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Homilía para la
Fiesta de Cristo Rey - Año C - Lc. 23:35-43
por el
Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Al llegar al lugar
llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y con él a
los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. La gente
estaba allí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban
diciendo: «Si salvó a otros, que se salve a sí
mismo, ya que es el Mesías de Dios, el Elegido.»
También los soldados se burlaban de él. Le ofrecieron
vino agridulce diciendo: «Si tú eres el rey de los
Judíos, sálvate a ti mismo.» Porque había
sobre la cruz un letrero que decía: «Este es el rey de los
Judíos.»
" Uno de los malhechores
que estaban crucificados con Jesús lo insultaba:
«¿No eres tú el Mesías?
¡Sálvate a ti mismo y también a nosotros.»
Pero el otro lo reprendió diciendo: «¿No temes a
Dios tú, que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo
hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, pero éste no ha
hecho nada malo.» Y añadió: «Jesús,
acuérdate de mí cuando entres en tu Reino.»
Jesús le respondió: «En verdad te digo que hoy
mismo estarás conmigo en el paraíso.» "
Homilía:
" Al llegar al lugar
llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y con él a
los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. La gente
estaba allí mirando... "
Para esta fiesta de Cristo
Rey del Universo, en este último Domingo del año
litúrgico, la Iglesia nos propone un evangelio violento,
desencadenado, apasionado. Es que la Realeza de Cristo a sido
cuestionada desde el principio de su historia: ¡apenas aparecido
en este mundo, ya era rechazado y perseguido el Cristo Rey!
¡Luego que los Magos hubieron preguntado al Rey Herodes:
"¿Dónde esta el Rey de los Judios que caba de nacer?"
(Mt. 2:2), ese déspota sin piedad hizo masacrar una cantidad de
niños: los primeros mártires de la realeza de Cristo!
Es necesario, en efecto,
mucho coraje para reconocer a Jesus como Rey del Universo... "La gente
estaba allí mirando," dice San Lucas. ¿Qué
muchedumbre es esa? ¡Quien es esa gente? ¿No son los que
cinco días antes, han aclamado a Jesus al grito de: "Bendito sea
el rey que viene en nombre del Señor!?" (Lc. 19:38) En efecto,
son los mismos... ¡ayyy!... Las voces que gritan son las mismas,
pero los espíritus han cambiado... ¿cómo es
posible? ¿por qué la situación se da vuelta?
Es que el Espíritu
Santo, el Espíritu de Amor, no ha venido aún sobre
elos... No han recibido todavia esa fuerza de lo alto (cf. Lc. 24:49)
que les permitirá un día testimoniar sobre la realeza de
Jesucristo, hasta derramar su propia sangre por amor a su reino.
¡Pronto, el dia de Pentecostés, esta misma muchedumbre, o
por lo menos una parte de ella, respondera a la llamada a la conversion
que lanzaran los apostoles, se arrepentira de su cobardía, y
formará los primeros grupos de cristianos que, bajo un mismo
Espíritu, no formara más sino "un solo corazón y
una sola alma" (Ac. 4:32)!
" Los jefes, por su parte,
se burlaban diciendo: «Si salvó a otros, que se salve a
sí mismo, ya que es el Mesías de Dios, el Elegido.»
También los soldados se burlaban de él. Le ofrecieron
vino agridulce diciendo: «Si tú eres el rey de los
judíos, sálvate a ti mismo.» Porque había
sobre la cruz un letrero que decía: «Este es el rey de los
judíos.» "
Por encima de Jesus
crucificado, se encontraba una inscripcion: "Este es el rey de los
Judios". Es cierto: Jesus es el Rey de los Judios, y los primeros
cristianos aran Judios. Esto quiere decir que, en su punto de partida,
la Iglesia forma con Cristo no solo una unidad espiritual, sino
también un pueblo, una nacion en el verdadero sentido del
término. Ciertamente, a partir de la admision de los no-judios
en la Iglesia, es la unidad espiritual lo que prevalece, y el Reino de
Cristo, que hubiera podido ser visible y tangible en tanto que pueblo y
nación ha sido relegada hoy al universo invisible de los
corazones y de las almas.
Jesus lo dijo: "El Reino de
Dios está dentro de vosotros." (Lc. 17:21) El aspecto espiritual
del reino de Dios, es mucho más importante que su aspecto
exterior y corporal. ¡Puesto que, si los Judios que aclamaron a
Jesus Rey en ocasión de su entrada triunfal a Jerusalén
el Domingo de Ramos, hubieran tenido al reino de Dios en su interior,
entonces, sin ninguna duda, con la ayuda de la gracia del Espiritu
Santo, hubieran proclamado su fe en Jesus Rey de los Judios cinco dias
mas tarde al pie de la Cruz del Calvario! Pero vendra un día en
que los Judios se convertiran y reconoceran a Jesus por su Mesias y su
Rey. Entonces, con toda la Iglesia, podran aclamar a Jesus Rey de los
Judios y Rey del Universo, como si hubieran estado alli, al pie de la
Cruz del Calvario...
" Uno de los malhechores
que estaban crucificados con Jesús lo insultaba:
«¿No eres tú el Mesías?
¡Sálvate a ti mismo y también a nosotros.»
Pero el otro lo reprendió diciendo: «¿No temes a
Dios tú, que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo
hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, pero éste no ha
hecho nada malo.» Y añadió: «Jesús,
acuérdate de mí cuando entres en tu Reino.»
Jesús le respondió: «En verdad te digo que hoy
mismo estarás conmigo en el paraíso.» "
¡Si el Reino de Dios
esta en nosotros, si Dios habita en nuestros corazones, no hay duda
que, en ocasión de la Vuelta del Señor en Gloria, este
Reino se manifestara a la luz: no estará mas escondido, sino que
brillará a plena luz! ¡Pero entonces no sera mas solamente
el reino del Amor, sino tambien el Reino de la Justicia! Cuando cada
hombre, cada mujer, cuando usted y yo comparezcamos cara a cara con el
rey del Universo, entonces cada uno hara Justicia al Señor: cada
uno se reconocerá, si o no, fiel sujeto de ese gran Rey.
Así, uno de los
malhechores clavados a los lados de Jesus reconoce que los sufrimientos
que experimenta en ese momento son justos: "Nosotros lo hemos merecido
y pagamos por lo que hemos hecho." Reconoce haber hecho el mal, pero la
aceptación de su castigo prueba su arrepentimiento y la
esperanza que tiene desde el fondo de su corazón de obtener el
perdón de Dios... Se dirige entonces a Jesus, a quien reconoce
como rey de los Judios: «Jesús, acuérdate de
mí cuando entres en tu Reino.» ¡Ese "buen
ladrón" conocido con el nombre de San Dimas, hace ya justicia al
Reino de Dios y clama por la Vuelta del Señor en Gloria con todo
su corazón, influenciado por el Espíritu Santo!
"En verdad te digo que hoy
mismo estarás conmigo en el paraíso." ¡Esas
palabras de Dios son precisas: Dimas está con él en el
Cielo! Pero hoy nosotros también podemos esperar similar
recompensa. ¡Si dignamente, comulgamos el Cuerpo de Cristo,
entonces hacemos justicia al Reino de Dios, reconocemos a Jesús
Rey de los Judíos y rey del Universo, no solamente en nuestro
corazón, sino también en toda nuestra persona: ya, ahora,
llamamos a la vuelta del Señor Jesús!
¡Que la Muy Santa
Virgen María, presente al pié de la Cruz del Calvario,
nos ayude a rendir justicia al Reino de Dios en toda la tierra!
¡Amen!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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