Homilía para el quinto Domingo del Año - Año B - Mc. 1:29-39


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Al salir de la Sinagoga, Jesús fue a la casa de Simón y Andrés con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama fiebre, por lo que enseguida le hablaron de ella. Jesús se acerco y tomándola de la mano, se levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a atenderlos.


" Antes del atardecer, cuando se ponía el sol, empezaron a traer a Jesús todos los enfermos y personas poseídas por espíritus malos. El pueblo entero estaba reunido ante la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase y expulsó con demonios, pero no los dejaba hablar, pues sabían quien era.


" De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron a buscarlo y cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te están buscando.» Él les contestó: «Vámonos a los pueblecitos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he salido.» Y Jesús empezó a visitar las Casas de Oración de aquella gente, recorriendo toda Galilea. Predicaba y expulsaba a los demonios. "





Homilía:


" Al salir de la Sinagoga, Jesús fue a la casa de Simón y Andrés con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama fiebre, por lo que enseguida le hablaron de ella. Jesús se acerco y tomándola de la mano, se levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a atenderlos. "


Hace dos semanas, nosotros comtemplábamos el comienzo de la evangelización de Jesús. En este tiempo, Él dijo: "El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Arrepiéntanse y crean en el evangelio." (Mc. 1:15) Poco después, Jesús fue a Nazaret, donde predicó en la sinagoga (cf. Lc. 4:16). De ahí se fue a Cafarnaun. Allí también predicó en la sinagoga (cf. Mc. 1:21). Ahora, nosotros vemos a Jesús dejando la sinagoga de Carfanaun y yendo a la casa de Simón y Andrés.


Como nosotros sabemos, Simón Pedro estaba casado. Desde que su suegra está sufriendo, todos están ansiosos de contarle a Jesús tan pronto él entrara a la casa de Simón. ¡Y Jesús inmediatamente contesta sus deseos de ver a la mujer enferma, sana! ¿Que podría ser más natural? Si Jesús tiene la intención de sanar las muchas personas que vienen a él por si mismas, aunque a través de la gracia del Espíritu Santo, ¿Cómo podría él, quien llamó para sí a Simón y Andrés, no hacer el deseo de sus discípulos y de aquellos cerca de ellos?


Si nosotros logramos la voluntad de Dios en todas las cosas, ¡entonces todos nuestros deseos serán puros, y Dios los contestará! Hoy, Simón Pedro ha dejado todo por seguir a Jesús, y Él lo sabe. Esta es la razón por la cual Jesús no vacila, él incluso se apresura, en cumplir el deseo de Simón y su familia. ¡Quizás sea lo mismo para nosotros! Que nosotros podamos desear una sola cosa: ¡hacer la voluntad de Dios en todas las cosas! Entonces, estemos seguros que la Divina Providencia hará todo para realizar nuestros deseos, aun el más loco, si cualquiera de ellos puede describirse así...


" Antes del atardecer, cuando se ponía el sol, empezaron a traer a Jesús todos los enfermos y personas poseídas por espíritus malos. El pueblo entero estaba reunido ante la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase y expulsó con demonios, pero no los dejaba hablar, pues sabían quien era. "


Jesús "sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase". Jesús es bueno, tal como sabemos. Esto es el porque Él sana a todos aquellos que vienen a Él... La enfermedad no es algo normal. Muy a menudo, si nosotros no tomamos medicinas, la enfermedad nos lleva a la muerte. Y la muerte es algo que no es normal. La muerte viene del pecado, el cual Adán, el primer hombre, cometió: "El pecado vino al mundo a través de un solo hombre y la muerte a través del pecado." (Rm. 5:12) Muerte y enfermedad son castigos debido al pecado...


Como Juan Pablo II ha dicho en muchas ocasiones, citando a San Irineo de Lyon, "¡la Gloria de Dios es el hombre vivo!" Por supuesto, la mejor vida es la vida espiritual, la vida del alma en la gracia y el amor de Dios. Esto es, por encima de todo, que es la Gloria de Dios: ¡el hombre vivo en estado de gracia! Pero Dios se glorifica mas si el hombre vive verdaderamente ambas vidas: la espiritual y la corporal. Cuando el hombre esta enfermo, él es como Jesús sufriendo su Pasión. Pero cuando el hombre esta sano y con buena salud, ambos espiritual y corporal, entonces el hombre es como Jesús muerto y resucitado, ¡y él está ya en la Gloria de Dios, ante el Padre, con Jesús!


Cuando nosotros estamos enfermos, hagamos lo que debemos para hacer sanados: el amor de Dios y de nosotros mismos exige éste. Cuando nosotros vemos que nuestro vecino esta enfermo, cuidémoslo, y ayudémoslo a cuidarse a sí mismo! De una manera general, luchemos por la Vida! "¡La Gloria de Dios es el hombre vivo!" Desde hace casi dos mil años, es posible para el hombre resucitar en el Señor, ¡gracias a la Resurrección de Cristo! Incesantemente, el Señor continua sanado almas y cuerpos; incesantemente, a través de Maria y con Ella, Jesús continua dándonos salud a nuestros cuerpos enfermos, como él lo hace en Lourdes, Francia, para manifestar su bondad, ¡aún viva en el Espíritu!


" De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron a buscarlo y cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te están buscando.» Él les contestó: «Vámonos a los pueblecitos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he salido.» Y Jesús empezó a visitar las Casas de Oración de aquella gente, recorriendo toda Galilea. Predicaba y expulsaba a los demonios. "


Al día siguiente, Jesús sale de la casa muy temprano, y se va a orar en un lugar solitario. Jesús es Dios: nosotros creemos esto, y nosotros sabemos esto, a través de la fe. Y nosotros además sabemos que Jesús, quien es Dios, es Todopoderoso: Jesús puede hacer todo. Entonces, si Jesús ora, él hace esto para darnos su ejemplo. Jesús quiere que sepamos que para ser sanados: ¡debemos orar!


Si nosotros deseamos ser sanados de nuestras enfermedades, de cualquier tipo, sean enfermedades del alma, como vicios y malos hábitos, o enfermedades del cuerpo, ¡entonces debemos orar! Por supuesto, nosotros debemos hacer mas que solo orar. Si nosotros estamos enfermos, nosotros debemos tomar medicina, o incluso realizarnos una cirugía. Pero, nosotros debemos - sobretodo - orar. Porque el beneficio psicológico de la oración es innegable...


¡Oremos a Maria durante la Eucaristía de hoy! Pidámosle su ayuda para que de hecho nosotros recibamos el remedio de los remedios: ¡El cuerpo de Cristo! Que este Gran Sacramento nos sane para siempre de todas nuestras enfermedades, ¡las del cuerpo, las del alma, y las del espíritu!