Homilía para el vigésimo tercer Domingo del Año - Año C - Lc. 14:25-33
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Caminaba con Jesús un gran gentío, y volviéndose les dijo: «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar.' O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Caminaba con Jesús un gran gentío, y volviéndose les dijo: «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.» "
 
Jesus esta en camino, caminando de pueblo en pueblo para anunaciar la venida del reino de Dios. ¡Puesto que el Reino de Dios ya ha llegado: Jesus, el Hijo de Dios, está allí! ¡La plenitud de los tiempos se ha realizado: Dios ha enviado a su Hijo, nacido de una mujer (cf. Gal. 4:4)! ¡Es la maravilla de las maravillas! ¡Todos los que han podido acercarse al Señor han sido testigos de numerosos milagros, y de curaciones sin número: realmente están todos estupefactos! ¡Uno se creería ya en el tiempo de la resurrección de los cuerpos, ese tiempo en el que no habrá más tiempo, porque sera el fin de los tiempos, ese momento último en el que la Gloria de Dios aparecerá con todo su esplendor!
 
Fascinada por ese triunfo, la multitud entusiasmada sigue a Jesús en el camino y quiere acompañarlo en su predicación: "Caminaba con Jesús un gran gentío." ¡Realmente la fe de todas esas personas es grande! Puesto que, en efecto, creen en el Mesías que está allí, entre ellos. Creen, pero no ven todavía a Dios en Jesus. Y allí está toda la diferencia: si el Reino de Dios ha llegado a estar entre nosotros, eso no quiere decir que estemos ya en el fin de los tiempos, sino solamente que ese fin está anunciado... Antes que llegue ese fin, nos es necesario pasar todavía por la prueba de la fe. Antes que el Cristo resucitado y glorioso aparezca para establecer su reino definitivo, nos es necesario todavía pasar por la Cruz del Calvario y soportar la prueba, a continuación de Cristo. "Caminaba con Jesús un gran gentío", y lo seguía...
 
¿Debemos nosotros desear la Cruz de Cristo? ¿Podemos desearla? El cristiano no es un masoquista: no desea la Cruz por ella misma, no desea sufrir por sufrir. No. ¡Pero el cristiano es alguien que desea a todo precio la Gloria de Dios y su propia felicidad en el Corazón de Cristo Jesús! Si hay que pasar por la Cruz, y necesariamente hay que hacerlo, entonces el cristiano, el verdadero, no duda un instante: para ir a Jesus y descansar en su Amor, el cristiano renuncia a todo y lleva su cruz atrás del Señor. El Corazón de Jesús ha sido abierto en la Cruz del Calvario para que, por esa misma Cruz, todos los que lo quieran, puedan regocijarse eternamente de la felicidad del Amor de Dios que se esconde en el fondo de esa herida única. "El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío."
 
" «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar.' O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.» "
 
Contrariamente a lo que se oye a menudo, el fin no justifica los medios. Pero, por el contrario, los medios deben estar proporcionados con respecto al fin que persiguen. Es decir, que para llegar a tal objetivo, debemos utilizar los medios que nos permitan alcanzarlo. Así, si nosotros queremos a todo precio llegar a la felicidad del cielo, es necesario que pongamos los medios correspondientes. Pero es por la pasion de Cristo que se llegua a la Gloria de su Resurrección. Si nosotros queremos entonces realmente compartir la Gloria del Señor cuando vuelva al fin de los tiempos, debemos tomar parte en su Pasión durante nuestra vida sobre la tierra.
 
Es lo que Jesús nos quiere hacer comprender con los ejemplos o parábolas que nos cuenta hoy. El hombre que quiera construir una torre, como el que quiera ir a la guerra, deben actuar con prudencia; una prudencia que debe llevarlos a reflexionar y a prever lo que puede pasarles si se lanzan a un camino que luego deben continuar. El que quiere construir una torre debe prever la suficiente cantidad de dinero como para poder terminar su construcción, y el que parte a la guerra debe prever suficiente cantidad de hombre para poder batir a su enemigo. Lo mismo debe pasar con el cristiano que quiere ir al Cielo al encuentro de Cristo, y que quiere con ese mismo hecho evitar el infierno: para eso, el cristiano debe estar listo, con un amor a Dios sin límite, con una santa esperanza y con una fe firme; porque lo único que puede prever, es precisamente que el Señor vendra a buscarlo en el instante que no lo haya previsto...
 
" «Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.» "
 
Procuremos no desear nada sin medida. Procuremos no atarnos a los bienes de la tierra. Porque el Señor es el único Bien deseable y que nosotros debemos desear con todas nuestras fuerzas. Seremos sus discípulos deseándolo verdaderamente, y solo a El. Es lo que vamos a hacer, con la ayuda de su gracia, a lo largo de la Eucaristía de este día. ¡Pidámosle a María, la Muy Santa Madre de Dios, que prepare nuestro corazón para recibir en nosotros al Señor Jesús! ¡Qué el Reino de Dios vega sobre la tierra a través de María, con Ella y para Ella!