Homilía para el quinto Domingo del Año - Año C - Lc. 5:1-11


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Y acontecio, que estando él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios. Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes. Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes.


" Y como cesó de hablar, dijo á Simón: «Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar.» Y respondiendo Simón, le dijo: «Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.» Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía. E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban. Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.» Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado; Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón: «No temas: desde ahora pescarás hombres.» Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron. "




Homilía:


" Y acontecio, que estando él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios. "


Jesús se encuentra en Galilea, a la orilla del lago Genezaret, es decir el Mar de Galilea. El enseña a la multitud que está allí, cautivada por el discurso que presencian. "Las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios." Esto nos dice que Jesús enciende los espíritus y los corazones, colmando los intelectos de numerosas ideas y preguntas que por el momento quedarán sin respuesta. Jesús anuncia la Vida eterna, aquella Vida que es la Vida del Padre celestial y que el Espíritu Santo tiene como misión hacer germinar y fructificar en los corazones de los hombres y mujeres de todos los tiempos!


" Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes. Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes. "


San Lucas ubica aquí el reencuentro entre Jesús y Simón Pedro, reencuentro que, según el evangelista, parece ser el primera de ese género. De hecho que San Juan, evangelista cuyo evangelio es posterior al de San Lucas, nos ha dejado el testimonio del primer encuentro entre el Maestro y aquél que debía cambiar de nombre y llamarse desde ese momento Pedro, o Cefas, en arameo : "Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído de Juan (el bautista), y le habían seguido. Este halló primero á su hermano Simón, y díjole: «Hemos hallado al Mesías (que declarado es, el Cristo).» Y le trajo á Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: «Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Piedra).» " (Jn. 1:40-42)


Aquel primer encuentro entre Jesús y Pedro pasa por desapercibido y ocurrió casi en secreto, ya que se trataba de una entrevista muy personal, de la cual no se conocerá detalle alguno mas que las palabras que Jesús dice a Simón: "Tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Piedra)." (Jn. 1:42) Todo aquello que Cristo mismo y Simón Pedro vivieron allí será un secreto. Sería un precursor a la gran Obra para la cual ambos trabajarían, para el bien del mundo, Cristo como Piedra divina y Simón como Piedra humana.


Este día, Jesús encuentra Simón y Andrés limpiando o reparando sus redes de pesca. Jesús sube a la barca de Simón y de Andrés, y les pide de alejarse un poco de la orilla para poder así enseñar a la multitud que allí se encuentra. No hay duda que Simón Pedro es todo orejas! El no quiere perderse nada del discurso; y lo que es más, está en los primeros puestos! Porque desde aquel día en que Jesús le dio el nombre nuevo de Cefas, Simón no ha dejado de preguntarse, entre otras cosas, "¿Qué significa para mí tal nombre? ¿Por qué un pescador de peces ha de recibir tal nombre?" etc...


" Y como cesó de hablar, dijo á Simón: «Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar.» Y respondiendo Simón, le dijo: «Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.» "


Simón está realmente preocupado... El, que se esperaba un lindo discurso sólo para él, palabras sublimes sobre esta Vida nueva que el Maestro proclama tan bien con palabras ardientes y tan convincentes, aquí se encuentra obligado a reanudar la pesca... ¡En realidad, qué paradoja! Pero Simón ya ha comprendido una cosa: Jesús es el Maestro, y él es el alumno, el discípulo, aquél que debe obedecer a las órdenes del Señor. Simón no debe completar su propia obra, sino que debe colaborar a la Obra de Dios: él debe asistir al Maestro a llevar a cabo la Voluntad de Dios, y no la propia. Está dispuesto a ha hacerlo en todo momento, cueste lo que le cueste. Y a él se le promete que recibirá el "Poder de lo alto," (Lc. 24:49) aunque en el día de Pentecostés renegará su Maestro, por debilidad y presunción...


En verdad, para Simón, la orden de Jesús es sorprendente. Jesús no solo no se dirige a Simón con palabras espirituales, sino que le da una orden que va en contra de todos sus conocimientos de pescador: Simón sabe que si no ha pescado nada en toda la noche no pescará nada a la mañana del día siguiente... ¡Verdaderamente, es el colmo de la obediencia! Jesús demanda a Simón que renuncie absolutamente a todo para hacer su voluntad, la del Maestro de todas las cosas. Pero Simón ha recibido de Jesús una gracia y un favor especial, la gracia de un nombre nuevo, que desde ya es para él un poder venido de lo alto... Simón va a tirar las redes bajo orden del Señor: "Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red."


" Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía. E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban. "


¡He aquí la obediencia recompensada! ¡Además, se dice comúnmente que la obediencia hace milagros! ¿Será entonces que Simón Pedro es el autor de aquella pesca milagrosa? Seguramente no; pero Simón Pedro se encontraba allí por algún motivo. ¿Acaso no se necesitaba alguien para echar las redes, para que otro pudiera llenarla de peces? Está claro que Simón Pedro colaboró a la Obra del Señor Jesús. He aquí el rol y la misión de Pedro. El Señor Jesús quiso cumplir este milagro de la pesca milagrosa a fin que Simón Pedro comprenda por fin lo que El, el Maestro, esperaba de su discípulo. Había que encontrar a Simón cumpliendo su propio oficio, su obra humana, a fin que, gracias a ella, fundamento que él podía comprender perfectamente, comprendiera en realidad lo que el Señor Jesús esperaba de él. La reacción de Simón Pedro después de este milagro lo comprueba.


" Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.» Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado; Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. "


Simón Pedro y sus compañeros están espantados, espantados por su indignidad de hombres pecadores que, mediante un simple gesto - el echar sus redes - gesto que ya han hecho sin duda millares de veces, han contribuido a la realización de un milagro cuya bondad y misericordia hacia ellos los sobrepasa. Jesús, el Maestro, que se encuentra muy cerca de ellos, viene a testimoniarles su amor sin barreras, sin límites, hacia ellos, hombres pecadores... En verdad, están espantados por este gesto que osaron hacer, bajo orden del Señor...


" Y Jesús dijo á Simón: «No temas: desde ahora pescarás hombres.» Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron. "


Jesús tranquiliza a Simón en particular: "No temas: desde ahora pescarás hombres" ¡De ser pescador de peces, Pedro se vuelve pescador de hombres! ¡Qué misión noble! Pero es asimismo dudosa. Porque los hombres, las mujeres, no se tratan como peces... Aquí también, Jesús trata de tranquilizar a Simón Pedro: "No temas..." El miedo, ¿no es acaso aquello que nos paraliza y nos impide de cumplir cosas maravillosas? Porque nosotros que vivimos en el siglo veintiuno también estamos llamados a ser como Pedro, como el Señor Jesús, pescadores de hombres. ¡Que el miedo no sea entonces nuestro consejero! Como lo decía el Papa Juan Pablo II al comienzo de su pontificado, en octubre del 1978: "Non abbiate paura!" "¡No tengan miedo!"


Como Simón Pedro y los otros discípulos, ¡sigamos al Señor Jesús! ¡Dejémonos guiar por el Espíritu! Confiemos en nuestra Madre Celestial, la Santísima Virgen María: ¿Quién más que Ella podrá enseñarnos la fe y la obediencia a las palabras de su Hijo Divino?