Homilía para el trigésimo segundo Domingo del Año - Año C - Lc. 20:27-38
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Esta gente niega que haya resurrección, y por eso le plantearon esta cuestión: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si un hombre tiene esposa y muere sin dejar hijos, el hermano del difunto debe tomar a la viuda para darle un hijo, que tomará la sucesión del difunto. Había, pues, siete hermanos. Se casó el primero y murió sin tener hijos. El segundo y el tercero se casaron después con la viuda. Y así los siete, pues todos murieron sin dejar hijos. Finalmente murió también la mujer. Si hay resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa esta mujer, puesto que los siete la tuvieron?»
 
" Jesús les respondió: «Los de este mundo se casan, hombres y mujeres, pero los que sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de resucitar de entre los muertos, ya no toman marido ni esposa. Además ya no pueden morir, sino que son como ángeles. Son también hijos de Dios, por haber nacido de la resurrección.»
 
" «En cuanto a saber si los muertos resucitan, el mismo Moisés lo dio a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. El no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por él.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Esta gente niega que haya resurrección... "
 
Cinco días antes de su resurrección de entre los muertos, Jesús es interrogado por unos miembros de la secta de los Saduceos, hombres religiosos quizás, pero que no creían en la resurrección de los cuerpos. Jesús, el Salvador de los hombres, acababa de resucitar a Lázaro algunos días antes, diciendo en esa ocasión: "Yo soy la resurrección y la vida." (Jn. 11:25) Lo que significa que en el pensamiento de Jesús, la resurrección estaba muy presente: ¡el ya la vivía! Para esos Saduceos, el momento estaba realmente mal elegido para tratar de negar la resurrección... O más bien, el Maligno, el Demonio, el enemigo de la naturaleza humana, el ángel de las tinieblas y de la muerte eterna había elegido bien la ocasión para tratar de descorazonar al Salvador, que estaba a punto de vencerlo...
 
" ... y por eso le plantearon esta cuestión: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si un hombre tiene esposa y muere sin dejar hijos, el hermano del difunto debe tomar a la viuda para darle un hijo, que tomará la sucesión del difunto. Había, pues, siete hermanos. Se casó el primero y murió sin tener hijos. El segundo y el tercero se casaron después con la viuda. Y así los siete, pues todos murieron sin dejar hijos. Finalmente murió también la mujer. Si hay resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa esta mujer, puesto que los siete la tuvieron?» Jesús les respondió: «Los de este mundo se casan, hombres y mujeres, pero los que sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de resucitar de entre los muertos, ya no toman marido ni esposa.» "
 
Si, durante la vida sobre la tierra, una mujer se casa sucesivamente con varios hombres que mueren uno tras otro sucesivamente, o al revés, si un hombre se casa sucesivamente varias mujeres, resulta claro que si " ... los que sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de resucitar de entre los muertos," tendrán entre ellos relaciones afectivas particulares, como en el caso de simples parejas constituidas por un solo hombre y una sola mujer. Pero, sea lo que sea, hay otra cosa que Jesús quiere hacer comprender a sus contradictores, y también hoy a nosotros.
 
En efecto, si la resurrección de los cuerpos es importante y absolutamente esencial para la felicidad eterna de los hombres y las mujeres que Dios ha creado en su Amor, esta Resurrección de los cuerpos no tiene por fin primero la glorificación de la persona así resucitada en cuerpo y alma, sino la Gloria del mismo Cristo, Cabeza y Jefe de la Iglesia, su Cuerpo místico. La Resurrección de los cuerpos está destinada antes que nada a la glorificación de lo que San Agustín llama el "Cristo Total", es decir, la unión de Cristo y de la Iglesia.
 
¡Así, todos los que sean resucitados en cuerpo y alma para la vida eterna estarán enteramente vueltos hacia el Señor: todo su ser, cuerpo y alma, será para la Gloria de Cristo, y en consecuencia para la gloria de Dios! Es por lo que agrega Jesús: "Además ya no pueden morir, sino que son como ángeles. Son también hijos de Dios, por haber nacido de la resurrección." Ninguna criatura podrá jamás desviar de Dios a cada uno de los elegidos que estarán en el Cielo: ¡ni ellos mismos, ni su propio cuerpo, ni ningún ser podrá desviarlos de Dios! ¡Una solo cosa cuenta para los hombres y mujeres resucitados en cuerpo y alma: el Cuerpo de Cristo!
 
" «En cuanto a saber si los muertos resucitan, el mismo Moisés lo dio a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. El no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por él.» "
 
Jesús cita las palabras de Dios a Moisés: "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob." (Ex. 3:6) Jesús cita esas palabras, no solamente para tratar de convencer a los Saduceos, sino sobre todo para manifestar su deseo de su propia Resurrección, que tendrá lugar en cinco días... ¡Jesús esta a tres días de su Pasión y de su muerte: pensar en su propia Resurrección es para el la manera mas poderosa de reconfortarse! ¡Pero decirlo y proclamarlo, hace más firme también su confianza en la "Todo-Poderosidad" de su Padre que está en los cielos!
 
¡Nosotros también, que vivimos hoy en la espera de nuestra propia Resurrección, no dudemos en proclamar nuestra fe en la Vida Eterna! ¡Vivamos en el deseo de ver un día al Señor Jesús, a El, la Cabeza, el Jefe de un cuerpo tan grande como es su Iglesia, cara a cara! ¡Preparemos nuestra propia Resurrección, proclamemos nuestra fe en Jesús resucitado, fuente de toda Vida y de toda Resurrección! ¡Hoy mismo, preparémonos a recibir el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, y pidamos a la muy Santa Virgen María que prepare nuestro corazón para recibir a Jesús para la gloria de Dios, en la unidad perfecta del Cuerpo de Cristo resucitado!