Homilía para el sexto Domingo del Año - Año C - Lc. 6:17 & 20-26


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oírle, y para ser sanados de sus enfermedades.


" Y alzando él los ojos a sus discípulos, decía: «Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres a los profetas.»


" «Ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres a los falsos profetas.» "




Homilía:


" Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oírle, y para ser sanados de sus enfermedades. "


La fama de Jesús se había ya expandido enormemente: una multitud de gente venida de todas partes para ver a este Gran Profeta y para escucharlo, o aun mejor, para hacerse sanar por este sanador sin igual! Sin embargo, a Jesús no le gustan las multitudes y las grandes concentraciones de gente. Él quiere incondicionalmente a todos aquellos que se acercan a él, pero no le agradan para nada los movimientos de gente que parece concentrarse entorno a él en aquel día. Y Jesús va a tratar de hacer comprender a sus oyentes, con sus propias palabras, con sus propias imágenes y metáforas.


" Y alzando él los ojos a sus discípulos, decía: «Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.» "


Jesús comienza su discurso alabando aquellos que son pobres: "¡Bienaventurados vosotros los pobres!" ¿Es esto posible? Si Jesús lo ha dicho, no cabe ninguna duda de lo siguiente: aquel que es pobre puede ser bienaventurado. Pero Jesús no dice expresamente que aquel que es pobre es necesariamente bienaventurado. Lo que el Señor quiso decir es que aquel que es pobre puede ser bienaventurado de acuerdo a como su amor a Dios le hace estimar las cosas terrenales como sin valor respecto a los bienes celestiales: "Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios."


El Señor Jesús no recomienda aquí la pobreza real y absoluta: Dios no quiere que los hombres y mujeres que él creó de su Amor carezcan de los bienes necesarios para vivir. Lo que Jesús pide de cada cristiano es antes que nada estar satisfecho con su propia suerte. Si alguno tiene pocos bienes, que no desee poseer aun más; si otro posee demasiado, que no se ate a los bienes terrenales, sino a aquellos del cielo. En todo caso, que cada uno haga todo lo que esta en su poder para utilizar los bienes terrenales con mesura y sin exceso, compartiéndolos también con aquellos que están necesitados.


El Señor Jesús no recomienda aquí la pobreza absoluta: Dios no quiere que los hombres y las mujeres que Él ha creado con su amor carezcan de las cosas que son necesarias para vivir. Lo que Jesús pide de todo cristiano es que este satisfecho con su destino. Si hay alguien que tiene pocos bienes, que no desee más; si hay alguien que posee demasiado, que no se ate a las realidades de la tierra, sino a los bienes del cielo. En todo caso, que cada uno haga lo que esta dentro de su poder para utilizar los bienes mundanos con mesura y sin exceso, compartiendo aun con aquellos mas necesitados.


" «Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados.» "


Si bien es cierto que se puede encontrar una cierta satisfacción espiritual en la penitencia corporal, es difícil sentirse bienaventurado con el estomago vacío. De hecho, el Señor no quiere que los hombres, las mujeres y los niños se mueran de hambre, como suele pasar hoy en día en distintos lugares del mundo... Pero existe otra hambre, aquella que los corazones honestos y sinceros buscan a lo largo de los días y los anos: ¡el hambre de justicia! San Mateo en su evangelio cita las palabras máximas del Señor, diciendo: "¡Bienaventurados aquellos que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados!" (Mt. 5:6)


" «Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres a los profetas.» "


Jesús alaba a los pobres de corazón, aquellos que tienen hambre de justicia, aquellos que lloran, a los que se sienten solos, sin riquezas que los consuelen en este valle de lagrimas, sin alimento que compense la injusticia de la cual son victimas... Seguramente, Jesús declara bienaventurado no a aquellos a quien todo bien llega, tanto las riquezas como las alabanzas de los aduladores, sino aquellos que por amor a Dios y a los hombres soportan todo los embates con fe, constancia y generosidad. "¡Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos!"


La pobreza, los tratamientos injustos, las burlas: he aquí los elementos que hacen al hombre privilegiado ante Dios, ¡lo que lo hacen realmente bienaventurado! ¡Allí esta el Camino, trazado por el Divino Maestro! Allí esta el Camino, no por otra parte. El conduce al Gólgota, a la Cruz de Cristo. Aquel camino conduce a la buenaventura, pero no solamente al cielo después de la muerte. No, este Camino hace bienaventurado desde aquí abajo, ¡porque al pie de la Cruz se encuentra Maria, de pie, como si hubiera ya resucitado, presente y actuante para ayudar a todos los hombres y mujeres por el don de la gracia todopoderosa de Dios!


" «Ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres a los falsos profetas.» "


Jesús continua a enseñar a sus discípulos y, en sus discursos, sustituye la palabra "bienaventurado" por las palabras "Ay de vosotros, ay de vosotros, ay de vosotros..." No hay otras palabras para describir la terrible realidad de aquel que no sigue el Camino trazado por el Maestro... ¡Qué amargura hay en tales palabras! ¿El alma del Señor no se encuentra ya colmada del disgusto que será todo suyo en la víspera de su Pasión en el jardín de Getsemani? ¿Acaso no se oye ya el grito de desesperación de Jesús en la Cruz del Calvario: "Dios mio, Dios mio, por qué me has abandonado?" (Mt. 27:46)


Recibiremos pronto a Jesús en el sacramento de la Comunión. Aquella será la mejor oportunidad para pedirle que nos haga realmente bienaventurados, no como nosotros concebimos la buenaventura con nuestra pequeña idea de bienestar, sino como la beatitud que el Señor desea compartir con nosotros, beatitud que es suya por toda la eternidad. ¡Que la Eucaristía de este día nos resucite ya!