Homilía para el vigésimo segundo Domingo del Año - Año C - Lc. 14:1.7-14
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: 'Deja el sitio a éste', y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: 'Amigo, sube más arriba.' Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
 
" Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. "
 
Estamos en un día de shabat: Jesús fue a comer a lo de uno de los fariseos del lugar donde está enseñando el Reino de Dios. Naturalmente la gente lo observa, sobre todo los doctores de la Ley, los maestros de la religión en esa época. Porque Jesús ha tomado cierta costumbre: la de efectuar curaciones el shabat, lo que los doctores y escribas no pueden tolerar. Y, en efecto, Jesús cura un enfermo, un hombre atacado por la hidropesía. Es la parte del Evangelio que no leemos hoy, pero que es útil mencionar para precisar el contexto de este relato.
 
¡Se observa a este Jesús venido para curar las almas y los cuerpos! Porque se quiere saber si va a respetar o no el reposo de shabat... Pero lo que puede ser hecho o no el día del shabat, no son los hombres los que pueden decidirlo: ¡es Dios, y solamente Dios! Porque el reposo del shabat, que se transformó en el reposo del Domingo, es Dios mismo quien lo ha instaurado y establecido para siempre, puesto que está escrito: "Y consumó Dios en el día el sexto las obras suyas que hizo; y reposó el día el séptimo de todas las obras suyas que hizo. Y bendijo Dios el día el séptimo y santificóle, porque en él cesó de todas las obras suyas que empezó Dios a hacer." (Gn. 2:2-3)
 
¿Qué hay que hacer el domingo? ¿Qué podemos hacer el domingo? La respuesta es simple: ¡todo lo que rinde gloria a Dios por haber hecho la creación! Así, cuando Jesús cura a un enfermo el shabat, rinde gloria a Dios su Padre, volviendo a dar a esa criatura la salud perdida, una salud tan preciosa puesto que ella permite al hombre alabar a Dios porque El está por encima de todo: ¡el Señor del Universo! ¡Dios es el Rey de Reyes, el Señor de Señores, y es solo a el que todas las criaturas del cielo y de la tierra deben rendir homenaje, gloria, honor, poder y soberanía!
 
" Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: 'Deja el sitio a éste', y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: 'Amigo, sube más arriba.' Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.» "
 
Para Jesús, y para nosotros a continuación de El, el festín del que se trata aquí es antes que nada una imagen del banquete celestial al que todos los elegidos por Dios están invitados a participar, para una felicidad eterna. Pero enseguida se trata de una lección acerca de la actitud que nosotros, cristianos, debemos tener en el mundo que nos rodea. Esa actitud debe ser la de la humildad y la renuncia a los honores: "...cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto." Porque si deseamos estar cerca de Dios en el Cielo, y en consecuencia, en el primer lugar, es el último lugar el que te tenemos que elegir en esta tierra. "Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado."
 
¡Pero no lo olvidemos: se nos observa tal como se lo observaba a Jesús! La reacción de la mayoría respecto de ese cristiano que habrá elegido el último lugar será la de decir: "¡Está loco! ¡Nunca llegará a nada!" Los que, por el contrario estén poseídos del Espíritu de Dios dirán de el: "¡He ahí un hombre sabio y sensato!" O simplemente: "A lo mejor es él quien tiene razón..." Todos nosotros estamos llamados a testimoniar nuestra fe en Jesús el Hijo de Dios: ese testimonio nuestro puede ser insignificante a nuestros ojos, semejante a una gota de agua en el océano. ¡Sin embargo, el Espíritu Santo está allí, en toda la tierra, para sacar de esa gota de agua un torrente de gracias para la conversión del mundo entero!
 
" Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.» "
 
Dios nos dio todo. No hay nada que poseamos que no lo hayamos recibido de El. ¡Y todo eso es gratuitamente que Dios nos lo ha dado! ¿Cómo hacer de otro modo que El mismo? Dios es nuestro modelo, y nosotros debemos parecernos a El. ¡Entonces hagamos como El y el mundo verá en cada uno de nosotros una imagen de Dios! ¿Es difícil? A lo mejor... Pero hay que intentarlo de todas maneras. ¡Hagamos cómo el Señor: demos gratuitamente! ¡No vemos hoy tantas sectas y gurúes ávidos de ingresos, tratando de sacar a sus adeptos la mayor cantidad de dinero que pueden! ¡Esas sectas dispensan sus doctrinas a cambio de mucho dinero! ¡Distribuyamos generosamente nosotros gratuitamente la Palabra de Dios, que debe ser la primera de todas nuestras caridades!
 
¡En el curso de esta Eucaristía, vamos a recibir en nosotros mismos al mismo Dios! ¡Agradezcámosle en ese momento por ese gran beneficio que nos da! ¡Pidamos a la Muy Santa Virgen Maria que seamos siempre verdaderos testigos de la caridad de Cristo! ¡Que por su intersección, el Espíritu Santo pueda actuar en nosotros y por nosotros, para la Gloria de Dios y la salvación del mundo!