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Homília para el
vigésimo cuarto Domingo del Año - Año C - Lc. 15:1-10
por el
Canónigo Dr. Daniel Meynen
" Todos los publicanos y
los pecadores se acercaban a él para oírle, y los
fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los
pecadores y come con ellos.»
" Entonces les dijo esta
parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien
ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el
desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a
casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: 'Alegraos conmigo,
porque he hallado la oveja que se me había perdido.' Os digo
que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo
por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que
no tengan necesidad de conversión.
" «O,
¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no
enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente
hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y
vecinas, y dice: 'Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que
había perdido.' Del mismo modo, os digo, se produce
alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que
se convierta.» "
Homília:
" Todos los publicanos y
los pecadores se acercaban a él para oírle, y los
fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los
pecadores y come con ellos.» "
"Cuando llegó
la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, que
nació de mujer..." (Ga. 4:4) En esas poca palabras, San
Pablo resume así la obra de Dios hacia los hombres y mujeres que
creo en su amor: Dios envio a su Hijo... Este envío, esta
misión habia sido preparada desde hacía mucho tiempo,
desde que Adan y Eva habían pecado desgraciadamente contra el
Señor. Durante todo ese tiempo de preparación, Dios ya
había enviado su gracia, que no era todavía la gracia de
Jesús el Salvador, sino una gracia que permitía a los
hombres esperar fielmente al Mesías prometido. Por fin, llego la
plenitud de los tiempos, la hora en la que la preparación fue
realizada, y en la que el Mesías debía ser finalmente
enviado para salvar a todos los hombres y las mujeres de la tierra.
Seguro que no todos
respondieron a la llamada de la gracia. Pero cuando Jesus iba de pueblo
en pueblo para proclamar la venida del Reino de Dios, el
Espíritu Santo que reposaba en el Mesías,
distribuía nuevas gracias para preparar los corazones para la
escucha de la Palabra de Dios. Los que estuvieron principalmente
dispuestos a esa escucha de la Palabra, fueron sobre todo los
pecadores, porque no son sino los enfermos, y los que se reconocen como
tales, quienes sienten la necesidad de recibir una medicina. Por eso,
San Lucas precisa bien que son los pecadores los que van a Jesus para
oir su palabra: "Todos los publicanos y los pecadores se
acercaban a él para oírle." Porque cuando Jesus
hablaba, eran "palabras de gracia" (cf. Lc. 4:22) las que
salían de su boca.
Oyendo hablar a Jesus, esos
hombres y mujeres pecadores comienzan a comprender un poco quién
es El que les habla así: ¡es el Salvador de los hombres,
es el Amor en persona que viene a salvarlos del naufragio y de la
perdición eterna, es la Bondad misma! De ese modo, de pecadores
que eran, se convierten en amigos de Dios: ¡la gracia de la
Palabra de Dios los ha transformado en nuevas criaturas! ¡Es como
si formaran parte de un solo cuerpo con Cristo! Jesus convertido en la
Cabeza y en su la Jefe de los Cristianos, y los Cristianos convertidos
en los miembros del Cuerpo de Cristo, esperando ya participar
eternamente de una única Vida en Dios! Así, la comida que
esos hombres y mujeres toman con Jesus es ya para ellos un gusto
anticipado de la Comida eterna...
" Entonces les dijo esta
parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien
ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el
desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a
casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: 'Alegraos conmigo,
porque he hallado la oveja que se me había perdido.' Os digo
que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo
por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que
no tengan necesidad de conversión.» "
Esa comida de Jesús
con los pecadores y los publicanos, no es del gusto de los escribas y
de los fariseos: "Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo:
«Este acoge a los pecadores y come con ellos.»" Pero Jesus
responde, porque sabe que tiene razón de actuar así. No
contesta para aplastar a sus adversarios, sino para tratar de
convencerlos tambien a ellos que oigan por fin su Palabra...
Jesus responde con dos
parabolas muy simples y muy conocidas: la de la oveja perdida, y la de
la dracma extraviada. A través de esas dos parabolas, Jesus
quiere mostrar como es de grande la solicitud de Dios hacia los
pecadores, sobre todo frente al desprecio flagrante de los escribas y
fariseos con respecto a ellos. "Misericordia, tened misericordia hacia
los pecadores," les grita Jesus. Es como si les dijera: "¿Nunca
habeis tenido necesidad de la misericordia de Dios en vuestra vida
pasada? Inclusive si sois justos - lo que queda por probar - en un
momento fuisteis pecadores con los pecadores: ¡no lo olvideis!"
Es cierto que San Pablo ha
dicho: "En otro tiempo ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el
Señor." (Ep. 5:8) Pero tambien ha recordado esa verdad
fundamental, que en Adan, "todos han pecado" (Rm. 5:12). Jesus mismo,
cuando los fariseos y los escribas le llevaron una mujer sorprendida en
adulterio, exclamó: "Que el que de vosotros no tenga pecado le
tire el primero la piedra." (Jn. 8:7)
" «O,
¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no
enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente
hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y
vecinas, y dice: 'Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que
había perdido.' Del mismo modo, os digo, se produce
alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que
se convierta.» "
¡Dios es
verdaderamente bueno, es infinitamente misericordioso! Sin cesar, el
Señor espera al pecador con compasión, prodigandole su
gracia todopoderosa para ayudarlo en su camino de conversión.
¡Incluso le envía un angel para velar sobre el: su angel
guardian! Este angel, este ser espiritual, tiene como misión la
de proteger y favorecer la transmisión de la gracia de Dios al
hombre o la mujer del cual ese angel tiene la custodia. Es entonces
natural que la alegría de los angeles se manifieste cuando un
pecador se convierte recibiendo la gracia de Dios y rechazando toda
ligazón al pecado: "Se produce alegría ante los
ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta."
Ese angel, es no solamente
ese ser espiritual al servicio incesante de Dios, sino que son tambien,
de alguna manera, todos los que nos rodean y que buscan favorecer
nuestra conversión: ese angel, son nuestros padres, nuestros
hermanos y hermanas, nuestros amigos, nuestros proximos, todos los que
encontramos aquí y allá a lo largo de nuestra vida...
Todos experimentan la alegría de ver nuestro corazón
volver más hacia Dios que hacia las criaturas, comprendiendo
entre ellas también a nosotros mismos...
¡Que la Muy Santa
Virgen María, la Reina de todos los Angeles, la mas amante de
todas las criaturas que velan sobre nosotros, interceda por la
conversión de todos los pecadores! "¡Oh María, sin
pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!"
¡Suscripción a la homilía
semanal del Padre Daniel Meynen
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