Homilía para el sexto Domingo de Pascua - Año B - Jn. 15:9-17


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" «Como El Padre me amó, así yo también los he amado yo; permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Les he dicho todas estas cosas, para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.


" «Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no les llamo servidores, porque el servidor no sabe lo que hace su patrón; los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. Ustedes no me eligieron a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáias y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Ámense los unos a los otros: esto es lo que les mando.» "





Homilía:


" «Como El Padre me amó, así yo también los he amado yo; permanezcan en mi amor.» "


La Ascensión del Señor está cerca. Nosotros la celebraremos el próximo Jueves. Esto es, el porqué la Iglesia nos propone hoy un evangelio que nos habla acerca del amor de Dios y del prójimo. Por que, en el Cielo, donde el Señor mora por toda la eternidad, no hay nada sino su amor, ilimitado amor, siempre amor y por siempre. Pero este es, un amor que es santo y puro, un amor que es siempre celestial y desprovisto de la codicia terrenal. Es acerca de este amor que el Señor nos quiere hablar el día de hoy. Él quiere revelarnos el amor del Padre; él quiere que comprendamos lo que es su amor, cuando Él dice: " Permanezcan en mi amor."


" «Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.» "


Hay una progresión lógica de las cosas, y hay pasos por los cuales la orden debe de ser respetada: nosotros en primer lugar, debemos cumplir los mandamientos de Dios para que podamos entonces morar en su amor. Uno es la condición para el otro. Nosotros primero debemos de reconocer que Dios es nuestro Amo, que es él, quien es el Señor y quien nos manda como nuestra Cabeza. Solo entonces, en cuanto lo obedezcamos, nosotros podremos morar en su amor, y así ser uno con Él. Nuestra comunión con el Señor en el amor del Padre, depende de nuestra obediencia a su deseo soberano y a sus ordenes las cuales son comunicadas a través de su Iglesia.


" «Les he dicho todas estas cosas, para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.» "


Cuando nosotros pensamos en la obediencia, nosotros no estamos siempre alegres, porque la obediencia puede ser restrictiva. Pero, si nosotros pensamos para recordar al Señor, que nos espera en el Cielo, así como a su amor, entonces nosotros somos dichosos: nosotros vemos ya el fruto y el resultado de nuestra obediencia a la ley de Dios, y nosotros ya estamos felices. Y cuando, finalmente, el trato de la obediencia pase, este es el momento del gozo perfecto, la alegría en toda su plenitud, la cual pertenece a los elegidos del Cielo! " Les he dicho todas estas cosas, para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa."


" «Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.» "


Esta es la más grande prueba de amor: ¡dar su vida por aquellos que amamos! El Señor hizo esto ante nosotros, y él nos invita a realizar lo mismo, si esto fuera necesario. Jesús sufrió la prueba de la Cruz porque él ama a su Padre siempre y por siempre, y porque él nos amó eternamente en el Padre. Pero este amor tuvo que ser crucificado en la Cruz de madera, porque el pecado original había desfigurado la imagen de Dios, la cual había sido perfecta en el hombre al momento de su creación. Desde el pecado de Adán, para que el amor del Padre y de los hombres sea perfecto, ¡debe de pasar necesariamente a través de la Cruz del Calvario! Últimamente, es en la Cruz misma que el amor logra la perfecta felicidad: " Cuando hayas llegado al punto en que la tribulación te sea agradable y te parezca sabrosa por amor a Cristo, considérate afortunado, porque has hallado el paraíso sobre la tierra." ("La Imitación de Cristo", Libro 2, capítulo 12)


" «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no les llamo servidores, porque el servidor no sabe lo que hace su patrón; los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre.» "


Cuando el sirviente lleva a cabo los mandatos de su amo, este sirviente no conoce precisamente todo lo que su amo conoce: en obediencia, siempre hay algo que uno no entiende, y el cual debe aceptar. Este es el propio principio de la obediencia. Pero cuando nosotros hemos pasado a través de la prueba de la obediencia a la Ley de Dios, y cuando nosotros estamos unidos a Dios en amor, nosotros no somos mas ignorantes de lo que el Señor esta haciendo, porque Jesús es la misma Palabra de Dios, él es la expresión total de lo que él siempre ha sabido y siempre sabrá. Así, en el amor de Dios, nosotros nos hacemos amigos de Dios, participando en su propio conocimiento, sabiendo lo que él hace, penetrando - por decirlo así - el Misterio de Dios.


" «Ustedes no me eligieron a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáias y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Ámense los unos a los otros: esto es lo que les mando.» "


El Señor Jesús nos da su propio mandato: " Ámense los unos a los otros: esto es lo que les mando." Recordemos bien estas palabras del Señor. Nosotros las hemos escuchado muchas veces. Él nos las dice a nosotros otra vez, en este día, poco antes de la celebración de su Ascensión al Cielo. Volvamos nuestro espíritu hacia el Señor que nos espera allí, donde él mora, en el amor de su Padre. Pidámosle a la Santísima Virgen María que nos ayude hacer esto durante la celebración de esta misa dominical. ¡Es Ella quien nos llevará hacia el verdadero amor de Dios y los hombres!