Homilía para el tercer Domingo de Pascua - Año C - Jn. 21:1-19
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Después se manifestó Jesús otra vez a sus discípulos en la mar de Tiberias; y manifestóse de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, llamado al Dídimo, y Natanael, el que era de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Díceles Simón: «A pescar voy.» Dícenle: «Vamos nosotros también contigo.» Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada. Y venida la mañana, Jesús se puso a la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesús. Y díjoles: «Mozos, ¿tenéis algo de comer?» Respondiéronle: «No.» Y él les dice: «Echad la red a la mano derecha del barco, y hallaréis.» Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces. Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo a Pedro: «El Señor es.» Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse a la mar. Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces. Y como descendieron a tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Díceles Jesús: «Traed de los peces que cogisteis ahora.» Subió Simón Pedro, y trajo la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió. Díceles Jesús: «Venid, comed.» Y ninguno de los discípulos osaba preguntarle: «¿Tú, quién eres?» sabiendo que era el Señor. Viene pues Jesús, y toma el pan, y les da; y asimismo del pez. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos.
 
" Y cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?» Dícele: «Sí, Señor, tú sabes que te amo.» Dícele: «Apacienta mis corderos.» Vuélvele a decir la segunda vez: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?» Respóndele: «Sí, Señor, tú sabes que te amo.» Dícele: «Apacienta mis ovejas.» Dícele la tercera vez: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?» Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: «¿Me amas?» y dícele: «Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo.» Dícele Jesús: «Apacienta mis ovejas. De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.» Y esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Despés se manifestó Jesús otra vez a sus discípulos en la mar de Tiberias; y manifestóse de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, llamado al Dídimo, y Natanael, el que era de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Díceles Simón: «A pescar voy.» Dícenle: «Vamos nosotros también contigo.» Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada. "
 
Celebrando el tiempo pascual, la Iglesia nos da, entre otras cosas, la ocasión de revivir este período de cuarenta días que separó la Resurrección de Cristo de su Ascensión al Cielo. Fue para los Apóstoles un período privilegiado durante el cual Jesús resucitado se quedó entre nosotros, no siempre de una manera visible, como durante las apariciones del Señor, sino más bien de una manera misteriosa, espiritual, a veces visible y a veces no. No obstante, lo que la Iglesia nos hace revivir de una manera litúrgica durante un momento, nosotros podemos vivirlo y probarlo durante nuestra vida terrena, día tras día, año tras año.
 
¡Jesús está siempre con nosotros! ¡He allí nuestra alegría! ¡He allí nuestra Pascua diaria! ¡He allí nuestra vida en la alegría del Espíritu! Porque Jesús lo ha dicho: "Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." (Mt. 28:20) Recordando esto es fuente de alegría y de bondad: esta memoria, este memorial del Señor, que se vuelve sacramental en la Eucaristía, ¿no es esto una verdadera aparición del Señor? Porque Jesús puede parecer a sus discípulos de una manera misteriosa y real mediante su gracia, por el don de su Espíritu, tal como apareció en cuerpo y en verdad a sus Apóstoles, a orillas del lago Tiberias...
 
" Y venida la mañana, Jesús se puso a la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesús. Y díjoles: «Mozos, ¿tenéis algo de comer?» Respondiéronle: «No.» Y él les dice: «Echad la red a la mano derecha del barco, y hallaréis.» Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces. Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo a Pedro: «El Señor es.» "
 
Esta aparición de Jesús es característica, porque se trata de una escena que ya había transcurrido antes de la muerte y la resurrección del Señor. Recordemos en efecto de esta otra pesca milagrosa: "Y como cesó de hablar, dijo a Simón: «Tira a alta mar, y echad vuestras redes para pescar.» Y respondiendo Simón, le dijo: «Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.» Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía." (Lc. 5:4-6 -- Ver la homilía para el quinto domingo del año, Año C) Pero estas dos pescas milagrosas difieren entre ellas, porque en la última, Jesús, el Señor, ¡muere y resucita!
 
" Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse a la mar. Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces. Y como descendieron a tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Díceles Jesús: «Traed de los peces que cogisteis ahora.» Subió Simón Pedro, y trajo la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió. "
 
Este pasaje de la muerte y resurrección de Cristo se manifiesta en lo siguiente: Aun pese a la gran cantidad de peces obtenida, la red no se ha roto para nada después de la resurrección ("La red no se rompió" - Jn. 21:11), mientras que se rompieron antes de la resurrección ("que su red se rompía" - Lc. 5:6) Desde la primera pesca milagrosa, Jesús dijo a Simón-Pedro: "No temas: desde ahora pescarás hombres." (Lc. 5:10) El Señor comparaba así a los hombres y mujeres de todo pueblo y nación, a aquellos peces que Pedro acababa de pescar. Tal asimilación fue tal que, desde los primeros años de cristianismo, el símbolo del pez era el medio oculto de significar la pertenencia a Cristo. De siglo a siglo, aquella asimilación perdura a tal punto que así llamamos al anillo que usa el Papa para sellar decretos y ordenanzas: El Anillo del Pescador.
 
Sin equívoco posible, los peces que Simón pescó antes como después de la resurrección del Señor, ¡son ciertamente hombres, al menos de manera simbólica, mística! Entonces, si la red no se rompió después de la resurrección, es para mostrar que los hombres rescatados por Simón-Pedro son y estarán bien unidos por la buena voluntad del Señor que ordena esta pesca milagrosa. Por la gracia de la muerte y la resurrección de Cristo, es decir por nuestro bautismo en su muerte y resurrección, nosotros, Cristianos, viviendo ante la presencia misteriosa de Jesús, ¡somos llamados por Pedro a vivir en la unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad! ¡Si hay una gracia de Resurrección, es aquella de la unidad de todos los cristianos! Y si hay un signo inequívoco que nos anunciará el retorno de Jesús resucitado, será propiamente la realización perfecta de la unidad de todos aquellos que existen en Cristo y que viven en El, y El en ellos: "Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." (Mt. 28:20)
 
" Y cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?» Dícele: «Sí, Señor, tú sabes que te amo.» Dícele: «Apacienta mis corderos.» Vuélvele a decir la segunda vez: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?» Respóndele: «Sí, Señor, tú sabes que te amo.» Dícele: «Apacienta mis ovejas.» Dícele la tercera vez: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?» Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: «¿Me amas?» y dícele: «Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo.» Dícele Jesús: «Apacienta mis ovejas.» "
 
Nosotros lo sabemos: Jesús a sido entregado a los romanos por los Judíos, y Pedro negó a su Maestro tres veces: "Y le dice Jesús: «De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.»" (Mc. 14:30) Pedro ha siempre lamentado esta triple negación: él le pidió perdón al Señor sinceramente y, por su inmensa misericordia, Cristo lo perdonó y le pidió a Pedro tres veces que lo amara verdaderamente. Es verdad: Pedro fue perdonado. Por lo tanto, Pedro no dejó durante toda su vida de llorar amargamente esta triple falta. Cada vez que un gallo cantaba, el recuerdo de la falta lo hacía llorar...
 
Si Pedro llora así su pecado, es porque su ministerio de Vicario de Cristo y de Jefe de la Iglesia se basa sobre su triple profesión de amor hacia Jesús; a orillas del lago Tiberias, cada vez que Pedro dice a Jesús que lo ama, Jesús responde a Pedro diciéndole: "Apacienta mis corderos... apacienta mis ovejas." El Señor confirma así la autoridad de Pedro sobre toda la Iglesia hasta el fin de los siglos. Pero al mismo tiempo, Jesús quiere que Pedro recuerde para siempre el peligro que corre y la tentación que ha ya sufrido y en la cual desgraciadamente cayó: aquella de abandonar a su Maestro y de renunciar a su mandato.
 
" «De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.» Y esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. "
 
Jesús anuncia a Pedro que ha de morir crucificado, como Él. ¿Pero qué importa? ¡Jesús está con él! ¡Jesús resucitado vive y permanece en él, mediante su Espíritu Santo! Ya durante toda su vida, Pedro lleva su cruz y muere cada día en aquel madero de súplica, pero es en la alegría que viene del Espíritu que él lleva a cabo la responsabilidad que el Señor le ha confiado: ¡la de ser pescador de hombres! Esta es una carga pesada, por cierto, pero es también noble y gloriosa!
 
Viviendo con toda la Iglesia, y principalmente con Pedro y los Apóstoles, ¡la Santísima Virgen María está presente para socorrer a todos aquellos que son sus hijos! Si Cristo está aquí, entre nosotros mediante su Espíritu, por intercesión de María, Ella que es la Esposa del Espíritu Santo, ¿No estará ella misteriosamente presente con nosotros y entre nosotros? ¡Rezémosle con fervor, para que la gracia de la Resurrección del Señor se difunda siempre más en la Iglesia y en el mundo entero!