Homilía para el vigésimo quinto Domingo del Año - Año C - Lc. 16:1-13
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Jesús decía a sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: '¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.' Se dijo a sí mismo el administrador: '¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.' Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?' Respondió: 'Cien medidas de aceite.' El le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.' Después dijo a otro: 'Tú, ¿cuánto debes?' Contestó: 'Cien cargas de trigo.' Dícele: 'Toma tu recibo y escribe ochenta.' El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz. Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas.»
 
" «El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.» "
 
 
 
Homilía (escrita en 2001):
 
 
" Jesús decía a sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.» "
 
Escribo esta homilia cinco días después de los atentados del 11 de Septiembre 2001 en Nueva York y Washington. Cuando leo el evangelio de este domingo, la primera idea que me viene al espíritu, es que en este día de tragedia, varios miles de personas fueron de pronto arrojadas a los piés del Señor para rendirle cuenta de su gestión, para presentarle todos los actos de sus vidas, desde que llegaron a la edad de razón hasta esa última hora que no podían prever...
 
En ese mundo de negocios que constituían los edificios del World Trade Center, ya no se trataba más de transacciones a procesar, sino a poner la gestion de su alma entre las manos del Señor... Del mundo de las finanzas, había que pasar al mundo de la gracia y de la vida eterna. Seguramente había allí hombres y mujeres que esperaban ese paso, cada mañana como hombres religiosos, que fuesen cristianos, judíos o de otras confesiones, se preparaban a vivir su último día. "Quién sabe de que estara hecho el día de mañana", dirían ellos...
 
Otros hombres y otras mujeres que perecieron entonces, no se esperaban ese fin trágico. Es normal. Y todos hubieramos querido desearles un fin mas feliz. ¡Pero lo que es más grave, es que muchos de ellos - podemos hacer la conjetura - vivían como si nunca debieran morir! ¡Ay!, somos todos un poco parecidos a esas personas... El mundo que nos rodea acapara nuestro espíritu, los bienes materiales nos cautivan, el éxito social nos fascina... En síntesis, estamos en una situación más trágica que aquella del administrador infiel del que habla Jesus en el evangelio de hoy.
 
" «Se dijo a sí mismo el administrador: '¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.' Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?' Respondió: 'Cien medidas de aceite.' El le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.' Después dijo a otro: 'Tú, ¿cuánto debes?' Contestó: 'Cien cargas de trigo.' Dícele: 'Toma tu recibo y escribe ochenta.' El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.» "
 
¡El administrador infiel es habil! ¿Lo somos nosotros tambien en la gestión de nuestra vida espiritual? ¿Pensamos en agradecer al Señor por todas las gracias que nos acuerda sin cesar? ¡Si hay una gracia entre las gracias, es bien la Eucaristía! ¡Después de haber comulgado el Cuerpo de Cristo, quedemos un poco en silencio, agradezcamos al Señor presente en nosotros, pidámosle que nos prepare una morada en el Cielo! ¡Agradezcamos igualmente a Dios por las pruebas que nos envía; es cierto que es difícil, pero tratemos de todos modos algunas veces... Enfin, no olvidemos de rezar por nuestros difuntos: ¡ellos nos haran pensar en el Cielo, y - si lo pueden - nos ayudaran en las dificultades de nuestra vida!
 
" «Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas.» "
 
¿Qué es ese "dinero injusto"? La respuesta puede ser múltiple: todo depende de la manera como se traduce esa expresión. Pienso que la mejor es la siguiente. El dinero injusto, es el dinero ganado sin esfuerzo, un dinero que no hemos merecido: un dinero gratuito. Es entonces el signo de la gracia divina, ese don recibido gratuitamente de Dios para permitirnos entrar en comunion con El, por medio de la fé.
 
Estamos en el tiempo de gracia, estamos en el tiempo en que Dios hace misericordia y da sin contar. Pero cuando llega la hora de comparecer delante de Dios, en el fin de nuestra vida, es entonces el fin del tiempo de gracia: es el momento de la justicia divina. Es la razón por la cual llega un momento en que el dinero injusto - la gracia - nos viene a faltar: "Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas."
 
La gracia de Dios es primero que nada un don para ayudarnos a rezar. La gracia que nos es siempre ofrecida por el Señor, es la de la oración. Rezando nos preparamos una morada en el Cielo, nos hacemos de amigos: ¡Jesús, María, José, todos los santos y santas del cielo! ¡Rezando por nuestro prójimo, el que está aquí cerca nuestro y con el que vivimos todos los días, participamos de la edificación de la Morada de Dios que está en el Cielo y sobre la tierra: construímos la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo!
 
" «El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.» "
 
¿Quién es el ser más fiel a Dios, sino la Muy Santa Virgen María? ¡En las pequeñas cosas, ella fue fiel, y un día, el Hijo de Dios mismo vino en ella para recompensarla de su fidelidad! "El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho..." ¡Que la Muy Santa Madre de Dios venga a ayudarnos afin que nosotros no preferamos el dinero a Dios, sino que el Señor sea para nosotros nuestro único y verdadero tesoro!