Homilía para la Fiesta de la Santísima Trinidad - Año B - Mt. 28:16-20


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea, al cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron; aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» "




Homilía:


" Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea, al cerro que Jesús les había indicado. "


El Evangelio, que la Iglesia nos propone en esta fiesta de la Santísima Trinidad, describe una aparición del Señor después de su Resurrección, una aparición que lo más probable tuvo lugar justo antes de la Ascensión, aunque nosotros no podemos ser más precisos sobre cuando ocurrió. Algunos han pensado que esto es la aparición la cual refiere San Pablo cuando dice: "Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez." (1 Cor. 15:6) En cualquier caso, notemos que el Señor dio una orden precisa a sus discípulos: ellos tenían que ir a un lugar específico, y no a otro; ellos debían ir al cerro que Él les había indicado. Y esto era obedeciendo a Cristo, al Maestro de todos nosotros, que todos los discípulos del Señor fueron favorecidos con su aparición. Lo mismo es verdad para nosotros: esto es obedeciendo a la Iglesia, quién habla en nombre de Cristo, que nosotros podemos recibir las gracias que Dios quiere darnos para que podamos verlo con ojos de Fe, y entonces contemplarlo a Él en nosotros mismos y en todos nuestros hermanos.


" Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron. "


Este es un hermosísimo gesto! Los discípulos, adorando a Jesús, reconocen en Él, al Hijo de Dios, la Palabra del Padre, Creador de todas las cosas del Cielo y de la tierra. Porque Jesús, este hombre quien es similar a todos los hombres, es Dios, por encima de todo. Él ha demostrado esto de una solemne manera, por última vez, resucitando de entre los muertos por su propio poder, que es el de Dios su Padre. Este es porque aquellos que eran testigos de su vida, su pasión, y su muerte, ahora descansan postrados ante Él, quien de aquí en adelante vive siempre y para siempre! Ellos adoran al Señor Jesús así como los elegidos del Cielo y los ángeles de toda clase, lo hacen en la visión de gloria: los discípulos de Cristo, y nosotros que los seguimos, vemos al Señor Dios en la Fe que nos da vida, así como a todos aquellos quienes ya han logrado la eterna e ilimitada beatitud de la gloria celestial!


" Jesús se acercó a ellos y les dijo: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.» "


El Señor Jesús afirma su autoridad y su poder: El así proclama su poder divino y, por este mismo hecho, toda la realidad de su divinidad. Jesús es el Hijo de Dios. El vino a la tierra, enviado por el Padre, para revelarnos lo que Él es - la Palabra de Dios, la Palabra nacida en el Amor de Dios y de los hombres, pero una Palabra que fue crucificada y rechazada por los hombres quienes ven en El solo una palabra humana! De hecho, la Palabra de Dios se revela a nosotros solo en la Muerte y a través de la Cruz de Cristo. Ahora, San Pablo nos dice: "O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?" (Rm. 6:3) Por consiguiente, para ser capaces de contemplar la gloria de Dios que es Padre, Hijo, y Espíritu Santo, nosotros debemos ser bautizados, nosotros debemos ser purificados de todas nuestras faltas para ser capaces de escuchar esta Palabra de Dios!


Así si hay una enseñanza en la Trinidad que debe ser enseñada y predicada en el nombre de Cristo y de su Iglesia, es por encima de todo una proclamación de la Cruz de Cristo, porque esto es con Él y solamente con Él que el Misterio de la Santísima Trinidad será revelado al mundo entero! "Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles." (1 Cor. 1:23) Estas son las palabras del gran Apóstol Pablo, él a quien se le fue permitido para contemplar la gloria de Dios en el Cielo (cf. 2 Cor. 14). Es a través de la Cruz y en la Cruz que la Santísima Trinidad es revelada al mundo en el Señor Jesús: no hay alternativa! El que quiere compartir la vida divina a través de la gracia de su bautismo debe de estar listo para imitar a Cristo en su vida y en su muerte!


" «...enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.» "


Jesús es la Palabra del Padre, la cual es hablada eternamente por el Padre, es decir de quien fluye en la Santísima Trinidad. Porque sin el Padre, no hay Hijo: la relación del Hijo puede ser concebida solo en virtud de la relación del Padre. Pero así como Jesús es la Palabra del Padre, no hay otra preparación para escuchar esta divina Palabra que escuchar y poner en practica la palabra humada de Cristo, una palabra humana que es entonces tan cercana a la Palabra de Dios, que es para nosotros el camino directo a la propia Palabra divina. Esto es porque Jesús manda a sus discípulos a transmitir a todos los hombres las palabras, bajo la forma de órdenes, que Él les había confiado.


Si todos los hombres y mujeres del mundo entero obedecen las ordenes de Cristo dadas por la Iglesia, entonces nosotros seremos todos capaces de contemplar un día la gloria de la Santísima Trinidad: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo! Que este sea nuestro deseo más ferviente en este día: obedecer la Palabra de Dios participando con fe y con amor en la Eucaristía del día de hoy, así como la Santísima Virgen María siempre dijo "sí" al Mandato de Dios, siempre presente en Ella!