Homilía para el cuarto Domingo de Cuaresma - Año C - Lc. 15:1-3 & 11-32
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Y SE llegaban a él todos los publicanos y pecadores a oirle. Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: «Este a los pecadores recibe, y con ellos come.» Y él les propuso esta parábola.
 
" Y dijo: «Un hombre tenía dos hijos; Y el menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece': y les repartió la hacienda. Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos a una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle a faltar. Y fué y se llegó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase los puercos. Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.»
 
" «Y volviendo en sí, dijo: 'Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, é iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.' Y levantándose, vino a su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle. Y el hijo le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.' Mas el padre dijo a sus siervos: 'Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.' Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: 'Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.' Y comenzaron a regocijarse.»
 
" «Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; Y llamando a uno de los criados, preguntóle qué era aquello. Y él le dijo: 'Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.' Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él respondiendo, dijo al padre: 'He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.' El entonces le dijo: 'Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.'» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Y SE llegaban a él todos los publicanos y pecadores a oirle. Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: «Este a los pecadores recibe, y con ellos come.» Y él les propuso esta parábola. "
 
En este cuarto domingo de Cuaresma, ahora que la Iglesia comienza a regocijarse de la fiesta cercana de la Pascua cantando "Laetare Jerusalem", 'Regocíjate Jerusalén', se propone el evangelio del retorno del hijo pródigo como lectura. Y se trata bien de un evangelio de alegría y de paz, ya que se trata de una conversión verdaderamente profunda y perdurable: la del hijo que regresa a su padre para tirarse a sus pies y pedir perdón de haber malgastado toda su herencia.
 
Todos nosotros tenemos un padre, quizás esté vivo o quizás haya partido de este mundo: tenemos cierta idea de lo que es un padre. Es cierto que algunos de nosotros no hemos podido conocer a nuestro padre, por diversos motivos. Que esas personas, y toda persona, vuelvan sus ojos a este padre lleno de ternura que intenta, pese a su fragilidad humana, inherente a toda criatura, de representar en la tierra la bondad de nuestro Padre celestial: hablo del Papa, ¡aquél que llamamos el Santo Padre!
 
Gracias a Dios que, en Cristo, no somos huérfanos (cf. Jn. 14:18): todos nosotros tenemos un padre en la tierra, para ayudarnos a pensar en aquél celestial. ¿No existe allí otra parábola? ¿Acaso no es esta una imagen tanto o más conmovedora que la parábola del evangelio de hoy? Quizás... ¿Acaso no hay hoy en día en la Iglesia y en el mundo tantos hombres y mujeres, como usted y yo, que se sustrajeron, aunque parcialmente, de la autoridad y al amor de este padre venerado?
 
¿Quién está sin pecado? ¿Quién no ha jamás fallado en su deber de hijo o de hija hacia su padre espiritual, el Papa? Nadie es perfecto. Ni siquiera el Papa es perfecto: ¡él es tan solo la imagen, una semejanza al único Padre perfecto, que reina en los Cielos! Pero debemos tan solo proclamar nuestra fe en Dios Trino para ser sus hijos e hijas. Jesús mismo lo ha dicho: el Espíritu del Padre estaba en Simón Pedro, el primer Papa. "Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos." (Mt. 16:17) En la persona del Papa se ejerce la misma autoridad de Simón Pedro, y todos nosotros somos llamados a reconocerla...
 
Ciertamente, el regreso del hijo pródigo no está siempre bien visto por aquellos y aquellas que siempre permanecieron en la casa del padre... ¿Acaso no se ha constatado tal cosa en ciertas Iglesias cuyos miembros están unidos a la Santa Sede mientras que otros se encuentran separados? El diálogo ecuménico no siempre encuentra buena recepción entre los que permanecieron unidos al Papa - ¿Es esto justo, o equivocado? (nadie es perfecto...) ¡Estos están en cierta medida un poco celosos de que el padre ha matado el becerro grueso por el hijo pródigo!
 
" Y dijo: «Un hombre tenía dos hijos; Y el menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece': y les repartió la hacienda. Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos a una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.» "
 
Si en esta parábola el hijo menor ha podido pedir su parte de la herencia al padre, ¿podemos nosotros también pedir a Dios nuestra parte de la herencia? ¡No, para nada! La herencia que nos ha sido prometida en la vida eterna, y cuya primicia gozamos aquí en la tierra, no es un bien que se puede demandar. ¡Al contrario, se trata de un bien que se recibe, y que se recibe gratuitamente, por gracia! Dios es un Padre pleno de ternura que quiere salvar a todo hombre y toda mujer que El ha creado en su Amor. Pero esta gracia de Salvación la da Dios a buen tiempo, y en Su tiempo. Confiemos en El: ¡El no esperará hasta que hayamos muerto para darnos esta gracia! El nos la dará cuando querrá: y quedará a cargo nuestro de recibirla con fe y amor en el tiempo oportuno...
 
" «Y volviendo en sí, dijo: 'Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, é iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.'» "
 
El tiempo de la gracia por fin ha arribado: "volviendo en sí..." Esta gracia de conversión le permite comprender a este joven lo que es en verdad la condición de hijo, y consecuentemente, comprende también la condición de padre; porque no hay hijo sin padre, y no hay padre sin hijo... "Ya no soy digno de ser llamado tu hijo..." Bien podríamos nosotros decirlo, con la gracia de Dios: nosotros ya no merecemos ser llamados hijos tuyos... porque la gracia de Dios es una luz interior que nos alumbra y nos permite ver, por un lado, la fealdad de nuestro pecado y, por el otro, la belleza de Aquél que es el Bien supremo: ¡Dios, la Belleza por excelencia!
 
" «Y levantándose, vino a su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle. Y el hijo le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.' Mas el padre dijo a sus siervos: 'Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.' Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: 'Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.'» "
 
El camino de regreso a Dios es a veces largo, y muchas veces difícil. Pero cuando nosotros estamos todavía lejos de Dios, si ya una pequeña centella surge en nuestra alma para alumbrar, por gracia, el amor de Dios, nuestro Padre celestial la ve inmediatamente y nos ayuda con su mirada llena de bondad a retornar al justo camino que conduce a El: "Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle." No, aquél que vuelve hacia Dios no será desilusionado: ¡Dios es más grande que nuestro corazón!
 
En toda esta bella historia, no hemos dicho una palabra de la madre de estos dos hijos... ¿Cómo habrán venido al mundo sin una madre? Es justamente porque se trata de una bella historia, una parábola, una imagen para hacernos comprender la realidad de las cosas. En la Iglesia, nosotros tenemos un padre en común: El Papa. Pero todos nosotros también tenemos una madre en común: la Santísima Virgen María. Sin embargo, María es la Esposa del Espíritu Santo: en este sentido, María es en cierta medida "espíritu", como su esposo, y por lo tanto invisible...
 
La Santísima Virgen María vela sobre nosotros, sobre la Iglesia, y sobre el mundo entero: confiémosle la conversión de todos los hombres, por la gracia de Jesús-Eucaristía!