Homilía para el trigésimo tercer Domingo del Año - Año C - Lc. 21:5-19
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Como algunos estaban hablando del Templo, con sus hermosas piedras y los adornos que le habían sido regalados, Jesús les dijo: «Mírenlo bien, porque llegarán días en que todo eso será arrasado y no quedará piedra sobre piedra.»
 
" Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso, y qué señales habrá antes de que ocurran esas cosas?» Jesús contestó: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar; porque muchos usurparán mi nombre y dirán: 'Yo soy el Mesías, el tiempo está cerca.' No los sigan. No se asusten si oyen hablar de guerras y disturbios, porque estas cosas tienen que ocurrir primero, pero el fin no llegará tan de inmediato.»
 
" Entonces Jesús les dijo: «Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en diversos lugares. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo. Pero antes de que eso ocurra los tomarán a ustedes presos, los perseguirán, los entregarán a los tribunales judíos y los meterán en sus cárceles. Los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre, y ésa será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preocuparse entonces por su defensa. Pues yo mismo les daré palabras y sabiduría, y ninguno de sus opositores podrá resistir ni contradecirles. Ustedes serán entregados por sus padres, hermanos, parientes y amigos, y algunos de ustedes serán ajusticiados. Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Con todo, ni un cabello de su cabeza se perderá. Manténganse firmes y se salvarán.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Como algunos estaban hablando del Templo, con sus hermosas piedras y los adornos que le habían sido regalados, Jesús les dijo: «Mírenlo bien, porque llegarán días en que todo eso será arrasado y no quedará piedra sobre piedra.» Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso, y qué señales habrá antes de que ocurran esas cosas?» "
 
Hoy la Iglesia celebra el trigésimo tercer domingo del año. Pronto se acerca el fin del año litúrgico: el próximo domingo, celebraremos la fiesta de Cristo rey, y dentro de dos semanas empezará el año litúrgico 2008. De esta forma, el año litúrgico se presenta como un ciclo completo; un tiempo durante el cual la Iglesia revive toda la historia de la Salvación en Jesucristo. Es la razón por la cual, en este fin de ciclo, las lecturas del día nos hablan del fin de la historia humana y de la Vuelta del Señor al final de los tiempos.
 
¿Es útil e importante hablar del fin de los tiempos? Si el mismo Jesús ha hablado de ello, que nadie dude que la cuestión tiene su importancia. Y sin embargo, hablar del fin de los tiempos es como hablar del fin de nuestra vida, o sea de nuestra muerte... ¿Tenemos ganas generalmente de hablar de un tema semejante? No lo creo... Para muchos, la muerte, es para mas tarde, pero no para hoy... ¡Es tan verdadero esto aunque la muerte nos implique sin ninguna duda la felicidad del Cielo! ¡Estamos todos tan atados a la vida!
 
Hace muchos años, hubo un tiempo en el que la sociedad no estaba tan secularizada como hoy, y alguien deseó a una señora de edad ya avanzada los mejores votos para el nuevo año, finalizando su frase con un "...¡y además le deseo el Paraíso para el fin de sus días!" Y la señora exclamó: "¡No me hable de desgracias!" Desgraciadamente es una historia verdadera... ¿Pero no somos nosotros mismos un poco como esa señora? ¿Tenemos un deseo real y fuerte de ir al Cielo? ¿Nos gusta verdaderamente oír hablar del fin de nuestra vida?
 
" Jesús contestó: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar; porque muchos usurparán mi nombre y dirán: 'Yo soy el Mesías, el tiempo está cerca.' No los sigan. No se asusten si oyen hablar de guerras y disturbios, porque estas cosas tienen que ocurrir primero, pero el fin no llegará tan de inmediato.» "
 
Este pasaje debe asociarse con este otro de San Mateo: "Entonces, si alguien les dice: 'Miren, el Mesías está aquí o está allá,' no le crean. Porque se presentarán falsos Mesías y falsos profetas, que harán cosas maravillosas y prodigios capaces de engañar, si fuera posible, aun a los elegidos de Dios. Miren que yo se lo he advertido de antemano." (Mt. 24:23-24) En efecto: ¡cuándo vuelva el Señor Jesús, nadie o casi nadie lo esperará! Porque el Cristo vendrá como un ladrón, sorprendiendo a un montón de gente que no lo estará esperando. San Pablo recomienda, en efecto, a los cristianos que vivan en espera del Señor para que su venida no los sorprenda como la llegada de un ladrón: "Pero ustedes, hermanos, no andan en tinieblas, de modo que ese día no los sorprenderá como hace el ladrón. Todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día: no somos de la noche ni de las tinieblas. Entonces no durmamos como los demás, sino permanezcamos sobrios y despiertos." (1 Tes. 5:4-6)
 
Por otra parte, en ese momento, no será necesario ir de aquí para allá para ver al Señor resucitado. Ciertamente, el Cristo estará en un lugar preciso cuando sea el momento de su segunda venida. ¡Pero lo más importante es que este en nosotros! Dado que, si Jesús esta en nosotros por su gracia, entonces nosotros lo veremos en nosotros mismos, puesto que lo que nosotros ya somos, es decir el Cuerpo de Cristo, se manifestará a los ojos de todos. San Juan nos dice en efecto: "Amados, a pesar de que ya somos hijos de Dios, no se ha manifestado todavía lo que seremos; pero sabemos que cuando él aparezca en su gloria, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es." (1 Jn. 3:2) Si Jesús esta en nosotros, y nosotros podremos verlo en nosotros cuando vuelva, es porque durante nuestra vida habremos podido comulgar dignamente su Cuerpo y su Sangre en el sacramento de la Eucaristía: "El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día." (Jn. 6:54)
 
" Entonces Jesús les dijo: «Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en diversos lugares. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo. Pero antes de que eso ocurra los tomarán a ustedes presos, los perseguirán, los entregarán a los tribunales judíos y los meterán en sus cárceles. Los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre, y ésa será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí.» "
 
Hoy, como ayer y como mañana, la Iglesia vive siguiendo el camino del Señor: cada día el cristiano esta invitado a llevar su Cruz para seguir a Jesús en el camino que conduce al Cielo. ¡No esta el discípulo por encima de su Maestro! Si el Señor Jesús pasó por la prueba de la Cruz, la Iglesia también esta llevada a pasar por esa prueba. Es por lo que Jesús dice: "ésa será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí." Pero precisamente, si la Iglesia marcha a continuación de Jesucristo, ella ya ha resucitado con Cristo: ¡es fortalecida por esa esperanza gracias a la cual puede dar dignamente testimonio de su fe y de su amor en el Salvador de los hombres!
 
" «Tengan bien presente que no deberán preocuparse entonces por su defensa. Pues yo mismo les daré palabras y sabiduría, y ninguno de sus opositores podrá resistir ni contradecirles. Ustedes serán entregados por sus padres, hermanos, parientes y amigos, y algunos de ustedes serán ajusticiados. Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Con todo, ni un cabello de su cabeza se perderá. Manténganse firmes y se salvarán.» "
 
Esas palabras del Señor se aplican a todos los tiempos y a todas las persecuciones que la Iglesia tuvo que padecer a lo largo de los tiempos. Pero para la última lucha, el último combate al que se llama "agonía" parece que la lucha se plantea, a partir de los dichos del Señor, en el ámbito de las ideas y de las palabras, y no tanto en el de los malos tratos corporales, aunque algunos deban morir de ellos. Jesús nos asegura en efecto: "Con todo, ni un cabello de su cabeza se perderá." Así, los elegidos de Dios, los que habrán confiado en el Señor y en su Espíritu Santo, esos estarán comprometidos en una justa espiritual e intelectual, inclusive hasta en una guerra psicológica de la que saldrán vencedores gracias a la Sabiduría misma de Dios que los acompañará.
 
"Manténganse firmes y se salvarán." ¡Aguanten, dice el Señor! ¡No se descorazonen! ¡Si yo he vencido, el primero, ustedes vencerán!
 
¡Que la Santísima Virgen Maria vele sobre la Iglesia, tanto hoy como mañana! ¡Que nuestra comunión de hoy sea nuestra fuerza y nuestra salvación!