Homilía para la Festividad de la Sagrada Familia - Año B - Lc. 2:22-40


por

el Padre Daniel Meynen
 
 

" Así mismo cuando llegó el día en que, de acuerdo con la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, tal como esta escrito en la ley del Señor. Todo varón primogénito será consagrado al Señor (Ex. 3:2). También ofrecieron el sacrificio que orden la Ley del Señor; una pareja de tórtolas o dos pichones.


" Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. El Espíritu también lo llevo también al Templo en aquel momento. Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley; Simeón lo tomo en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras: « Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidos muera en paz, como le has dicho. Por que mis ojos han visto a tu salvador, que has preparado y ofreces a todos los pueblos, luz que se revelara a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.»


" Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a Maria, su madre: «Mira, este niño traerá a la gente de Israel caída o resurrección. Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, mientras que a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres.»


" Había también una profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Samuel, de la tribu de Aser. No había conocido a otro hombre que a su primer marido, muerto después de siete anos de matrimonio Permaneció viuda y tenia ya ochenta y cuatro anos. No se apartaba del templo sirviendo día y noche al Seno con ayunos y oraciones. Llego e aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.


" Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría y la gracia de Dios permanecía con él."





Homilia:


" Así mismo cuando llegó el día en que, de acuerdo con la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, tal como esta escrito en la ley del Señor. Todo varón primogénito será consagrado al Señor (Ex. 3:2). También ofrecieron el sacrificio que orden la Ley del Señor; una pareja de tórtolas o dos pichones."


El sábado que le sigue a la Natividad del Señor, la Iglesia consagra un día especial para honrar a la Sagrada Familia, que la conforman Jesús, Maria y José. Este año, el evangelio propuesto a nosotros, nos envía cuarenta días después del Nacimiento del Salvador. Este era el tiempo en que Maria era declarada pura después del parto, puesto que el parto la había colocado en un estado legal de impureza. Al mismo tiempo, la Ley requería que los padres del varón primogénito ofrecieran un par de tórtolas o palomas cuando él fuera consagrado al Señor.


Así, Jesús se consagró a Dios por Maria y José. O más bien, fue solo Maria quien lo consagró al Señor, por que José, como todos sabemos, no formó parte de la concepción virginal de Jesús. Ciertamente, como Dios, el Salvador de la humanidad no requirió consagración: él era y estaría eternamente consagrado a Dios su Padre. Pero, como hombre, Jesús tuvo que ser consagrado al Señor por Maria, su Madre, para ser, de esta manera, el modelo de todos aquellos que serian un día sus hermanos y hermanas en el Espíritu, los miembros de su Cuerpo Místico, la gran familia de Dios destinada a vivir para el Padre, el Creador del Cielo y de la Tierra.


" Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. El Espíritu también lo llevo también al Templo en aquel momento. Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley; Simeón lo tomo en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras: « Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidos muera en paz, como le has dicho. Por que mis ojos han visto a tu salvador, que has preparado y ofreces a todos los pueblos, luz que se revelara a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.» "


La Sagrada Familia apenas había entrado al Templo de Jerusalén, cuando, ya, había crecido y ganando un nuevo miembro: el viejo Simeón! Ciertamente, él no era el primer miembro del Cuerpo Místico de Cristo: claramente fue José, el esposo de Maria, quien tuvo este honor. Pero Simeón fue el primer adorador del Señor cuyas palabras fueron registradas por los evangelistas. San Lucas, muy probablemente, aprendió directamente de la Santísima Virgen todo lo que él escribió acerca de la infancia de Jesús. Así, nosotros podemos estar seguros que lo que nos cuenta San Lucas es de gran importancia para comprender apropiadamente este evento en la vida del Señor.


¿Que nos enseña Simeón? " Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel," escribe San Lucas (2:25). Aquí nosotros vemos el camino señalado de cada Cristiano a seguir: debemos esperar al Señor! Por que él viene! Él ya ha venido, y él regresará un día, al final de los tiempos. Todos los Cristianos, seguidores de Cristo, hombres, mujeres y niños, todos nosotros estamos esperando por nuestra redención. El viejo Simeón abrió sus brazos anchamente para recibir al Niño Jesús; él vió a Maria, quien se lo acerca y puso en sus manos al Niño Dios que ella había traído al mundo recientemente!


" Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a Maria, su madre: «Mira, este niño traerá a la gente de Israel caída o resurrección. Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, mientras que a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres.» "


La Iglesia es una gran familia, que esta constituida por muchos miembros, y algunas veces estos miembros son muy diferentes unos de otros. Debemos respetar todas estas diferencias, y no debemos de querer encajar a todos en un mismo molde. Esto es especialmente verdad cuando estamos en la presencia de personas que Dios ha favorecido con dones impresionantes, como el don de profecía. ¿Pero es este realmente un don impresionante? ¿Por que el don de profecía nos impresiona, cuando Simeón fue favorecido con esto, él quien es un modelo de los hijos de Dios? ¿No seria, porque, contrario a Simeón, nosotros ponemos poca atención a lo que el Espíritu de Dios nos dice?


No sofoquemos la voz del Espíritu. En el mundo en el cual nosotros vivimos no hay lugar para el Espíritu de Dios: nosotros encontramos muchos obstáculos que nos impiden rapidamente en creer lo que el Espíritu nos dice. Sociología, psicología, análisis psiquiátricos, el puro razonamiento Cartesiano reduce rápidamente a nada cualesquier pretensiónes proféticas que pueden existir en el mundo y en la Iglesia de hoy. Raros son aquellos que escuchan el Espíritu de Dios y quienes siguen el Espíritu de una manera dócil. No nos olvidemos, aun cuando celebramos el nacimiento del Señor, que: " Muchos son los llamados, pocos son los escogidos." (Mt. 22, 14)


" Había también una profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Samuel, de la tribu de Aser. No había conocido a otro hombre que a su primer marido, muerto después de siete anos de matrimonio Permaneció viuda y tenia ya ochenta y cuatro anos. No se apartaba del templo sirviendo día y noche al Seno con ayunos y oraciones. Llego e aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría y la gracia de Dios permanecía con él."


La Iglesia es una gran familia, la gran familia de Dios. La Iglesia es profética: ella proclama el Reino de Dios. Simeón, si como la profetiza Anna, son testigos de esto. ¿Pero creemos nosotros realmente esto? ¿Creemos nosotros que Dios mismo puede hablarnos, y que él realmente lo hace? Si es si, esto es bueno: el Espíritu Santo esta con nosotros! Si es no, miremos al Niño Jesús, giremos nuestros ojos hacia este hombre joven que es Dios, pero quien pasó treinta anos bajo la sumisión de sus padres, José y Maria. Así, si humildemente se lo pedimos, él nos dará su gracia, la gracia de creer verdaderamente que él es único Todopoderoso, que él puede hacer cualquier cosa, que, a través de su Espíritu, él, la Palabra de Dios, puede hablarnos.


Que Maria interceda por nosotros a su Divino Hijo, de forma que nosotros también, en el mundo de hoy, podamos ser auténticos profetas y verdaderos testigos de la Palabra!




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