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Homilía para el
quinto Domingo de Cuaresma - Año C - Jn. 8:1-11
por el
Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Y JESUS se fué al
monte de las Olivas. Y por la mañana volvió al templo, y
todo el pueblo vino a él: y sentado él, los
enseñaba. Entonces los escribas y los Fariseos le traen una
mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio,
dícenle: «Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo
hecho, adulterando; Y en la ley Moisés nos mandó apedrear
a las tales: tú pues, ¿qué dices?» Mas esto
decían tentándole, para poder acusarle.
" Empero Jesús,
inclinado hacia abajo, escribía en tierra con el dedo. Y como
perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles:
«El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella
la piedra el primero.» Y volviéndose a inclinar hacia
abajo, escribía en tierra. Oyendo, pues, ellos, redargüidos
de la conciencia, salíanse uno a uno, comenzando desde los
más viejos hasta los postreros: y quedó solo
Jesús, y la mujer que estaba en medio. Y enderezándose
Jesús, y no viendo a nadie más que a la mujer,
díjole: «¿Mujer, dónde están los que
te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?» Y ella dijo:
«Señor, ninguno.» Entonces Jesús le dijo:
«Ni yo te condeno: vete, y no peques más.» "
Homilía:
" Y JESUS se fué al
monte de las Olivas. Y por la mañana volvió al templo, y
todo el pueblo vino a él: y sentado él, los
enseñaba. Entonces los escribas y los Fariseos le traen una
mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio,
dícenle: «Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo
hecho, adulterando; Y en la ley Moisés nos mandó apedrear
a las tales: tú pues, ¿qué dices?» Mas esto
decían tentándole, para poder acusarle. "
Jesús es el Hijo de
Dios hecho Hombre. El es el "Verbo de Vida" (1 Jn. 1:1),
la palabra viviente del Padre que ha enviado a su Hijo para anunciar a
todos los hombres la Buena Nueva de Salvación. Jesús es
«la Vida» (Jn. 14:6), ya que el Verbo del Padre - es
decir, el hijo - expresa toda la Vida de Dios: ¡desde siempre y
por siempre, el Padre da a su Hijo la Vida que conocemos como
'Palabra'! En la víspera de su Pasión, Jesús lo
enseñó claramente cuando rezaba así a su Padre:
"Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios
verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado." (Jn. 17:3)
¡La vida eterna
consiste en 'conocer a Dios'! Se trata de un conocimiento de amor, pero
un conocimiento fundado en inteligencia, un conocimiento de
razón: amamos a Dios y lo conocemos porque nosotros creemos en
El. "Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios
tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en
Dios, y Dios en él." (1 Jn. 4:16). El fundamento de
nuestro amor de Dios se encuentra en nuestro conocimiento de Dios. A
este fin, Jesús pasó toda su vida pública educando
al pueblo y preparando a sus discípulos para su futura
misión de apóstoles. "Y por la mañana
volvió al templo, y todo el pueblo vino a él: y sentado
él, los enseñaba." (Jn. 8:2)
Si entonces, el demonio y
aquellos que están a su servicio, aquí los escribas y
fariseos, quieren trabajar para hacer perder las almas; antes que nada
atacan el programa del conocimiento y la enseñanza. "Mas esto
decían tentándole, para poder acusarle." (Jn. 8:6) Los
escribas y fariseos quieren tratar de perturbar la enseñanza del
Maestro poniéndolo contra la ley de Moisés: "Maestro,
esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando; Y en la ley
Moisés nos mandó apedrear a las tales." (Jn. 8:5)
Los escribas y fariseos, y
el diablo detrás de ellos, llegan muy lejos en su tentativa de
oposición a Jesús. Ellos mismos le dicen: "Tu pues,
¿qué dices?" De este modo, quieren obligar a Jesús
a desviarse de su propia misión. Porque Jesús está
ahí, entre ellos, no para juzgar las palabras del hombre, sino
para rendir testimonio: "Las palabras que yo os hablo, no las
hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí,
él hace las obras." (Jn. 14:10)
" Empero Jesús,
inclinado hacia abajo, escribía en tierra con el dedo. Y como
perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles:
«El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella
la piedra el primero.» Y volviéndose a inclinar hacia
abajo, escribía en tierra. Oyendo, pues, ellos, redargüidos
de la conciencia, salíanse uno a uno, comenzando desde los
más viejos hasta los postreros: y quedó solo
Jesús, y la mujer que estaba en medio. "
Sin el Espíritu que
le da la vida, una palabra escrita es una palabra de muerte, no de
vida. Al no haber escrito nunca, Jesús mismo es la Palabra
Viviente. Lo que escribía en la arena no era su propia Palabra,
porque en la arena no se puede establecer nada permanente, nada
sólido, lo que es contrario a la Palabra de Dios, inmutable y
eterna. Si Jesús escribió algo en la arena, no fueron
más que palabras de hombre, y las palabras de hombre son
palabras de muerte, que no expresan más que los pecados de los
que estaban allí presentes, intentando de hacer caer en la
trampa a Aquél que quiere a toda costa salvarlos de la muerte
eterna... Avergonzados de ver sus pecados revelados de tal forma,
aquellos hombres frente a las palabras de muerte se retiraron, dejando
solo a Jesús con la mujer que había sido sorprendida
adulterando. "Oyendo, pues, ellos, redargüidos de la conciencia,
salíanse uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta
los postreros: y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba
en medio."
" Y enderezándose
Jesús, y no viendo a nadie más que a la mujer,
díjole: «¿Mujer, dónde están los que
te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?» Y ella dijo:
«Señor, ninguno.» Entonces Jesús le dijo:
«Ni yo te condeno: vete, y no peques más.» "
Aquellos que gritaban
justicia y demandaban un castigo ejemplar para aquella mujer
adúltera estaban ellos mismos llenos de injusticia y de pecado.
Este no es un caso raro... ¿Cuántas veces hemos actuado
así? ¿Cuántos demandas judiciales y procesos
comienzan cada año par castigar aquellos y aquellas que, por
ejemplo, se han enriquecido en detrimento de los fondos
públicos? ¿Cuán puros son los jueces mismos y todo
el aparato judicial? La justicia, ¿se suministra con
misericordia? Por cierto, la justicia humana es necesaria, por
imperfecta que sea. ¡Pero que escándalo ver que un Estado,
cualquiera que sea, pretenda suministrar una justicia equitativa aun
cuando no respeta ni la ley natural ni los derechos de Dios!
¡Esto es un hecho! Es un mal que debemos tolerar para someternos
a las leyes del Estado, en caso contrario la injusticia será aun
más grande por nuestra propia falta...
¡Que el Señor
Jesús nos de testimonio de su tierna compasión y de su
inmensa misericordia, como lo hizo con la mujer adúltera!
¡Roguemos a María, la Santísima Madre de Dios, de
enseñarnos el camino de la verdadera justicia y de la
misericordia sin límites! ¡Que, por María, el Pan
de Vida, sea nuestra fuerza y nuestra luz para alcanzar el Reino de la
Paz, del Amor y de la Justicia eterna!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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