Homilía para el quinto Domingo de Pascua - Año C - Jn. 13:31-35
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Entonces como Judas salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y luego le glorificará. Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije á los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así digo a vosotros ahora.»
 
" «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Entonces como Judas salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y luego le glorificará.» "
 
Jesús es el Hombre por excelencia: El es el Nuevo Adán que restaura en sí mismo la creación perdida por el pecado que tuvo lugar en el origen de la humanidad, el pecado original. Jesús es el Hijo del Hombre, es Aquél al cual se refería San Juan: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas." (Ap. 21:5)
 
" «Ahora es glorificado el Hijo del hombre.» "
 
Este "ahora" es el ahora de la Pasión del Señor. Es el momento de gloria, el instante de la coronación suprema, aun a pesar del dolor y del sufrimiento, ya que la corona es de espinas... Como dice San Pablo: "Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo." (Ga. 6:14)
 
" «Y Dios es glorificado en él.» "
 
¡En la Cruz del Calvario, Dios es verdaderamente glorificado en Jesús que muere por la Redención del mundo! Ya que no es tan solo la sangre de un hombre que se derrama, sino también y principalmente la Preciosa Sangre de Dios, ¡la Sangre del Dios único hecho hombre en Jesús de Nazareth! Esta sangre esparcida sobre la tierra glorifica a Dios en Jesús Salvador y Redentor: ¡de ahora en más la creación renovada en Jesús, Nuevo Adán, glorifica a Dios mediante la Sangre del Justo derramada por la salvación del mundo!
 
" «Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y luego le glorificará.» "
 
Dios, que es "espíritu" (Jn. 4:24), vive y permanece como en un templo en Jesús, el Templo de su Cuerpo (cf. Jn. 2:21). Ademas Dios no quiso que el cuerpo de su Servidor Jesús conozca la corrupción. ¡Mucho más, el Espíritu de Dios resucitó a Jesús para que, por la eternidad, Dios sea glorificado en El! Sin embargo, el Cuerpo glorificado de Jesús no podía permanecer sobre la tierra, allí donde la Sangre del Justo fue derramada para el perdón de los pecados... En la tierra, la Pasión del Señor no ha sido llevada a cabo por completo: ella perdura aún en los miembros de su Cuerpo místico, la Iglesia. San Pablo nos lo recuerda, diciendo: "Cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia." (Col. 1:24) He aquí el por qué Jesús, cuarenta días después de su Resurrección, ascendió al Cielo, en la Gloria de Dios. ¡Allí, en el Cielo, que es su morada, Dios lo glorifica en El mismo! "«Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije a los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así digo a vosotros ahora.»" (Jn. 13:33)
 
" «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros.» "
 
Como lo dice el Libro del Apocalipsis ya citado: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas." (Ap. 21:5) Para Jesús, esta novedad es que no solamente Dios se glorifica en El, sino que El mismo está glorificado en Dios. El Padre está en el Hijo del Hombre, y el Hijo del Hombre está en el Padre. Este instante único de su Ascensión al Cielo Jesús lo había ya anunciado a María Magdalena, poco tiempo después de su Resurrección: "No me toques: porque aun no he subido a mi Padre: mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios." (Jn. 20:17)
 
" «Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros.» "
 
Para nosotros, esta novedad de la Resurrección de Jesús es muy parecida a la aquella que Cristo mismo vivió. Si Jesús es cuerpo y alma en el Padre, y vive en el Amor del Espíritu Santo, entonces nosotros también estamos llamados a una vida nueva en el Espíritu Santo: aquella del amor mutuo de hermanos y hermanas que comparten entre ellos un solo corazón, y una sola alma. El mandamiento nuevo es que cada uno no viva más en sí mismo y por sí mismo, ¡sino más bien en ese prójimo que es nuestro hermano o nuestra hermana, y para él, o para ella!
 
" «Como os he amado, que también os améis los unos a los otros.» "
 
Nuestro modelo es Jesús: El es el "primogénito entre muchos hermanos" (Rm. 8:29). Por lo tanto, los cristianos están llamados a vivir y amarse como Jesús: "«Como os he amado, que también os améis los unos a los otros.»" Si Jesús está en el Padre por un amor mutuo, ¡entonces Jesús debe también entrar en cada uno de nosotros para obtener un amor común y universal! ¿No es esto lo que se realiza cada vez que nos acercamos al altar del Señor para recibir en nosotros Su Cuerpo y Su Sangre? ¿No es acaso Dios omnipotente que viene en nosotros para llevarnos consigo mismo?
 
¡Ya, por la comunión eucarística, podemos anticipar nuestra ascensión al Cielo! La Santísima Virgen María lo ha bien entendido: cuando vio a Jesús elevarse al Cielo, en la Gloria de Dios, sigue a su Hijo Divino en espíritu, lo retiene para siempre en su memoria, para permanecer para siempre con El. ¡Pidamos a Nuestra Madre Celestial de prepararnos a la comunión de este día: que por su plegaria todopoderosa, estemos ya con Jesús, glorificados en el Cielo!