Homilía para el segundo Domingo del Año - Año C - Jn. 2:1-12


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Tres días después hubo una boda en Caná de Galilea en la que estaba la madre de Jesús. Invitaron también a la boda a Jesús y a sus discípulos. Se terminó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le contestó: «¿A ti y a mí qué, mujer? Mi hora todavía no ha llegado.» Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra de unos cien litros cada una para los ritos de purificación de los judíos. Jesús les dijo: «Llenad de agua las tinajas.» Y las llenaron hasta arriba. Añadió: «Sacad ahora y llevádselo al maestresala.» Y se lo llevaron. Tan pronto como el maestresala probó el agua convertida en vino (Sin saber de dónde era, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio y le dijo: «Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora.»


" Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus milagros, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. Después fue a Cafarrnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos; pero estuvieron allí sólo unos días. "




Homilía:


" Tres días después hubo una boda en Caná de Galilea en la que estaba la madre de Jesús. Invitaron también a la boda a Jesús y a sus discípulos. "


El episodio de la vida de Jesús presente en las bodas que tuvieron lugar en el pueblo de Caná es muy conocido. ¿Quien no ha oído hablar del milagro del agua convertida en vino? Es pues, según las mismas palabras de San Juan, el primero de los milagros de Jesús: "Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus milagros." (Jn. 2:11) ¿Pero que significa exactamente: "Jesús comenzó sus milagros..."? ¿Un milagrito, para ver si funciona? ¿Una pruebecita no demasiado espectacular por si acaso? Nada de eso. Ni mucho menos. Pensar que Jesús podría fallar un milagro sería hacía el Señor la peor de las injurias.


No, Jesús no puede fallar ningún milagro. Es verdad que nunca antes los hizo, incluso si algunos evangelios apócrifos juegan a inventarnos cantidades de milagros que Jesús hubiera cumplido durante su infancia. Antes de realizar su primer milagro, Jesús sabe, guiado por el Espíritu Santo que favorece la comunicación entre el Verbo de Dios y Jesús Hombre, que el milagro es para él una cosa absolutamente posible y realizable: Jesús no lo cree, lo sabe.


" Se terminó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le contestó: «¿A ti y a mí qué, mujer? Mi hora todavía no ha llegado.» "


Se ve desde el principio que, este primer milagro, Jesús no lo va a realizar enteramente sólo: interviene María, su Madre. Por supuesto, es el Poder Divino de Jesús Hijo de Dios que va a cumplir el milagro y convertir el agua en vino. Pero ese Poder divino quiere que le pidan actuar. María quiere que su hijo puede hacer ahora un milagro y le ruega que lo haga diciéndole simplemente que los invitados a la boda ya no tienen vino. A partir de entonces, cada vez que Jesús haga un milagro, la fe y la oración del hombre habrán invitado al Poder de Dios a manifestarse mediante una derogación de las leyes de la naturaleza, es decir mediante un milagro.


Se ha hablado mucho sobre el nombre que Jesús da a María: "Mujer..." A pesar de toda interpretación al pie de la letra de la palabra "Mujer", hay que tener en cuenta sobre todo que María tiene un lugar privilegiado, único, en la Historia de la Salvación. A la luz de la fe, María, que es ante todo el modelo de la Iglesia, es también, en cierto sentido, todo el cumplimiento y la plenitud del Cuerpo de Cristo: cómo dice claramente San Louis-Marie Grignon de Montfort, si todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo viven en Cristo, con Él, por Él y para Él, entonces todos viven también en María, con Ella, por Ella y para Ella. De la misma manera, como la Iglesia es la Esposa mística de Cristo, María, en tanto que Iglesia, es también la Esposa de Cristo, y es en ese sentido como Jesús aquí, en las bodas de Caná, llama a María "Mujer" y no "Madre". Por otra parte, como el esposo y la esposa son sólo uno, es de esa manera que Jesús entiende realizar su primer milagro: con María, su Madre, y no sin ella.


" Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra de unos cien litros cada una para los ritos de purificación de los judíos. Jesús les dijo: «Llenad de agua las tinajas.» Y las llenaron hasta arriba. Añadió: «Sacad ahora y llevádselo al maestresala.» Y se lo llevaron. Tan pronto como el maestresala probó el agua convertida en vino (Sin saber de dónde era, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio y le dijo: «Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora.» "


Para que Jesús haga su primer milagro, María rogó a su Hijo y le volvió a repetir toda su fe. Pero ¿qué puede María sola? Sola, María se queda en una fiel entre los fieles, siendo la primera de todos. Pero María unida a los demás fieles se convierte en el Cuerpo de Cristo entero, y, de Madre, se convierte en Esposa de Cristo, para obrar con su Hijo, para colaborar, con su fe, en la Obra de Dios. Por eso, María necesita que la ayuden. Dice pues a los servidores: "Haced lo que él os diga." Y los servidores se asociaron a la fe de María por su obediencia a las ordenes de Cristo. ¿La obediencia no hace milagros?


Lo que choca al maestresala cuando prueba el vino que le presentan ahora, hacia el final del banquete, es su calidad: lo encuentra mejor que todos los demás que habían sido servido antes. Verdaderamente, el maestresala está sorprendido por ese cambio de costumbre: "Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora." ¡No es que Jesús haya cometido un error en su entrada en escena como taumaturgo! El Señor lo tiene todo previsto y fue necesario que su primer milagro invite a los hombres al cambio de vida y a la conversión: la tradición de los hombres no es la Tradición de Dios.


" Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus milagros, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. "


¡Ahí va un primer milagro! ¡Ahí va un germen de fe en el alma de los discípulos del Señor! Pronto, el Espíritu Santo bajará sobre los apóstoles y sobre los discípulos. María estará ahí también, en el Cenáculo, en ese día del primer Pentecostés. María habrá rezado con ellos para que el Poder del Padre, que había ya venido a ella el día de la Anunciación, se extienda sobre los discípulos de su Hijo y les permita realizar a ellos también sus primeros milagros. En verdad, los discípulos del Señor creyeron en Él y ayudaron a María su Madre para que, por Ella y con Ella, la Iglesia naciera, para crecer sin parar hasta la plenitud de los tiempos.


María necesita de cada uno de nosotros para colaborar en la Obra de su Hijo; no dudemos en creer profundamente y en rezar con perseverancia para que el Reino de Dios llegue y que la Gloria del Señor se expanda por todo el Universo.