Homilía para el cuarto Domingo del Año - Año C - Lc. 4:21-30


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Estando Jesús en la sinagoga de Nazareth, comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.» Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca.


" Y decían: «¿No es éste el hijo de José?» Y les dijo: «Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.» Y dijo: «De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra. Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra; Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el Siro.»


" Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas; Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. Mas él, pasando por medio de ellos, se fue. "




Homilía:


" Estando Jesús en la sinagoga de Nazareth, comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.» Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca. "


El evangelio de este cuarto domingo del año le sigue al que hemos leído el domingo pasado: Jesús está en su tierra, en Nazareth, y predica en la sinagoga. El evangelio nos dice que las palabras del Señor tuvieron un gran impacto en los oyentes, a tal punto que se encuentran sorprendidos del discurso de aquél que ellos habían conocido y que ahora parecía ser otro hombre, un hombre distinto a los demás, un hombre que sobrepasa a todos porque, de hecho, El es Dios y hombre al mismo tiempo: "...estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca."


Jesús es Dios y hombre, y el que no aun no lo sabe se encuentra sorprendido por la acción misteriosa que obra al escucharlo hablar. Jesús es la Palabra misma de Dios, el Hijo del Padre engendrado en la eternidad, en el Espíritu Santo, y por lo tanto, Jesús es tal como Dios, el autor mismo de la gracia, esta creación divina que le permite a una criatura razonable de entrar en comunión con el Creador. Cuando el hombre Jesús habla, su discurso es portador de gracia, las palabras que El pronuncia sirven de medio para comunicar a los oyentes la gracia de la cual El mismo es autor: El pronuncia así "las palabras de gracia".


" Y decían: «¿No es éste el hijo de José?» Y les dijo: «Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.» Y dijo: «De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.» "


La gracia de Dios es todopoderosa, y las palabras de gracia que Jesús profesa a los habitantes de su pueblo tienen la capacidad de convencer a todo el mundo de este hecho sorprendente: Jesús, uno de ellos, no es tan solo un hombre, sino que es también y antes que nada Dios. Sin embargo, el hombre, todo hombre y toda mujer, queda libre ante la gracia todopoderosa de Dios: es el Misterio del Amor, es el Misterio mismo de Dios! No obstante, Jesús sabe con anticipación que los habitantes de Nazareth van a rechazarlo, tal como lo ha escrito San Juan de una manera más general, diciendo: "A los suyos vino, y los suyos no le recibieron." (Jn. 1:11)


Esto es así porque Jesús no tiene la intención de hacer milagros para comprobar su divinidad: un milagro es una derogación a las leyes de la naturaleza, y Dios no hace ningún milagro en vano, porque aquello que El creó es bueno y perfecto en sí, aunque el hombre y el pecado han corrompido la creación inicial. Por lo tanto, Jesús no cumplirá en Nazareth los mismos prodigios que en Capernaum. Pero aún hay algo más. Jesús, desde el inicio de su predicación, parece que de alguna manera desea dejar su pueblo, el Pueblo judío, de lado, a fin de dar cierta preferencia a los pueblos de naciones paganas. Es lo que sigue de su discurso que nos hace pensar...


" «Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra; Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el Siro.» "


El Hijo de Dios descendió a la tierra y se hizo carne en el seno de la Virgen María para salvar a todos los hombres. Pero quiénes de aquellos eran los más necesitados de la salvación? No son acaso aquellos que aun no tenían vínculo alguno con Dios, el Verdadero, el Unico? El Pueblo judío había sido elegido por Dios para ser su Pueblo: el hecho mismo de ser judío establecía un cierto vínculo con Dios, un vínculo físico. Además, el que no era judío se encontraba privado de esta relación con Dios. Pero cuando el Hijo de Dios descendió a la tierra, el trajo con sí la gracia, un bien divino creado, capaz de establecer entre Dios y todo hombre, toda mujer, un vínculo espiritual. "Porque la ley por Moisés fue dada; mas la gracia y la verdad por Jesucristo nos han llegado." (Jn. 1:17)


De hecho, la gracia de Dios está destinada tanto para los judíos como para las naciones paganas. Los primeros discípulos de Cristo, los apóstoles, eran todos judíos. Lo que Jesús quería no era rechazar a su pueblo, sino que la gracia permanezca con ellos, que el vínculo corporal que ellos podían tener con Dios sea regido por un vínculo de un orden superior, un vínculo espiritual, que es aquel de la gracia. Si Elías fue enviado a una viuda de Sarepta, si Eliseo sanó al sirio Naamán, fue para anunciar la venida de la gracia tan anticipada: aquella del Mesías en persona! Israel fue convocado por el Señor a comprender que, de ahí en más, la gracia espiritual debía regir sobre todo lo corporal.


" Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas; Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. Mas él, pasando por medio de ellos, se fue. "


"¡Alas!" Tres veces "¡Alas!" Los habitantes de Nazareth no quisieron la gracia de Dios... Su conversión no sería para aquellos tiempos... ¿y nosotros, hoy? ¿Cómo reaccionaríamos? ¿Estaríamos dispuestos a recibir la gracia de Dios que nos ayudaría a separarnos de los bienes de este mundo, y sobre todo de nosotros mismos? Por cierto, ya hemos hecho algunos pasos en esa dirección, pero todo aquello en nuestra vida que es material, ¿acaso no nos significa demasiado? Cuando se nos ofrece la gracia de Dios, ¡aceptémosla! Temamos que la gracia de Dios nos pase de lado, y nos vuelva a dejar de lado!


Pidámosle a la santísima Virgen María que eleve nuestro espíritu hacia las realidades de los cielos. Que el Señor nos conceda su gracia para crecer en todas las virtudes, sobre todo aquellas de la fe, de la esperanza, y de la caridad. La gracia de Dios es todopoderosa: he aquí NUESTRA ESPERANZA!