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Homilía para el sexto
Domingo de Pascua - Año C - Jn. 14:23-29
por el
Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Respondió
Jesús, y díjole: «El que me ama, mi palabra
guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y
haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras:
y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del
Padre que me envió.»
" «Estas cosas os he
hablado estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu
Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todas las
cosas que os he dicho.»
" «La paz os dejo, mi
paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro
corazón, ni tenga miedo. Habéis oído cómo
yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amaseis, ciertamente os
gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre
mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que
cuando se hiciere, creáis.» "
Homilía:
" Respondió
Jesús, y díjole: «El que me ama, mi palabra
guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y
haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras:
y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del
Padre que me envió.» "
Paso a paso, nos acercamos
al santo día cuando el Señor subirá al cielo para
unirse al Padre. El tiempo pascual alcanza su fin. Pronto, la fiesta de
Pentecostés nos ayudará a recordarnos de la primera
venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y
discípulos reunidos en el cenáculo junto a María,
la Madre de Jesús. Ya comenzamos a pensar en aquel día y
a creer, tal como Jesús nos invita a hacerlo, que su partida es
para nosotros la mejor cosa que puede haber pasado: "Si me amaseis,
ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre."
(Jn. 14:28)
Jesús
pronunció las palabras del evangelio de este domingo justo antes
de ir al Cielo por primera vez: la "partida" que cumplió sobre
el madero de la Cruz. Jesús enseña a sus
discípulos, los prepara a la próxima separación;
¡sobre todo, los prepara para un futuro mejor! ¡Su
"partida" será beneficiosa para todos! Pero existe una
condición para que el porvenir sea mejor: ¡es necesario
amar a Jesús! ¡Si amamos a Jesús, el Padre
vendrá nosotros, y el Hijo también, y el Espíritu
Santo también! "El que me ama, mi palabra guardará; y mi
Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él
morada."
Pero, ¿qué
significa amar a Jesús? Simplemente, amar a Jesús es amar
al propio hermano, hermana, amar al prójimo. Porque Jesús
mismo es "el primogénito entre muchos hermanos." (Rm. 8:29)
¡Si realmente amamos a Jesús nuestro hermano, no
desearíamos otra cosa para nosotros que su bondad, su gloria, su
paz eterna! Por cierto, todo aquello solo se encuentra en el Cielo;
solo aceptando de buen corazón la "partida" de Jesús al
Cielo demostramos nuestro amor por Jesús nuestro hermano.
¡Y actuando de tal manera nos aseguramos también nuestra
felicidad, porque Jesús, si parte, volverá, con el Padre
y el Espíritu Santo! ¿Paradoja? Sí, como ocurre
tantas veces en el evangelio...
" «Estas cosas os he
hablado estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu
Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todas las
cosas que os he dicho.» "
Después de "partir"
para el Cielo, Jesús no vuelve enseguida. Permanece con el Padre
por un tiempo, allí en las alturas. Y cuando se cumpla el
tiempo, al final de los tiempos, El volverá a la tierra.
Mientras tanto, con el Padre, nos envía el Espíritu
Santo. El Espíritu nos ayuda a ser pacientes, a preparar la
venida de Jesús y aquella del Padre. Ante todo, el
Espíritu Santo nos urge a desear la venida del Señor: "Y
el Espíritu y la Esposa dicen, Ven." (Ap. 22:17)
Para sembrar este deseo hay tan solo un medio: sembrar en nuestra
memoria, por el poder de la gracia de Dios, la imagen y el boceto casi
terminado de lo que Jesús realmente es como Hijo del Padre: las
palabras humanas del Hijo de Dios, la Palabra del Padre!
En la Iglesia, el
Espíritu Santo actúa sin cesar para hacernos pensar en
Jesús y en su Padre. Pero su acción principal, del todo
única, es la que ejerce por el sacramento de la
Eucaristía. Porque allí el sacerdote, en nombre de
Cristo, celebra el Memorial del Señor. Allí, las palabras
que Jesús dijo a sus discípulos son proclamadas
nuevamente en la asamblea de los fieles; allí en verdad, como en
una visión de Fe, Jesús vuelve ya en nosotros,
¡anticipando sacramentalmente nuestro encuentro final con El al
fin de nuestra vida! ¡Allí, el Amor es Rey!
" «La paz os dejo, mi
paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro
corazón, ni tenga miedo. Habéis oído cómo
yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amaseis, ciertamente os
gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre
mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que
cuando se hiciere, creáis.» "
Jesús es el Gran
Profeta que tuvo el mundo: Jesús anuncia la próxima
venida del Espíritu Santo, en el día de
Pentescostés. Esa será la última prueba de su
divinidad. Para Jesús es importante, esencial, que sus
discípulos crean en El como enviado del Padre, como aquél
a quien el Padre dio la orden de revelar su propia Vida al precio del
sacrificio redentor de la Cruz. Para Jesús, es verdaderamente
fundamental: es necesario que sus discípulos crean
verdaderamente en todo lo que El les dijo, ya que esta es la Verdad que
conduce a la Vida no solo a ellos, sino a los hombres y mujeres que
vendrán después de ellos, de siglo en siglo.
Después del
día de Pentecostés, el Espíritu Santo está
allí, en la tierra, para guiar a la Iglesia de Dios para que el
mensaje de Cristo sea conservado y transmitido con fidelidad, de
generación en generación, tanto por medio de la Santa
Escritura como por la Eucaristía. Fundados en la fe de los
Apóstoles, los cristianos de cada día, como usted y yo,
son llamados por el Espíritu Santo a dar fe a las palabras del
Señor. Entonces, el Padre vendrá, y Jesús con El:
¡todos serán uno en Dios y la Paz del Señor
reinará sobre todos! "La paz os dejo, mi paz os doy: no
como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón,
ni tenga miedo."
Si existe un modelo de fe
que debemos imitar, es María, la Madre de Dios y Esposa del
Espíritu Santo. Pidámosle de acrecentar en nosotros la
virtud de la Fe, junto a la esperanza y la caridad. ¡Así,
por María, el reino de Dios Padre se extenderá por toda
la tierra, y la Paz del Señor será compartida por todos
los pueblos! ¡Amén!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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