Homilía para el cuarto Domingo de Cuaresma - Año B - Jn. 3:14-21


por el

Canónigo Daniel Meynen
 
 

" Jesús le dijo: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.» Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas. Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios. "




Homilía:


" Jesús le dijo: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.» "


¡Este es el precio que Jesús pagó para abrirnos las puertas del Cielo y guiarnos a la vida eterna! Este es el precio: como la serpiente que Moisés levantó en el desierto, ¡Jesús fue levantado en la Cruz, Él murió por nosotros en la Cruz de madera antes de elevarse al Cielo en el día de la Ascensión! La serpiente que Moisés levantó en el desierto fue una fuente de sanación: semejantemente, el Señor Jesús quién está ahora en el Cielo es la fuente de vida eterna, a través de los meritos de su dolorosa Pasión y de su muerte en la Cruz.


La serpiente en el desierto era un signo para los Hebreos: el signo de la misericordia de Dios hacia su Pueblo, el Pueblo que Él había escogido para hacer brillar su gloria y su magnificencia a través de todo el mundo. De una manera similar, pero en concordancia con la realidad que Él está en Él, el Señor Jesús es el signo de la misericordia y amor de Dios hacia todos los hombres. Sus gloriosas heridas, que él todavía lleva en el Cielo, son tan muchas joyas que testifican su triunfo sobre el pecado y la muerte; pero, sobre todo, sus heridas son, para todos los elegidos del Cielo, los signos brillantes y siempre visibles de su inagotable amor para todos aquellos quienes El ha escogido de toda la eternidad para vivir con Él en la Gloria.


" Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito. "


¡Dios nos ama! Nuestro Padre Celestial, el Creador de todos nosotros, nos ama tanto que su amor lo lleva a darnos a su único Hijo. San Juan habla en tiempo pasado; él dice: " Dios amó... ha dado..." Pero todo esto es además verdad en el presente, desde que, para Dios, todo está siempre en el presente: Dios es eterno, y para El no hay ningún pasado o futuro. Esto es solamente con relación a nosotros, hombres, que hay un pasado y un futuro para Dios. La Palabra del Padre, su Hijo, fue encarnado en el vientre de la Santísima Virgen María hace dos mil años. Esto está en el pasado, fue en este tiempo que Dios dió a su único Hijo. Pero nosotros podemos decir aun ahora que Dios nos da a su Hijo, cada día, cada hora, cada minuto: si nosotros le pedimos esto, humildemente con gran fe, entonces Dios nos dará a Él quien es su Vida, toda su razón de ser, Él quien es el objeto de su amor.


" para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. "


El Señor Jesús es Dios: Él es la Verdad. Él es la Verdad que debemos creer, porque ella sobrepasa toda inteligencia, ella está sobre toda razón, ella es sobrenatural y divina. Pero así como esto es, la Verdad es Dios, esta Verdad es Vida, el Señor quien es Verdad, es también Vida, porque El es el Amor todopoderoso y misericordioso, el Infinito Amor, que no puede fallar en ser comunicado a cualquiera quien verdaderamente quiera entrar en una comunión de Vida con El. Así, a través de la virtud de la Fe, la Verdad que es Dios, y en quien nosotros creemos, nos da su Vida: a través de la fe, nosotros somos participantes de la misma vida de Dios en el Señor Jesús. Es más, escuchemos lo que el Señor nos dice: "En verdad, en verdad, yo les digo, él que cree tiene la vida eterna." (Jn. 6:47)


" La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas. "


San Juan ya nos había contado al principio de su Evangelio: "Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron." (Jn. 1:9-11) Este es el drama de toda la Creación: la Luz está aquí, en el mundo, y todavía son muchos los que lo rechazan, quienes no van a Él para ser iluminado interiormente por su todopoderosa gracia! Los hombres tiene temor de esta divina luz, ellos no quieren acercársele, porque ella puede demostrarle a cada uno, en cualquier lugar, la fealdad de su vida. Pero sobretodo, ellos no quieren ver en esta luz la vida y el amor que es esencialmente: porque ellos no quieren cambiar su vida, porque ellos no quieren participar en la Vida de Dios.


" Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios. "


Miremos esta expresión de San Juan: "El que obra verdad." La Verdad de Dios quien es Luz (cf. 1 Jn. 1:5) es una Verdad que no puede estar disociada de los actos de virtud y de los trabajos que deben ser hechos de acuerdo con los mandamientos de Dios y de la Iglesia. No basta con simplemente creer, también es necesario realizar trabajos de caridad y misericordia. De estos trabajos, nosotros logremos el más importante de todos. Nosotros reciberemos la Eucaristía: preparémonos para participar en la Pasión de Cristo, para comunicar de su Sacrificio, que El Señor ha ofrecido de una vez por todas, pero que, a través del sacramento se nos hará presente, a nosotros que estamos vivos ahora! Nosotros nos asociaremos con Cristo muerto y resucitado, Él quien fue elevado de la tierra sobre la Cruz de madera, y quien ahora es elevado a la derecha del Padre que está en el Cielo!


Que la Santísima Virgen María, quien vio a su Hijo en la Cruz, nos ayude a recibir dignamente a su Hijo Jesús, para que nosotros podamos participar en la Pasión de Cristo, para su Cuerpo, que es la Iglesia!