Homilía para el tercer Domingo de Pascua - Año B - Lc. 24:35-48


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Los discípulos de Emaús contaron lo sucedido en el camino y como lo habían reconocido al partir el pan. Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó e medio de ellos y les dijo: «Paz a ustedes.» Quedaron atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu, pero él les dijo: «¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso? Miren mis manos y mis pies: soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo.» Y dicho esto les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?» Ellos, entonces, le ofrecieron un pedazo de pescado asado y una porción de miel; lo tomó y lo comió delante ellos.


" Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los salmos referente a mí.» Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras. Les dijo: «Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día. Luego debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan. Ustedes don testigos de todo esto.» "




Homilía:


El Evangelio de este día, nos informa sobre dos eventos que se dan en tiempos distintos pero estrechamente relacionados uno con otro. El primero, es el de la aparición de Jesús a sus discípulos: este toma lugar en la tarde de Pascua, después que Jesús se había aparecido a los dos discípulos de Emaús. El segundo, es el hecho del Señor quien prepara a los Apóstoles para su misión en el mundo: esto tomó lugar poco tiempo antes de Su Ascensión. Estos dos eventos están estrechamente relacionados porque ellos sirvieron para convencer más, completamente a los discípulos, del hecho extraordinario de la resurrección de Cristo.


" Quedaron atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu, pero él les dijo: «¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso? Miren mis manos y mis pies: soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo.» Y dicho esto les mostró las manos y los pies. "


Primero, Jesús se presenta a sus discípulos: Él les muestra su cuerpo, y los invita a observarlo de cerca, e incluso tocarlo, así como él hizo después con Santo Tomás. El Señor Jesús quiere que los testigos de su resurrección estén completamente concientes de ésta asombrosa realidad: la vida eterna - la cual es Cristo mismo - no solo pertenece al alma inmaterial y espiritual, si no también, al mismo tiempo, al cuerpo humano, este elemento de la persona humana a través del cual entramos en comunicación con los demás.


El cuerpo de Jesús es glorificado junto con su alma: el Señor quiere que sus discípulos estén profundamente concientes de esto, porque él sabe todo lo que nosotros vemos, todo lo que nosotros tocamos, nos afecta profundamente, y es, para cada uno de nosotros, un medio que sobrepasa a todos en su poder para persuadirnos o convencernos. Cuando nosotros hemos visto algo, cuando nosotros lo hemos tocado, nosotros estamos mucho mas convencidos de la realidad de su existencia y de todas sus propiedades, que si nosotros solo hubiéramos escuchado de ellas.


" Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?» Ellos, entonces, le ofrecieron un pedazo de pescado asado y una porción de miel; lo tomó y lo comió delante ellos. "


Este episodio, en el cual el Señor resucitado come en compañía de sus discípulos, hace su intención aún mas manifiesta. De hecho, Jesús resucitado no tiene ninguna necesidad de comida: su cuerpo vivirá por siempre, sin temor de que en su vida le falte algo en lo absoluto. Por consiguiente, si Jesús quería comer pescado asado ante sus discípulos, solo era para darles un signo, el de la realidad corporal de la vida que, ahora y siempre, es la de Él. Jesús quería que sus Apóstoles sean auténticos testigos de esta realidad, la cual ha sido proclamada muchas veces en las Escrituras y la cual es ahora completamente vivida por Él, ¡el Maestro y Señor del universo entero!


" Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los salmos referente a mí.» Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras. Les dijo: «Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día.» "


Los cuerpos resucitarán, ellos son llamados para vivir eternamente, ¡participando en la vida divina en Cristo! El Señor Jesús es el primero en experimentarlo en su persona entera, él es el que logró de lleno todo lo que las Santas Escrituras habían proclamado con respecto a la resurrección del cuerpo. Así, después de haber mostrado su cuerpo a sus discípulos, Cristo, justo antes de su Ascensión en el Cielo, explicó en detalle el significado de las sagradas escrituras que hablan de la glorificación del cuerpo en la vida eterna. Él quien estaba a punto de entrar a la Gloria del Cielo, con ambos su cuerpo y su alma, quería vivir esta única y eterna experiencia con sus Apóstoles, por medio de las Santas Escrituras.


Esta es una lección para nosotros: tratemos de leer y de meditar sobre la Santa Escritura para encontrar en ella un anticipo para el Cielo, intentemos de abrir la Puerta del Cielo creyendo profundamente en la realidad de la resurrección del cuerpo. Particularmente hoy, ahora, durante esta celebración Eucarística dominical, después de haber leído y escuchado el evangelio de este día, pidámosle a la Santísima Virgen María que nosotros podamos recibir el Cuerpo de su Hijo con una gran fe, una esperanza santa, y una caridad sincera. ¡Que este Domingo sea el de Nuestra Resurrección en Cristo!