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Homilía para el
vigésimo noveno Domingo del Año - Año C - Lc.
18:1-8
por el
Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Jesús les
mostró con un ejemplo que debían orar siempre, sin
desanimarse jamás: «En una ciudad había un juez que
no temía a Dios ni le importaba la gente. En la misma ciudad
había también una viuda que acudía a él
para decirle: Hazme justicia contra mi adversario. Durante bastante
tiempo el juez no le hizo caso, pero al final pensó: Es cierto
que no temo a Dios y no me importa la gente, pero esta viuda ya me
molesta tanto que le voy a hacer justicia; de lo contrario
acabará rompiéndome la cabeza.» Y el Señor
dijo: «¿Se han fijado en las palabras de este juez malo?
¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos, si claman a
él día y noche, mientras él deja que esperen? Yo
les aseguro que les hará justicia, y lo hará pronto. Pero
cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la
tierra?» "
Homilía:
" Jesús les
mostró con un ejemplo que debían orar siempre, sin
desanimarse jamás. "
¡En
esta Jornada mundial de la Misión, sean bienvenidas algunas
palabras de Jesús sobre la oración! Dado
que la oración es el mejor medio para favorecer el avance de
la Misión universal de la Iglesia! ¡Volvámonos
a Dios y hacia Cristo por medio de la oración!
Jesús dijo: "Hay que
rezar siempre sin descorazonarse nunca", lo que no es un mandamiento
obligatorio sino un consejo. ¡Cuándo no tengamos nada que
hacer, recemos! ¡Hay tantos momentos en nuestra jornada en que
estamos desocupados: si andamos en automóvil, hay momentos en
que tenemos que parar, que nos impacientan y que son momentos propicios
para rezar; si viajamos en autobús o en subterráneo,
allí también: ¡cuánto tiempo libre para
rezar! El que es ingenioso encuentra siempre tiempo para hacer lo que
quiere: ¿por qué entonces no consagrar ese ingenio a
encontrar tiempo para rezar? Es inútil decir largas oraciones:
¡muchas preces cortas bien valen una larga oración!
" «En una ciudad
había un juez que no temía a Dios ni le importaba la
gente. En la misma ciudad había también una viuda que
acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi
adversario. Durante bastante tiempo el juez no le hizo caso, pero al
final pensó: Es cierto que no temo a Dios y no me importa la
gente, pero esta viuda ya me molesta tanto que le voy a hacer justicia;
de lo contrario acabará rompiéndome la cabeza.» "
Jesús cuenta
entonces una parábola destinada a dar ánimo a todos los
que creen en él para perseverar en la oración, hasta -
que por ella - sean recibidos favorablemente. No es la primera vez que
el Señor cuenta una parábola de este tipo. Recordemos la
del hombre que viene a golpear la puerta de su amigo, en plena noche,
para pedirle unos panes para alimentar a visitantes imprevistos. El
Señor concluye esa parábola diciendo: "Yo les digo:
aunque el hombre no se levante para dárselo porque usted es
amigo suyo, si usted se pone pesado, al final le dará todo lo
que necesita." (Lc. 11:8)
" Y el Señor dijo:
«¿Se han fijado en las palabras de este juez malo?
¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos, si claman a
él día y noche, mientras él deja que esperen? Yo
les aseguro que les hará justicia, y lo hará
pronto.» "
¡El contraste es
sorprendente, y es eso lo que debe motivar a los hijos de Dios para
rezar a su Padre que esta en los Cielos! ¡Porque si un juez malo,
que hace justicia con parcialidad, termina pronunciando un fallo a
favor de esa viuda, entonces hay que creer de un modo absoluto y sin
hesitación alguna, que Dios, nuestro Padre de todos,
recibirá favorablemente nuestra oración y nos
reconocerá en justicia como sus hijos adoptivos! ¡Pongamos
en Dios toda nuestra CONFIANZA! Aún si Dios no recibe
favorablemente ni hoy ni mañana nuestra oración,
¡creamos que él es el único Todopoderoso y que
jamás nos abandonara si perseveramos en creer y esperar en
él!
¡Dios es BUENO!
¡Él es el Amor! ¡El ya esta en nosotros! Solamente
que no lo vemos... ¡Debemos creer que esta aquí!
¡Creer siempre! ¡Perseverar en la fe hasta el final, hasta
el fin de nuestra vida! No hay otra cosa que hacer... ¡Rezar para
creer siempre y creer para rezar siempre! Hasta el final... Sin
cansarse jamás... Día tras día, semana tras
semana, año tras año. Porque al final, nos espera la
Gloria del Paraíso, que será el fruto de nuestra larga y
paciente perseverancia en la fe!
" «Pero cuando venga
el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la
tierra?» "
La víspera de su
Pasión, Jesús dijo a Simón Pedro: "... pero yo he
rogado por ti para que tu fe no se venga abajo." (Lc. 22:32) Hay
allí un elemento de respuesta a la pregunta planteada
aquí por el Señor: "... cuando venga el Hijo del Hombre,
¿encontrará fe sobre la tierra?" Porque Pedro y la
Iglesia no constituyen sino una sola cosa: son el mismo y único
misterio, el del Cuerpo místico de Cristo. ¡Sí,
Jesús encontrará la fe sobre la tierra cuando vuelva,
porque ha REZADO por Simón Pedro, y en consecuencia por toda la
Iglesia! ¡Y la clave del problema es siempre la misma: la
ORACIÓN!
Pongamos en Dios toda
nuestra confianza, y sin ninguna duda, más temprano o más
tarde, él recibirá favorablemente nuestra oración.
¡Pidamos a la muy Santa Virgen María que nos ayude, no
solamente a rezar, sino a creer en Jesús su Hijo, Redentor y
Salvador de todos los hombres! ¡Con Dios, María esta
acá, en la Iglesia y en el mundo: con el Espíritu Santo
su Esposo, María vela sobre cada uno de los hijos de Dios, que
también son sus hijos en Cristo Jesús! ¡En ese
espíritu de abandono y de confianza, recibamos en nosotros a
Jesús Eucaristía, y formemos un solo Cuerpo de Cristo, en
una sola fe, una única esperanza, y una única caridad!
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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