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Homilía para el
Domingo de Ramos - Año C - Lc. 19:28-40
por el
Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Y dicho esto, Jesús
iba delante subiendo a Jerusalén. Y aconteció, que
llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama
de las Olivas, envió dos de sus discípulos, Diciendo:
«Id a la aldea de enfrente; en la cual como entrareis,
hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha
sentado jamás; desatadlo, y traedlo. Y si alguien os preguntare,
¿por qué lo desatáis? le responderéis
así: Porque el Señor lo ha menester.» Y fueron los
que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. Y desatando
ellos el pollino, sus dueños les dijeron: «¿Por
qué desatáis el pollino?» Y ellos dijeron:
«Porque el Señor lo ha menester.» Y
trajéronlo a Jesús; y habiéndo echado sus vestidos
sobre el pollino, pusieron a Jesús encima. Y yendo él
tendían sus capas por el camino. Y como llegasen ya cerca de la
bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los
discípulos, gozándose, comenzaron a alabar a Dios a gran
voz por todas las maravillas que habían visto, Diciendo:
«Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en
el cielo, y gloria en lo altísimo!» Entonces algunos de
los Fariseos de la compañía, le dijeron: «Maestro,
reprende a tus discípulos.» Y él respondiendo, les
dijo: «Os digo que si éstos callaren, las piedras
clamarán!» "
Homilía:
" Y dicho esto, Jesús
iba delante subiendo a Jerusalén. Y aconteció, que
llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama
de las Olivas, envió dos de sus discípulos, Diciendo:
«Id a la aldea de enfrente; en la cual como entrareis,
hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha
sentado jamás; desatadlo, y traedlo. Y si alguien os preguntare,
¿por qué lo desatáis? le responderéis
así: Porque el Señor lo ha menester.» Y fueron los
que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. "
Estamos a ocho días
de la fiesta de Pascua: ¡ya recordamos con alegría la
Resurrección del Señor! Esto se puede decir de todos los
días que creó el Señor, porque no pasa un
día que no sea un anuncio de la Resurrección: con el
correr del tiempo se acerca la venida de Jesús resucitado, o
más bien, ¡nos acercamos nosotros a la segunda venida de
Cristo, al fin de los tiempos!
¿Por qué
hablar de la venida del Señor hoy en día? Simplemente,
porque la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén es el
signo de su regreso glorioso al fin de los tiempos, cuando el
Señor de todas las cosas entrará, con todo su Pueblo, a
la Jerusalén celeste, ¡la Ciudad de Gran Rey del Universo!
Por otra parte, ¿cuál otro motivo habría tenido
Jesús para entrar a Jerusalén pocos días antes de
ser condenado a muerte por la misma gente que lo proclamó Rey
por un día?
Al entrar triunfalmente a
Jerusalén, es Jesús quien quiere dar a todo su pueblo un
último signo, quizás el más grandioso, de su
carácter mesiánico. Jesús es el Mesías, el
enviado del Padre, el Gran Profeta de Dios que anuncia al Pueblo la
Redención prometida y que realiza en El esta profecía
única y sin igual. El Espíritu de Dios está sobre
Jesús: El lo ha probado con sus numerosos milagros. Lo quiere
probar aún hoy.
Jesús es el Gran
Profeta que viene a cumplir todas las antiguas profecías. En
Jesús, todo lo antiguo se renueva, como el cielo y la tierra que
serán renovados al fin de los tiempos. El profeta
Zacarías había anunciado que el Mesías, el Rey de
Jerusalén, vendría a su ciudad montado sobre la
cría de una burra. San Mateo cuenta al respecto: "Decid a la
hija de Sión: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y
sentado sobre una asna, Y sobre un pollino, hijo de animal de yugo."
(Mt. 21:5)
Pero Jesús no se
conforma con cumplir las antiguas profecías. El anuncia
profecías nuevas. La principal de ellas es el acto mismo que
presenta aquel día. La segunda es que predice a sus
discípulos todo lo que les acontecerá al ir a buscar el
asno que debe conducir al Maestro en las vías de la gloria y del
triunfo ante su gente: "Y fueron los que habían sido enviados, y
hallaron como les dijo."
" Y desatando ellos el
pollino, sus dueños les dijeron: «¿Por qué
desatáis el pollino?» Y ellos dijeron: «Porque el
Señor lo ha menester.» Y trajéronlo a Jesús;
y habiéndo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron a
Jesús encima. Y yendo él tendían sus capas por el
camino. "
No hay nadie que
rehusaría prestar su ayuda para que se cumpla el triunfo de
Jesús. Así, cuando los dos discípulos son enviados
para ir a buscar al burrito, el propietario se los deja llevar. Los
discípulos mismos, animados por el Espíritu de Dios,
echan sus capas al suelo, adornándolo para la venida del Gran
Rey. ¡En verdad, el mundo entero participa a esta entrada del
Mesías a Jerusalén!
¿Y nosotros?
¿Acaso no podríamos nosotros también aportar
nuestra contribución al triunfo de Jesús? No es algo
imposible. Nosotros, que vivimos hoy en día, podemos prestar
nuestra ayuda, no para facilitar la entrada de Jesús a
Jerusalén hace unos dos mil años, sino para su retorno
glorioso al fin de los tiempos. No se trata de hacer grandes cosas. Es
suficiente que creamos en Jesús, Señor del Universo,
nuestro Redentor y nuestro Juez que viene a recompensar los justos y a
castigar a los malos.
" Y como llegasen ya cerca
de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los
discípulos, gozándose, comenzaron a alabar a Dios a gran
voz por todas las maravillas que habían visto, Diciendo:
«Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en
el cielo, y gloria en lo altísimo!» "
¡La venida del
Señor a la ciudad de Jerusalén no es cosa triste! Es la
alegría de todos los corazones, porque el triunfo del Principal,
el primero entre sus hermanos, vuelve a surgir necesariamente en todos
aquellos que están unidos y que, en El, son también hijos
de Dios, no por naturaleza, sino por adopción. Como Cristo es
aclamado y alabado, la Iglesia toda se glorifica en El, porque la
Cabeza y el Cuerpo son inseparables en un solo y único Misterio:
¡aquél de la gracia de Dios difundida por el mundo entero
para la salud de todos los hombres!
"!Bendito el rey que viene
en el nombre del Señor!" Cada día, cada vez que
participamos a la Eucaristía, repetimos las mismas palabras:
"!Bendito el que viene en el nombre del Señor!" Después
del prefacio, antes de la Plegaria eucarística, cada vez que la
Iglesia celebra el sacrificio eucarístico, estas palabras
resuenan en el templo de Dios y llaman a El que viene ya a su Iglesia
con el aspecto de un trozo de pan y un poco de vino, ¡preparando
de tal manera su última venida en la gloria sin igual!
¡Pensémoslo siempre! ¡Unamos nuestros corazones y
nuestras almas a todos aquellos que alabaron en otro tiempo a
Jesús en camino a Jerusalén!
" Entonces algunos de los
Fariseos de la compañía, le dijeron: «Maestro,
reprende a tus discípulos.» Y él respondiendo, les
dijo: «Os digo que si éstos callaren, las piedras
clamarán!» "
Los pincha-globos
están por todos lados, no importa la ocasión.
Aquí, los fariseos quieren hacer callar a los discípulos
del Señor: "Entonces algunos de los Fariseos de la
compañía, le dijeron: «Maestro, reprende a tus
discípulos.»" Pero nadie puede embelesar a los
discípulos de Cristo, ¡y menos todavía a Cristo
mismo, esa alegría que viene del Espíritu de Dios! Si los
hombres intentan poner obstáculos a los designios de Dios, el
Espíritu Santo sabe inspirar a los fieles para que logren vencer
todo obstáculo y conservar su alegría en una fe
inquebrantable: "Y Jesús respondiendo, les dijo: «Os digo
que si éstos callaren, las piedras clamarán!»"
¡Que la
Santísima Virgen María, que por cierto no ha faltado de
participar al ingreso de Jesús en Jerusalén, nos ayude
mediante sus plegarias y sus consejos, para que, siempre, podamos
compartir la gloria del Espíritu!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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