Homilía para el Tercer Domingo de Adviento - Año B - Jn. 1:6-8,19-28


por el

Canónigo Daniel Meynen
 
 

" Vino un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino para dar testimonio, como testigo de la luz, para que todos creyeran por él. Aunque no fuera él la luz, le tocaba dar testimonio de la luz.


" Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para preguntarle: «¿Quién eres tu?» Juan lo declaró y no ocultó la verdad: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Quién eres, entonces? ¿Elías?» Contestó: «No lo soy.» Le dijeron: «Eres el Profeta?» Contestó: «No.» Entonces le dijeron: «¿Quién eres entonces? Pues tenemos que llevar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Que dices de ti mismo?» Juan contestó: «Yo soy, como dijo el profeta Isaías, la voy que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor.» Los enviados eran del grupo de los fariseos, y le hicieron otra pregunta: «¿Por que bautizas entones, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Les contestó Juan: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen, y aunque viene detrás de mi, yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia.» Esto sucedió en Betabará, al otro lado del río Jordán, donde Juan bautizaba. "





Homilía:


" Vino un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino para dar testimonio, como testigo de la luz, para que todos creyeran por él. Aunque no fuera él la luz, le tocaba dar testimonio de la luz. "


El evangelio para el tercer domingo de adviento es tomado del prologo de San Juan, el primer capitulo de su evangelio. San Juan presenta a Cristo como la Luz verdadera que ilumina la conciencia del hombre, que ha sido oscurecida por las sombras del pecado: "La verdadera luz que ilumina a cada hombre que viene a este mundo." (Jn. 1:9) Juan el Bautista no era la luz: él era un testigo de la luz, era el enviado por Dios para rendir testimonio de la luz de Cristo. Por que la Luz de Dios es demasiado fuerte y deslumbra, para ser recibida directamente por la mayoria de las personas sin ninguna preparacion preliminar. Era necesario que un intermediario interveniera de manera de preparar a los hombres y mujeres del mundo para recibir la Luz de Cristo, la luz divina la cual ilumina las conciencias por medio de la Fe: "El vino para el testimonio, para ser testigo de la luz, para que todos pudieran creer a través de él."


La Luz de Dios es algo que todos nosotros hemos recibido en un momento dado u otro: esto es lo que nos hacer verdaderos creyentes. Aunque nosotros no entendamos precisamente como vino esto a nosotros, nosotros sabemos que esto vino a través del intermediario de las personas quien nos hablaron de Dios y de su Iglesia: nuestros padres, nuestros amigos, nuestros profesores, etc. La Luz de Cristo encontró testigo por si misma, tal como Juan el Bautista, de manera que nosotros, ahora, pudiéramos ser fieles testigos de la Luz la cual irradia sobre cada hombre quien entra al mundo. Demos gracias a Dios por habernos puesto en nuestro camino tales testimonios para Cristo! Si esta Luz de Dios ya ha venido nosotros, pero no le hemos dado la bienvenida como deberíamos, entonces no dudemos de hacerlo. No esperemos hasta que esta Luz se manifieste por si misma en nuestra vida en un encuentro brutal, como lo fue en el caso de San Pablo, en el camino de Damasco: "Pero mientras se dirigía allí, al acercarse a Damasco, de repente le envolvió el resplandor de una luz del cielo. Cayó al suelo, y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿Por que me persigues?" (He. 9:3-4)


" Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para preguntarle: «¿Quién eres tu?» Juan lo declaró y no ocultó la verdad: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Quién eres, entonces? ¿Elías?» Contestó: «No lo soy.» Le dijeron: «Eres el Profeta?» Contestó: «No.» Entonces le dijeron: «¿Quién eres entonces? Pues tenemos que llevar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Que dices de ti mismo?» Juan contestó: «Yo soy, como dijo el profeta Isaías, la voy que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor.» "


Hay personas cuya verdadera identidad nosotros no podemos reconocer, por que estas personas no se nos semejan. Estas son personas quienes están fuera de lo ordinario, imposible de categorizar. Ellos tienen una personalidad que es fuerte y distintiva que nosotros tenemos problema colocándolos en cualquiera de las categorías o características usuales. Algunas de estas personas son orgullosas y lascivas, y otros están tan infundados con la avaricia y ambisión, que parece que ellos han hecho un pacto con el diablo!! Pero hay además otros quienes no son como estos pervertidos: hay además santos, como Juan el Bautista. Si los santos parecen extraños y tan personal, esto no es por su santidad, la cual no hace, por la misma, a gente original y asombrosa. Pero, esto es por que, debido a su propia misión, su santidad debe de manifestarse más allá de si mismos: su persona entera, cuerpo y alma, deben de manifestar al mundo entero la santidad de Dios que es de ellos.


Juan el Bautista no es el Cristo. No es Elías. Sin embargo, el se asemeja a ellos, mientras que el permanece completamente siendo el mismo. Esta es la paradoja de santidad! Esto es precisamente siendo si mismo de una forma única y sin par, que Juan el Bautista se asemeja a Cristo, Elías y toda las personas santas que lo preceden. Por que Cristo es Dios, y todos los que están en Cristo son uno en Él: ellos son únicos, como Dios, en Cristo, es único. El quien es verdaderamente santo en Cristo se asemeja a Cristo así como a todos los Santos, mientras, paradójicamente, permaneciendo único y sin igual en este mundo.


" Los enviados eran del grupo de los fariseos, y le hicieron otra pregunta: «¿Por que bautizas entones, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Les contestó Juan: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen, y aunque viene detrás de mi, yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia.» Esto sucedió en Betabará, al otro lado del río Jordán, donde Juan bautizaba. "


" Los enviados eran del grupo de los fariseos, y le hicieron otra pregunta: «¿Por que bautizas entones, si no eres el Mesías, ni Elías , ni el Profeta?» " Esta es de hecho la gran pregunta hecha a quienes son enviados por Dios: ¿Qué derecho tienen ellos de hacer con esta o la otra? La autoridad de los enviados por Dios viene de Dios mismo, y no de los hombres que son poderosos en este mundo, aun si son hombres de la Iglesia. Cuando los poderes de este mundo escuchan la voz de Dios, ellos pueden facilmente reconocer la autoridad de aquellos que son enviados por Dios. Si no, ellos lo rechazan, así como rechazaron a Juan el Bautista, quien fue decapitado, en prisión por haber reprochado a Heródes de su vida licensiosa. En esto, Juan el Bautista siguió los pasos de la larga línea de los mártires para el Deseo de Dios quienes vivieron bajo el viejo convenio. Y el inaguró la lista inagotable de mártires en la Nueva Ley, la cual incluye los nombres de muchos, y estira en el presente; esto incluye, entre otros, la inolvidable Juan de Arco, quien fue traicionada por los clérigos de su tiempo...


Que María, la Santísima Madre de Dios, nos enseñe a ser verdaderos testigos de la Luz de Dios, así logrando la voluntad de Dios, quien nos llama a llevar la Misión de su Hijo en el mundo!