Homilía para el vigésimo sexto Domingo del Año - Año C - Lc. 16:19-31
 
 
por
 
el Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Jesús narraba esta parábola: «Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado a la puerta de él, lleno de llagas. Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado.»

" «Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió a Abraham de lejos, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama. Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre; Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dice: A Moisés y a los profetas tienen: óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere a ellos de los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.» "



Homilía:


" Jesús narraba esta parábola: «Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado a la puerta de él, lleno de llagas.» "

En el mundo de ayer y hoy, en los siglos pasados como también al principio del tercer milenio, ha siempre habido hombres riquísimos, mientras que otros sufren la pobreza extrema. Jesús nos lo comenta a través de la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro. Esta historia impresiona: tanta es la diferencia entre la riqueza de uno y la pobreza del otro... Siempre la Iglesia, siguiendo al Maestro, se ha siempre preocupado por los pobres, los más desprotegidos, los dejados de lado... Los primeros cristianos, ellos mismos vivieron en comunidad, compartiendo así sus bienes: "Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes; Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas a todos, como cada uno había menester." (Hechos 2:44-45)

Es esta parábola del hombre rico y del pobre Lázaro, hay acaso solo un pobre, aquél que Jesús llama Lázaro? Si bien existe la pobreza material, también existe aquella espiritual, la pobreza de espíritu, ¡que marca al hombre con una carencia de nobleza profunda y cruel! ¡Es precisamente esta pobreza que Jesús vino a remediar anunciando el Reino de Dios! El Hijo de Dios vino a la tierra para traer al mundo entero su Palabra de Amor, su mensaje de misericordia hacia todos los hombres y mujeres, siempre inclinados al pecado, por falta de gracia...

Frente a este hombre que vive bien todos los días y deja al pobre Lázaro morir de hambre, todos nos vemos tentados a gritar: "¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!" Pero Jesús nos diria, al contrario: "¡Misericordia! ¡Misericordia! ¡Misericordia!" San Juan nos lo dice bien: "Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él." (Juan 3:17) Nosotros estamos aun en el tiempo de misericorda; estando con vida, el hombre rico del cual Jesús habla podría convertirse y encontrar la paz del alma en el Amor misericordioso del Señor. Pero, ¿lo hará él? ¿Lo haremos nosotros?

" «Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado.» "

Lo que había de acontecer aconteció: el pobre Lázaro y el hombre rico murieron... Para ellos dos, el tiempo de misericordia se cerró, y entraban en el tiempo de la justicia, aquel tiempo más allá del cual no hay más tiempo, porque es la eternidad misma. Y es así también para todos nosotros... Cuando llega la hora de la muerte, ya vemos el último instante en que el Señor Jesús vuelve glorioso, administrando justicia, recompensando a los buenos y castigando a los culpables... Mientras estemos con vida, la gracia y la misericordia de Dios están a nuestra disposición para ayudarnos en el camino de conversión. Pero, ¿quién sabe cuando el Señor vendrá a juzgarnos? ¿Estamos preparados para morir ahora? La respuesta es simple: Sí, estamos preparados si proclamamos, tanto para nosotros como para los demás: "¡Misericordia!"

" «Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió a Abraham de lejos, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama. Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre; Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dice: A Moisés y a los profetas tienen: óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere a ellos de los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.» "

¡El desenlace de esta historia es aterrorizante! Al menos lo es para el hombre rico... ¡Porque la recompensa de Lázaro está asegurada por haber soportado tantos males durante su vida terrena! ¡He allí la suerte reservada al sufrimiento aceptado con amor: una felicidad sin fin, en el Corazón de Dios! Pero he allí también la desdicha reservada al amor propio y a los placeres de la vida: un infierno eterno, donde Dios no está presente como Dios, es decir, como Amor. Porque en el infierno, no hay más que odio y sufrimiento de todo tipo. Pero antes que nada, está la barrera insuperable de la eternidad: "Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá."

Curiosamente, oimos hablar del infierno, aquí y allí en conversaciones cotidianas, en la radio y la televisión... "¡Ah, pero qué infierno de noche!" diría un adolescente al volver de una salida entre amigos... No sabe lo que dice... ¡El infierno está banalizado, los diablitos corren por las calles! ¡El equipo belga de fútbol se llama "los diablos rojos"! ¡Qué locura! El infierno, no obstante, es algo muy serio: El infierno es eterno, no es una realidad temporal, ¡el tiempo, que es el momento tan corto de vida terrena, es también el momento de misericordia, de gracia, de esperanza, de fe y caridad!

¡No temamos! ¡Dios está allí! La Providencia divina vela por nosotros y nos ayuda a pasar un maravilloso momento en la tierra, aun si nos toca vivir el sufrimiento. Entonces, ¿cómo evitar el sufrimiento? Aún la Santísima Virgen María, Madre de Dios, sufrió durante su vida, sobre todo al pie de la cruz... Y sin embargo, nunca cayó en el pecado... ¡Pidámosle que venga a socorrernos, para que la gracia del Espíritu Santo nos haga criaturas nuevas, concientes de nuestra nobleza de ser hijos e hijas de Dios!