Homilía para el tercer Domingo de Cuaresma - Año C - Lc. 13:1-9
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. Y respondiendo Jesús, les dijo: «¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos? No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.»
 
" Y dijo esta parábola: «Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra? El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole. Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. Y respondiendo Jesús, les dijo: «¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos? No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.» "
 
En este tiempo de cuaresma intentamos purificar nuestro cuerpo y espíritu en preparación para la fiesta de Pascua, para poder recibir en abundancia los frutos de la Redención del Señor. Semana tras semana, en su evangelio, Jesús invita a todos los hombres y mujeres a la penitencia y a la conversión del corazón. Cuanto más avanzamos en el tiempo, más se hace sentir el rigor del juicio. Porque la fiesta de Pascua es, de hecho, la fiesta de la Resurrección del Señor, ¡pero es sobre todo la fiesta de nuestra propia resurrección en Cristo!
 
¡Quien dice resucitar en Cristo, dice también pasar por el juicio de Dios! De hecho, el tiempo de cuaresma es el tiempo de vida de la Iglesia: los cuarenta días de penitencia son los días dados a la Iglesia para prepararse al encuentro con Jesús resucitado, el Señor de los Señores, El, que es "Alfa y Omega" (Ap. 21:6), el Esposo que debe regresar en el fin de los tiempos. Como dice San Pablo, en la segunda lectura de este día, los miembros de la Iglesia somos "nosotros quienes llegamos hasta el fin de los tiempos" (1 Cor. 10:11).
 
¡La justicia de Dios se manifiesta siempre, mas ella nos parece a veces "injusta"! Jesús mismo parece insinuarlo cuando dice, "¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?" Y El responde a su propia pregunta con un "No." Jesús afirma, aparentemente, que no existe relación alguna entre el mal y los pecados que aquella gente ha cometido durante su vida y el fin trágico y doloroso que han sufrido, habiendo Dios permitido tal cosa.
 
De hecho, Jesús nos justifica la desproporción entre las faltas y el castigo: "si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente." Es decir que la desdicha que ha golpeado a aquella gente sirva de ejemplo para ustedes que hoy me escuchan. Para Jesús - y es éste el signo de sus enseñanzas - todos los hombres y todas las mujeres son solidarios tanto en el bien como en el mal: ¡lo que cualquier individuo hace de bien o de mal nos beneficia o perjudica a todos nosotros! Tampoco es sorprendente ver tales gentes agobiadas de desdichas que no se merecen, pero que las sufren por un justo designio de Dios, que quiere la salvación de todos los hombres, sean quienes sean.
 
Todos formamos un solo cuerpo, no solamente en la Iglesia sino en el mundo entero: hombres, mujeres y niños de todas las edades y todas las culturas, todos son hombres y criaturas de Dios, honrando al Señor con la gloria que El merece. Algunos sufren demasiado, y otros menos. ¿Es esto injusto? ¡No, lo que es injusto, a partir del pecado original, es el pecado del hombre! Creámosle. Por otra parte, el Señor insiste, presentando otro ejemplo: "O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo."
 
" Y dijo esta parábola: «Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra? El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole. Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.» "
 
He aquí una parábola interesante. Un hombre, el Hijo del Hombre (Jesús), viene a ver hace ya tres años seguidos si su higuera da fruto. El viñero le propone al hombre de esperar un cuarto año, siendo el cuarto el corriente año. Hace entonces más o menos tres años y medio que el hombre espera ver un día algún fruto de su higuera. Tres años y medio... Un período en el cual Jesús recuerda que vino a Nazareth para intentar de convencer a sus conciudadanos de que El es el Mesías tan esperado: "Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra." (Lc. 4:25)
 
Este período de tres años se encuentra frecuentemente en la Biblia, siempre de una manera profética, para anunciar los tiempos de prueba (cf. Dan. 7:25; Ap. 11:2-3; 12:14; y 13:5). Se trata de un tiempo preciso, como lo dice la palabra de Jesús, no de un tiempo relativo y simbólico. No obstante, aunque se trate de un tiempo de prueba, no es un tiempo de ocio y de pereza. Al contrario, Jesús nos cuenta en su parábola que el viñero pide de esperar hasta que él "excave, y estercole" la higuera (Lc. 13:8). Así, el viñero bien espera que la higuera de fruto al cuarto año...
 
Un día vendrá, y quizás ya ha venido, donde este período de tres años sobrevendrá en nuestra vida. Aquél no será el tiempo de descansar, sino de trabajar, y de dar frutos! Porque al cabo de cuatro años, el Señor hará cortar la higuera estéril... Un día llegará también donde la Iglesia toda vivirá tiempos de prueba, tal como fue anunciado en el libro del Apocalipsis (cf. Ap. 13:1-8). ¡Aquél será el tiempo de excavar y estercolar, para que cara árbol, cada hombre dé frutos para la gloria de Dios y la salud del mundo!
 
¡Nuestra resurrección en el Señor está próxima! ¡Pronto, nuestra Madre, la Santísima Virgen María, nos conducirá a su hijo divino, para que podamos compartir su gloria! Pero la Resurrección y la Gloria pasan por la prueba y por el sufrimiento voluntariamente aceptados en el amor: ¡que María nos conceda esta gracia de la caridad ante toda prueba!