Homilía para el Domingo de Ramos - Año B - Mc. 11:1-10


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y de Betania, al pie del monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos diciéndoles: «Vayan a ese pueblo que ven enfrente, apenas entren encontrarán un burro amarrado, que ningún hombre ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta: "¿Por qué hacen eso?" Contesten: "El Señor lo necesita pero se lo devolverá cuanto antes."» Se fueron y encontraron en la calle al burro, amarrado delante de una puerta, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les dijeron: «¿Por qué sueltan ese burro?» Ellos les contestaron lo que les había dicho Jesús y se lo permitieron. Trajeron el burro a Jesús, le pusieron sus capas encima y Jesús montó en él. Muchas personas extendían sus capas a lo largo del camino, mientras otras lo cubrían con ramas cortadas en el campo. Y tanto los que iban delante como los que los que seguían a Jesús gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» "




Homilía:


La misa de este día tiene dos evangelios: el que leemos antes de la procesión y el de la Pasión del Señor. Esta homilía nos permitirá entender un poco la relación entre estos dos textos de la Santa Escritura.


" Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y de Betania, al pie del monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos... "


San Marcos nos dice como Jesús organizó su entrada a Jerusalén, unos días antes de Pascua. Es Jesús quien dirige y ordena las preparaciones, Él prevée todo, Él sabe lo que debe de hacerse, porque Él conoce lo que su Padre desea: Él conoce lo que le espera en Jerusalén, lo bueno y lo malo, para que la Gloria de su Padre pueda manifestarse a toda la Creación. Jesús ordena, porque Él es nuestra Cabeza: Él es la cabeza del cuerpo, la Iglesia, como San Pablo lo afirma (cf. Col. 1:18).


Al mismo tiempo que Él es nuestra Cabeza, Jesús - quien es el primero de una multitud de hermanos, esto es decir el primero en este Cuerpo Místico que es la Iglesia - es nuestro modelo, Él a quien nosotros debemos de imitar a toda costa para ser salvados en Él. Pero Jesús viene a Jerusalén, no solo para ser ahí glorificado, pero además, y primero, para ser allí humillado, para morir en la ignominia de la Cruz, para obedecer - Él que es la Cabeza - la orden de su Padre. San Pablo nos ha dicho esto: "Encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte en una cruz." (Fil. 2:7-8)


" Algunos de los que estaban allí les dijeron: «¿Por qué sueltan ese burro?» Ellos les contestaron lo que les había dicho Jesús y se lo permitieron. "


Este es el fruto de la obediencia hacia el Señor: la participación en su soberano y universal poder. Él, quien obedece sinceramente la orden del Señor no teme a nada ni a nadie: el Señor está con Él, porque él pertenece al Señor. Pero qué es obedecer al Señor, si no creer en lo que él dice, creer y hacer nuestro el mandamiento, y así la misma palabra del Señor. Como en la obediencia sobrenatural hay siempre algo que no entendemos, nosotros estamos obligados para creer sobrenaturalmente en la orden que se nos he dado. Nosotros no podemos obedecer sobrenaturalmente sin utilizar la virtud sobrenatural de la fe. Nosotros entonces pertenecemos a aquellos quienes practican sinceramente "la obediencia de la Fe" (Rm. 1:5).


¡Es entonces que toda la Creación en si misma es glorificada con Cristo, a través de Él, y en Él! Cuando todo está sujeto a Dios en Cristo, la gloria de Dios y su omnipotencia incomparable estan compartidas por la criatura, la cual es, entonces, alzada en la divinidad misma! Así un burro servirá a la gloria de Dios, y los vestidos tejidos y cosidos por manos humanas, así tambien los céspedes y las plantas de los campos que Dios creó, se volverán instrumentos para la Gloria de Dios! "Trajeron el burro a Jesús, le pusieron sus capas encima y Jesús montó en él. Muchas personas extendían sus capas a lo largo del camino, mientras otras lo cubrían con ramas cortadas en el campo." Es verdad que esto sólo duraría durante un tiempo, el tiempo necesario para llegar a Jerusalén y al Templo, pero este episodio del Domingo de Ramos, es ya un sombrío presagio de lo que sería la gloria de Dios manifestada en todas las cosas en la Resurrección final de los justos en Cristo.


" Y tanto los que iban delante como los que los que seguían a Jesús gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» "


Jesús es clamado por la multitud de Judíos presentes en Jerusalén. Ellos le dan la bienvenida, diciendo: "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!" La divinidad del Señor es proclamada por todos de una manera clara y manifiesta: Jesús es el que viene en el nombre del Señor, ¡El es el Mesías esperado! Es más, San Mateo reporta las siguientes palabras de la multitud: "¡Hosanna al Hijo de David!" (Mt. 21:9)


Pero, ¿cuántos de estos Judíos permanecerían fiel a Jesús, quien, cinco días después, sería clavado en la cruz entre dos ladrones? ¿Cuántos de estos gritarían: "¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo!" (Mc. 15:13-14) Esta es un gran lección para nosotros! Si la criatura quiere ser glorificada con el Creador, debe de permanecer humilde y vigilante, porque la omnipotencia en la cual participa, no se ha vuelto propia: ¡Solo Dios permanece Omnipotente en el Cielo y en la Tierra!


"¡Bendito el que viene en nombre del Señor!" Esto es lo que nosotros pronto diremos y cantaremos, justo antes de la consagración, justo antes de la nueva venida de Cristo en su Iglesia. Estemos atentos de lo que nosotros diremos: dejemos que nuestro espíritu este en concordancia con nuestra voz. Así nosotros seremos capaces de manifestar y proclamar la gloria de Dios con todo nuestro ser: con nuestra alma y con nuestro cuerpo. Que la Santísima Virgen María, quien seguramente estaba presente cuando Jesús entró a Jerusalén, nos asista y nos ayude a darle la bienvenida al Señor en toda nuestra vida!