ese compañero
místico no dejó sola a la Madre de Jesús. Al
contrario, ¡es la alegría que compartió en aquel
día de la Ascensión de Jesús! ¡Que
compartamos también nosotros esa alegría aun hoy!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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