Homilía para el cuarto Domingo de Pascua - Año C - Jn. 10:27-30
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Jesús dijo: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dió, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre una cosa somos.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Jesús dijo: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dió, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre una cosa somos.» "
 
El evangelio de este cuarto domingo de Pascua es bien corto, pero es extremadamente sustancioso. Contiene palabras potentes, fuertes, muy ricas en doctrina y en aplicación pastoral. Estas palabras del Señor pueden ser leídas en el contexto en que Jesús las pronunció: en la fiesta de la Dedicación del Templo, un poco antes de la Pascua cuando Cristo fue arrestado y condenado a muerte... No obstante, podemos también leer estas palabras a la luz de la Resurrección del Señor, al ardor del Espíritu de Pentecostés.
 
" «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.» "
 
Cuando Jesús resucitado se presentó a sus discípulos a orillas del lago Tiberias, encontró a Simón Pedro y le dijo: "Apacienta mis ovejas." (Jn. 21:17) Con estas palabras, Jesús confirma a Pedro en su cargo de Vicario de Cristo: Pedro debe mantener la posición de Cristo, y, de igual manera, los Sucesores de Pedro, hasta el fin de los tiempos. Con estas palabras, Jesús confía a Pedro "sus" ovejas: ¡confía a Pedro todo hombre y mujer que el Padre ama y desea salvar mediante la muerte y resurrección de su hijo único! Diciendo "apacienta mis ovejas", no es tan solo Jesús que goza de la benevolencia del Padre, sino también Simón Pedro, el pescador de Galilea que se convirtió en "pescador de hombres" (cf. Lc. 5:10).
 
Hoy en día, las ovejas del Señor son las ovejas del Padre, siempre velando y actuando en la persona de su sucesor: el Papa. Hoy en día, Jesús resucitado está en el Cielo, con la gloria y esplendor del Padre, enviando con el Padre el Espíritu de Amor y de Paz sobre toda la tierra: "El Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho." (Jn. 14:26) Sin embargo, en la benevolencia del Padre, que ama a Simón Pedro como su propio hijo, el Espíritu Santo enseña a las ovejas de Cristo mediante la intermediación misma de Pedro: ¡las ovejas de Cristo, que son ahora las ovejas de Pedro, escuchan la voz del Señor prestando atención al susurro del Espíritu, obedeciendo a las palabras de Pedro y de sus Sucesores!
 
" «Yo las conozco, y me siguen.» "
 
Jesús conoce absolutamente todos los hombres y mujeres que ama el Padre y que El quiere salvar para la vida eterna. Si se trata de un verdadero conocimiento, es más un conocimiento de amor que Jesús posee en el Espíritu Santo, aquel que conoce todo lo que "existe en Dios" (1 Co. 2:11). Similarmente, el ministerio de Pedro es un servicio de amor y de caridad hacia el rebaño del Señor: ¡Pedro preside la caridad! Es en este conocimiento del amor que las ovejas siguen a Pedro, y que ellas siguen a Jesús en Pedro: "Yo las conozco, y me siguen". Cuando Jesús resucitado aparece ante los discípulos a orillas del lago, El dice a Pedro: "Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?" (Jn. 21:15) Pedro le responde: "Sí, Señor: tú sabes que te amo." (Jn. 21:15) En verdad, el ministerio de Pedro es un servicio de amor... ¡de Dios, de los hombres, de sus ovejas!
 
" «Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.» "
 
Jesús, el Viviente, el Resucitado, es la Vida eterna y se la concede a sus ovejas: "Yo les doy vida eterna". Jesús es la Vida eterna, porque El es Dios; y el la da, porque aun siendo Dios El es a la vez Hombre: Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. No obstante, en su rol de mediador, Jesús quiso tener socios. Esos socios no son sus pares, porque no son Dios y Hombre como El. No obstante, son sus servidores: cada uno de ellos pone al servicio de Cristo toda su persona, dedicándose al Señor en cuerpo y alma.
 
Entre los colaboradores elegidos por Cristo están los sacerdotes. Cada día, y en especial cada domingo, cada uno de ellos pone al servicio de Cristo su cuerpo y alma y, tomando el pan, como el Señor en la víspera de su Pasión, el sacerdote repite en nombre de Cristo: "Este es mi Cuerpo", "Esta es mi Sangre." A continuación, el sacerdote da a las ovejas del Señor la vida eterna, diciendo: "Reciban el Cuerpo de Cristo." Entre los sacerdotes está, por supuesto, Pedro, y su Sucesor, el Papa. Como Cristo, Pedro puede aplicar él mismo las palabras: "Os doy la vida eterna". ¡Dedicado cuerpo y alma, por amor, Pedro colabora en la Obra del Señor dando a las ovejas de Cristo la Vida eterna!
 
" «Nadie las arrebatará de mi mano.» "
 
San Agustín hablaba así a sus fieles, teniendo la Eucaristía en sus manos: "Seáis lo que veis, y recibiréis lo que sois." (Sermón 272, para el día de Pentecostés) Diciendo esto, Agustín asocia la noción del Cuerpo de Cristo con la noción del Cuerpo místico de Cristo: la Iglesia. San Agustín, como su antecesor San Pedro, hubiera podido decir: "Nadie las arrebatará de mi mano." Porque ellos tenían en mano el Cuerpo de Cristo, pero también Su Cuerpo Místico: ¡la Iglesia! Los dos podrían haber dicho en verdad, tanto ayer como hoy, "Nadie las arrebatará de mi mano." Porque, teniendo la Eucaristía, ¡tenían en sus manos las ovejas del Señor!
 
" «Mi Padre que me las dió, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre una cosa somos.» "
 
¡El Padre vela sobre toda criatura! ¡Su amor no tiene límite! ¡Vela sobre cada uno de sus hijos con igual bondad! Lo único que desea de nosotros es que recurramos a El, en Cristo, para que también nosotros podamos decir, como el Señor: "Yo y el Padre una cosa somos." De hecho, no somos nosotros que diríamos semejante cosa, es Cristo que la diría por nosotros, ya que El solo es igual a Dios, siendo Dios El mismo. Pero para que Jesús pueda hablar por nosotros, ¡recibámoslo en nosotros, en la Santa Comunión de este día! ¡Pidámosle a María, la más cercana y más santa de toda persona que colabora con Cristo, de ayudarnos a recibir en nosotros la Vida eterna que existe en Jesús-Eucaristía!