Homilía para el décimosexto Domingo del Año - Año C - Lc. 10:38-42
 
 
por el
 
Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 
 
" Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa. Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: «Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.» Pero respondiendo Jesús, le dijo: «Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.» "
 
 
 
Homilía:
 
 
" Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa. "
 
En el prólogo de su evangelio acerca del Verbo de Vida, San Juan nos dice, "Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia. Porque la ley por Moisés fué dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fué hecha." (Jn. 1:16-17) Así también San Lucas nos relata hoy la visita de Jesús a una aldea, que no es otra que Bethania, allí donde vive Lázaro y sus dos hermanas María y Marta (cf. Jn. 11:1-2) Desde luego, cuando Jesús entra en un hogar es para ofrecer un regalo, el mejor don que existe: ¡el don de su gracia, fuente de vida eterna!
 
Pero para recibir tal don, no es suficiente que Jesús llegue hasta aquel hogar: ¡es necesario que aquél o aquella a quien Jesús presenta tal don lo reciba en plenitud, con el corazón, con fe, con amor! Así recibió Marta a Jesús en su hogar. Marta aceptó decididamente el don de la gracia que Jesús vino a traerle, y esta gracia le dio fuerzas para ponerse plenamente al servicio del Señor. Sin embargo, Marta recibió una gracia propia, personal, una gracia otorgada solo a ella y que la estableció en una relación única, sin igual, con el Salvador del mundo. ¡Desde aquel momento, Marta está al servicio del Señor!
 
" Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: «Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.» "
 
Ingresando en el hogar de Marta, Jesús no olvida de ofrecerle también un don a su hermana, María: El también le dio a María la gracia de ponerse a su servicio, pero un servicio diferente, solo para ella. ¡Efectivamente, María recibió la gracia de oír atentamente las palabras de su Maestro! María oye hablar a Jesús y la gracia que ella recibió le permite comprender las enseñanzas del Maestro y de meditar sobre su palabra, que no es menos que la Palabra de Dios!
 
Marta parece no entender que pueden existir diferencias en los servicios del Señor. Por eso, ella pregunta a Jesús si le parece normal que su hermana no se ocupe del servicio doméstico como ella: "Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude." Marta quería que María fuera semejante a ella en todas sus acciones, como en el servicio doméstico. De hecho, Marta se equivoca. ¡Porque no es María que debe asemejarse a ella, sino que es ella, Marta, quien debe asemejarse a María! Y Jesús va a hacérselo entender...
 
" Respondiendo Jesús, le dijo: «Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.» "
 
Marta y María están ambas al servicio del Señor, porque ambas han respondido al llamado de la gracia de Dios. Pero la manera en que una y la otra sirven al Señor es distinta. Como el ser humano está compuesto de un alma y un cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, está también compuesto de un aspecto espiritual y de un aspecto corporal. Aquí, Marta representa el aspecto corporal, y María, el aspecto espiritual del Cuerpo místico de Cristo. Las dos están al servicio del Señor y de su Iglesia, pero en distintas capacidades. Sin embargo, como Dios es espíritu (cf. Jn. 4:24), el aspecto espiritual del servicio al Señor es el mejor.
 
De igual manera, en la Iglesia, todos aquellos que reciben la gracia de estar al servicio de Dios en su aspecto corporal y material deben esforzarse para que, mediante la misma gracia que han recibido, logren transformar su servicio a Dios en un servicio espiritual. El servicio de Marta no es malo, al contrario. No obstante, Marta no se ha esforzado lo suficiente para elevar su alma hacia el Señor, para encontrar en el servicio doméstico cotidiano su valor espiritual. De esta manera, cumpliendo su servicio de una manera serena y espiritual, ¡Marta podría ella también probar la alegría de la contemplación de la Palabra de Dios!
 
" «María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.» "
 
En la primera lectura de este día, hemos oído la historia de Abraham que recibió, en la casa de los tres hombres, imágenes y figuras de la Santísima Trinidad que venían a vivir en los corazones de los hombres justos. Hubo un acontecimiento importante que surgió de esta visita: la anunciación del nacimiento de un hijo que tendría lugar a más tardar un año después de este encuentro entre Abraham y los tres hombres (cf. Gn. 18:10). Esto quiere decir que aquél o aquella que recibe la visita de Dios y que cree en ella, recibe también la promesa de dar la vida a un niño que, aquí, debe interpretarse del punto de vista espiritual. En otras palabras, ¡todos aquellos y aquellas que reciben el don de la gracia de Dios pueden esperar un día ser verdaderos hijos e hijas de Dios! La gracia de Dios no es jamás acogida en vano: ella es como una fuente de agua, ¡fuente de la vida eterna!
 
En verdad, "María escogió la buena parte, la cual no le será quitada." Es fácil ver aquí a la otra María, la única, ¡la elegida por Dios para ser su Madre corporal! ¡Más que hermana de Marta, María, la Madre de Jesús, es nuestro modelo de servicio a la Palabra de Dios! Pero así como María es el modelo de todos los fieles de Cristo, ella es también el modelo de todos aquellos y aquellas que están al servicio de Dios, cumpliendo fielmente, y espiritualmente, las tareas domésticas. ¿Acaso María no se fue de Nazareth después de la Encarnación del Verbo en ella, para ayudar a Isabel, su prima, en las tareas domésticas? ¡Es en la intimidad de la Palabra de Dios, en unión con el Espíritu Santo, que es su Esposo, María se pone con absoluta dedicación al servicio del Señor y de su Cuerpo místico ya naciente!