Homilía para el primer Domingo de Cuaresma - Año C - Lc. 4:1-13
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre.
 
" Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan.» Y Jesús respondiéndole, dijo: «Escrito está: 'Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios' (Deut. 8:3).»
 
" Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: «A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy: Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.» Y respondiendo Jesús, le dijo: «Vete de mí, Satanás, porque escrito está: 'A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás' (Deut. 6:13).»
 
" Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo: Porque escrito está: 'Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden'; Y 'En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra' (Salmos 90:11-12).» Y respondiendo Jesús, le dijo: «Dicho está: 'No tentarás al Señor tu Dios' (Deut. 6:16).»
 
" Y acabada toda tentación, el diablo se fué de él por un tiempo. "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre. "
 
Desde el momento en que Dios creó al hombre y a la mujer (cf. Gn. 1:27) ambos han tenido un celoso enemigo: el diablo. Ni bien tuvo la oportunidad, este ángel caído tentó a la mujer, Eva, quien condujo a su esposo Adán al pecado y a la caída original. Porque el diablo, o el demonio, no podía soportar de ver que había otros seres que poseían lo que él había perdido para siempre: la posibilidad de hacerse semejantes a Dios.
 
El hombre y la mujer fueron creados por Dios a su "imagen" y "semejanza" (Gn. 1:26). Pero la imagen y la semejanza, aunque perfecta en si misma, adquirió su plenitud cuando Dios creó al hombre y a la mujer. Para aquello, faltaba que Adán y Eva pasaran por una prueba: la prueba de obediencia a Dios. Era necesario que ni el hombre ni la mujer comieran del árbol de la sabiduría del bien y del mal, plantado en el medio del jardín de Edén, junto al árbol de la vida (cf. Gn. 2:9). Obedeciendo a Dios, no comiendo la fruta del árbol prohibido, Adán y Eva podrían merecer - si esto fuese posible - de convertirse plenamente en imagen de Dios, hijo e hija de Dios.
 
A la prueba al cual el hombre y la mujer fueron sometidos se le sumaba otro reto: el de resistir a la tentación del diablo para hacerlos tropezar en el camino de la vida eterna. Dios lo permite... Adán y Eva debían no solamente oír la voz de Dios y obedecerle, sino también rechazar las sugerencias de los demonios y rehusar de ponerlas en práctica. Desgraciadamente, las palabras del diablo se impusieron sobre el espíritu de Eva, que comenzó a razonar, y que finalmente comió la fruta del árbol prohibido: "Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también á su marido, el cual comió así como ella." (Gn. 3:6)
 
Jesús, el Hijo de Dios enviado por el Padre para ser el Nuevo Adán, fue también puesto a la prueba: "Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresando del Jordán, fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el diablo durante cuarenta días." Durante su vida en la tierra, Jesús debía obedecer a las órdenes de su Padre y rechazar las sugerencias erradas de Satanás. Como enviado del Padre, Jesús cumplió durante toda su vida la orden de su Padre, el Creador de todas las cosas. Pero a la Palabra del Padre, la cual se realiza en toda la persona de Jesús, se suman las tentaciones del diablo, a veces visibles y corporales como en el desierto, a veces invisibles y espirituales como en el Jardín del Getsemaní (cf. Lc. 22:41-43) o en la Cruz del Calvario (cf. Mt. 27:46).
 
" Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan.» Y Jesús respondiéndole, dijo: «Escrito está: 'Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios' (Deut. 8:3).» "
 
Cada vez que el diablo tienta a Jesús, El le responde con una cita de las Santas Escrituras. Jesús nos muestra así un ejemplo a seguir. Jesús hubiera podido responder al demonio discutiéndole: Jesús es Dios y, en ningún caso es capaz de pecar; ¡aún discutiendo con el diablo, Jesús hubiera tenido la ultima palabra! ¡Pero Jesús no discute jamás! El responde simplemente con palabras de las Santas Escrituras de modo que nosotros también hagamos lo mismo. Porque si discutimos con el diablo, tarde o temprano, el ganará, como lo hizo con Eva en el jardín de Edén.
 
No, no se puede discutir con el demonio. A sus sugestiones perversas, se le debe oponer, simplemente la Palabra misma de Dios. Esto supone que la Palabra de Dios es la nuestra, por la fe y el amor. Finalmente, no existen mejores palabras para protegerse de una tentación del diablo que las del Pan de Vida, que podemos hacer íntimamente nuestro mediante la Comunión eucarística. Jesús tiene razón al decirle al diablo: "No solo de pan vive el hombre." ¡Porque el hombre vive también y sobre todo del Pan Verdadero, del Pan de Dios que desciende del Cielo (cf. Jn. 6:33, y 51)!
 
" Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: «A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy: Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.» Y respondiendo Jesús, le dijo: «Vete de mí, Satanás, porque escrito está: 'A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás' (Deut. 6:13).» "
 
El diablo intenta ahora desviar a Jesús de su misión, que es la de conducir a todas las almas al Reino de Dios. Jesús es el Servidor de Dios por excelencia: El está al servicio del Padre que quiere salvar a todos los hombres. Jesús Hombre debe siempre estar al servicio de la Palabra de Dios que está en él y a la cual está unido de una manera absolutamente única. Nadie debe desviarlo de este servicio. Su reino es el reino del Cielo. El ha dicho, "Mi reino no es de este mundo" (Jn. 18:36). También, cuando el demonio lo tienta a Jesús ofreciéndole todos los reinos de la tierra, el Señor le responde diciendo que El está a servicio del Rey del Cielo, y se niega a adorar al príncipe de este mundo: "A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás."
 
" Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo: Porque escrito está: 'Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden'; Y 'En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra' (Salmos 90:11-12).» Y respondiendo Jesús, le dijo: «Dicho está: 'No tentarás al Señor tu Dios' (Deut. 6:16).» "
 
Dios tiene un tiempo para cada cosa. Cuando El decide realizar efectivamente algo, es el momento correcto: ni antes ni después. Aquel momento no era el momento justo, cuando el diablo tentó a Jesús por tercera vez utilizando las propias palabras de Dios en las Santas Escrituras. Es cierto que Dios encomienda a sus ángeles de velar sobre Cristo, pero solamente cuando llegue su hora. En el momento que Jesús dirá a su Padre: "Padre, la hora es llegada; glorifica á tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique á ti" (Jn 17:1), aquella será la hora de la voluntad de Dios, y el Padre enviará a sus ángeles a su Hijo. Jesús le responde al demonio, "No tentarás al Señor tu Dios." Quiere decir, tu no lo forzarás a adelantar su hora. "Y acabada toda tentación, el diablo se fué de él por un tiempo." (Lc. 4:13).
 
¡Que la Santísima Virgen María nos ayude con su plegaria todopoderosa a fin de que la gracia del Espíritu Santo nos acompañe todos los días de nuestra vida! ¡Así, nosotros podremos comulgar dignamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para formar un solo Cuerpo con El y con nuestros hermanos, en espera de la Vida Eterna que vendrá en Jesús, después de la tentación de esta vida!