Homilía para el cuarto Domingo de Adviento - Año B - Lc. 1:26-38


por el

Canónigo Daniel Meynen
 
 

" Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La Virgen se llamaba Maria. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracias, el Señor esta contigo.» Maria quedo muy conmovida al oir estas palabras y se preguntaba que significaría tal saludo.


" Pero el ángel le dijo: «No temas, Maria, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrá el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David, gobernara por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminara jamás.» Maria entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» Contesto el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te Cubrirá con su sombra, por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel esta esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. Para Dios, nada es imposible.» Dijo Maria: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mi tal como has dicho.» Después la dejo el ángel. "





Homilía:


" Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La Virgen se llamaba Maria. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracias, el Señor esta contigo.» Maria quedo muy conmovida al oir estas palabras y se preguntaba que significaría tal saludo. "


Esta es una historia bien conocida del Evangelio: la que nos habla del Misterio de la Encarnación de la Palabra de Dios! La relación entre el Misterio de la Encarnación y el del Nacimiento del Hijo de Dios es clara: estos son el principio y el final de la presencia física del Niño Jesús en el vientre de su Madre Maria. Este es el tiempo entero de la gestación fetal del niño de Dios, que transcurrió durante un periodo de nueve meses, desde el 25 de Marzo hasta el 25 de Diciembre. Ahora, todo esto nos zambulle dentro de un simbolismo misterioso...


Alrededor del 21 de Marzo, cada año, es tiempo del equinoccio de la primavera: la longitud de la noche es igual a la longitud del día, y no hay un minuto mas de luz o de oscuridad. Pero, desde el 25 de Marzo en adelante, la longitud del día sobrepasa a la de la noche. Simbólicamente, esto significa que la Luz de la Verdad, que es la Palabra de Vida, inaugura su triunfo sobre la oscuridad del Mal y de la Tentación. Este triunfo durará hasta el solsticio de verano, el cual ocurre alrededor del 21 de Junio.


En ese preciso momento, es decir, en la primavera del equinoccio, Isabel, la prima de Maria, esta en su sexto mes del embarazo: "Tu parienta Isabel esta esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo." (Lc. 1:36) San Lucas, había comenzado a decir: "Al sexto mes..." (Lc. 1:26) Aparentemente, aquí hay algo muy importante. De hecho, el niño de la prima de Maria quien pronto vendrá al mundo, no es otro que Juan el Bautista, el Precursor de Cristo, quien es el testigo de la Luz que viene al mundo!


Tres meses después de la Encarnación de la Palabra, nace Juan el Bautista, el 24 de Junio. Ahora, 24 de Junio es el primer día en que, después de estar constantemente aumentado hasta el 21 de Junio, la longitud del día disminuye: en el 24 de Junio, nosotros perdemos un minuto de luz, a cambio de un minuto adicional de oscuridad. Y este fenómeno continuará imperturbablemente hasta del 21 de Diciembre... Uno debe de esperar exactamente hasta el 25 de Diciembre, es decir, el día de Navidad, para que la longitud del día empiece aumentar otra vez, y para que la longitud de la noche descienda en la misma cantidad.


Esto pareciera que, simbólicamente, el nacimiento de Juan el Bautista no tenga ningún sentido: ¿Porque él quien es testigo de la Luz, viene al mundo en el preciso momento en que la luz del día empieza a disminuir? La única respuesta posible es decir que Juan Bautista entra al mundo para completar, a través de la Gracia de Dios, Él quien ilumina al mundo: Cristo. Juan el Bautista es como otro Cristo: Juan el Bautista lleva a cabo el lugar de Cristo cuando este está oculto o ausente!


Juan el Bautista dijo: "El debe crecer, pero yo debo disminuir." (Jn. 3:30) Si Juan el Bautista lleva a cabo el lugar de Cristo, esto es porque él es una figura de la Iglesia, quien, mientras Cristo está en el Cielo y oculto de nuestros ojos así como él estuvo en el vientre de Maria, además lleva a cabo el lugar de Cristo para proclamar al mundo entero las Buenas Nuevas de Salvación. Mientras esperamos el Regreso de Cristo al final de los tiempos, la Iglesia, así como Juan el Bautista, esta llamado para disminuirse mientras Cristo aumenta: la Iglesia, quien, en Cristo, es la luz del mundo (cf. Mt. 5:14), disminuye ante él para llevar a cabo, en los ojos del mundo, el lugar de Cristo!


A partir del nacimiento de Juan el Bautista, Cristo espiritualmente crece en él: el testigo de la Luz del mundo satisface ya su misión mientras el Niño de Dios esta todavía en el vientre de su Madre! Pero como no hay dos Cristos, solo uno, es en cambio que Juan el Bautista, quien es en Cristo, y así en Maria, para crecer espiritualmente a través de su testigo para la Luz del Mundo. Si, la Iglesia, asi como Juan Bautista, da testimonio de la Luz del Mundo, esta es en Maria, la Madre de Jesús, que la Iglesia espiritualmente crece en Cristo, hasta el fin del tiempo!


Sí hay un simbolismo que une los dos eventos de la Encarnación y de la Natividad, este es el de la vida espiritual de la Iglesia en Cristo, a través de Maria, con Maria, y en Maria. Así la fiesta de Navidad celebrará pronto la cumbre y la coronación de esta vida espiritual: Cristo vendrá pronto, pronto regresará Cristo, para dar a cada uno de los elegidos de Dios la corona de Gloria, ésta Gloria que es suya la cual viene de su Padre! Amen! Ven, Señor Jesús!