Homilía para el séptimo Domingo de Pascua - Año B - Jn. 17: 11-19


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" «Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, excepto el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en ellos la plenitud de mi alegría. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son el mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los saque del mundo, sino que los defiendas del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me has enviado al mundo, así yo también los envío al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.» "





Homilía:


" «Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.» "


El sermón de Jesús que es reportado en el Evangelio del día de hoy fue hablado por el Señor en la víspera de su Pasión, en la tarde del Jueves Santo. Esto pertenece a lo que es llamado el discurso de despedida del Cuarto Superior. Así, si la Iglesia nos propone hoy este pasaje de la Escritura, cuando nosotros nos preparamos a la venida del Espíritu Santo en el Pentecostés, esto es, porque ahí hay una relación manifiesta entre la Celebración Eucarística y la venida del Espíritu de Dios la Iglesia de Cristo. Y esto es evidente en virtud de las palabras mismas del Señor Jesús, diciendo: "Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros." Después de haber consagrado el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo ora para que todos sus discípulos, los miembros de su Cuerpo Místico, puedan ser uno en la Trinidad, y así en el Espíritu Santo.


" «Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, excepto el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti.» "


Si hay una relación entre la Celebración Eucarística y la venida del Espíritu Santo a la Iglesia, esto significa que él Espíritu que debe de unir a todos los discípulos de Cristo entra a la Iglesia solo en virtud del Sacrificio de la Cruz actualizado otra vez para nosotros a través de la Celebración Eucarística. Esto es el porqué Jesús asocia estrechamente, en su discurso, la unión de los miembros de su Cuerpo Místico con su Sacrificio Supremo logrado una sola vez en la Cruz de Madera. Así El le dijo a su Padre: "Pero ahora voy a ti." La salida de Cristo en la Cruz es la condición para la venida del Espíritu Santo: "Si no me voy, el Protector no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré." (Jn. 16:7) La venida del Espíritu Santo a la Iglesia depende de la salida de Cristo en la Cruz, y de su salida al Cielo en su Ascensión.


" «Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son el mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los saque del mundo, sino que los defiendas del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo.» "


Si el Espíritu Santo viene a la Iglesia a través de la Eucaristía, esto es para transformar al mundo a través de la Iglesia, esto es para la tranformacion espiritual de aquellos que todavía están del mundo, esto es para elevar el espíritu de todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Cristo no es de este mundo, y ningún Cristiano lo es, porque el Espíritu Santo que los guía a ellos, es el que viene a defenderlos del enemigo: el Maligno, como Jesús lo llama a el. Una vez más, el Espíritu Santo viene a la Iglesia solo en virtud del Sacrificio redentor de la Cruz: si todos los miembros de la Iglesia están en comunión con cada uno en Cristo, esto puede ser así, solo en comunión con el Sacrificio del Calvario actualizado ahora a través de la Celebración Eucarística.


" «Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me has enviado al mundo, así yo también los envío al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.» "


La misión de Cristo se destina a extenderse a través de la Iglesia. No hay dos misiones: la de Cristo y la de la Iglesia. Hay solo una misión: la de Cristo en su Iglesia y para su Iglesia. Cada uno de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo está llamado a participar en la misión de Cristo: cada uno de ellos está llamado para esparcir la Verdad ¡que es Cristo mismo! Esto es el porque el Señor le dice a su Padre: "Santifícalos en la verdad." Si Jesucristo experimentó la prueba de la Cruz, para atestiguar la Verdad, que es El, la Iglesia también debe de pasar por esa misma prueba, o más bien, la Iglesia debe de participar en el único sacrificio redentor de Cristo. Porque el Espíritu Santo es el Espíritu de Verdad (cf. Jn. 16:13), y El no vendrá a la Iglesia a menos que ella testifique la verdad; y el continuará viniendo, mientras que la Iglesia continúe profesando y demostrando cada vez más ardientemente su atadura a la verdad.


" «Por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.» "


El Señor Jesús consagró el mismo a Dios su Padre en el Calvario para que todos sus discípulos, hasta el fin de los tiempos, pueden también tener la fuerza y el poder de consagrarse a Dios siendo testigos de la Verdad, profesando su atadura abiertamente a El como Hijo de Dios. Que la Santísima Virgen María, quien es la primera de todos los creyentes, y su modelo en Cristo, nos ayude a todos a recibir dignamente la Eucaristía hoy. Tengamos nuestros corazones dispuestos en participar en la Pasión del Señor para que la presencia del Espíritu Santo pueda crecer siempre en la Iglesia!