Homilía para el segundo Domingo de Adviento - Año B - Mc. 1:1-8


por el

Canónigo Daniel Meynen
 
 

" Este es el comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo, el Hijo de Dios. "


" En el libro del profeta Isaias estaba escrito: «Mira, te voy a enviar a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del enero, enderece sus senderos.» Es así como Juan el Bautista empezó a bautizar en el desierto. Allí predicaba bautismo y conversión, para alcanzar el perdón de los pecados. Toda la provincia de Judea y el pueblo de Jerusalén acudían a Juan para confesar sus pecados y ser bautizados por él en el río Jordán. Además de la piel que tenia colgada de la cintura, Juan no llevaba mas que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langosta y miel silvestre. Juan proclamaba estos mensajes: «Detrás de mí viene uno con mas poder que yo. Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias, aunque fuera arrodillándome ante él. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizara en el Espíritu Santo.» "





Homilía:


" Este es el comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo, el Hijo de Dios. "


En el Inicio de este evangelio, San Marcos tiene el cuidado para anunciar que este contiene el mensaje que él fue llamado a pasar a sus lectores. Este "evangelio" o "Buena Nueva", una traducción literal del termino Griego de donde proviene la palabra "evangelista". Él termino "Buena Nueva" nos pone enseguida en el contexto Trinitario, en la distensión misteriosa de la Santísima Trinidad. Por que la verdad y unica "Buena Nueva" es la de Cristo mismo, la Palabra de Dios hecha hombre.


En Dios, en la misma Divinidad, el Padre, quien es el primero de las tres personas de la Santísima Trinidad, habla, a el, incesantemente y eternamente, esta Palabra que es su Hijo, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Dios "es espíritu" (Jn. 4:24) y este divino Espíritu lleva a cabo una sola divina acción: Él concibe y engendra en sí mismo una única Palabra, que lo llena a el completamente. Esta Palabra que ha sido concebida y engendrada es el Hijo de la divina persona que es el Padre.


Todos estos son cumplidos por Dios en sí mismo, lo cual es decir en Amor, porque "Dios es amor" (1 Jn. 4:16). En otras palabras, el Padre engendra su hijo en el Espíritu Santo, que es el Amor de Dios en persona. Ahora, el Amor de Dios es infinito e ilimitado. Y hubo un tiempo cuando el Amor de Dios inundaba, en alguna manera, de sí mismo y vertió sobre el mundo: este era el tiempo de la Encarnación, después que Dios habló su Palabra, no solo para sí mismo, sino además para el mundo que él creo en su Amor.


" En el libro del profeta Isaias estaba escrito: «Mira, te voy a enviar a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del enero, enderece sus senderos.» Es así como Juan el Bautista empezó a bautizar en el desierto. Allí predicaba bautismo y conversión, para alcanzar el perdón de los pecados. Toda la provincia de Judea y el pueblo de Jerusalén acudían a Juan para confesar sus pecados y ser bautizados por él en el río Jordán."


Juan El Bautista, ha sido enviado por Dios para preparar directamente al pueblo de Dios para recibir esta Palabra, quien es el hijo de Dios en persona. Esto es por que él habla, él predica, él proclama a la humanidad la venida del Mesías: La palabra humana de Juan el Bautista sirve como una preparación para la Palabra Divina de Cristo. Pero las solas palabras humanas de Juan el Bautista no son suficientes para preparar adecuadamente a la humanidad para recibir la Palabra de Dios. Lo que es humano, es y siempre permanecerá inferior a lo que es divino.


Para recibir la Palabra de Dios, se exige una preparación la cual no es simplemente humana, pero además divina. Esta divina preparación no es otra que la posesión de la gracia de Dios, el divino regalo a través del cual un hombre o mujer se vuelve aceptable por Dios y se considera a sí mismo o ella misma en su favor y en su amistad. Así, esta claro que la preparación completa e indispensable para la recepción llena de la Palabra de Dios consiste en purificarse a sí mismo de todos los pecados personales, aquellos de los que son personalmente responsable.


" Además de la piel que tenia colgada de la cintura, Juan no llevaba mas que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langosta y miel silvestre. Juan proclamaba estos mensajes: «Detrás de mí viene uno con mas poder que yo. Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias, aunque fuera arrodillándome ante él.» "


De manera para preparar al Pueblo de Dios para la recepción de la Palabra de Dios, Juan el Bautista predicó un bautismo de arrepentimiento: de manera que la gracia de Dios llene los corazones, era necesario que el pecado estuviera fuera de ellos. Pero Juan el Bautista tenia que poner el ejemplo. Si él predicaba arrepentimiento, el mismo tenia que estar arrepentido. Su ser entero tenia que volverse un instrumento de evangelización. La gracia de Dios que estaba en él, no podía permanecer solamente dentro de él, sino tuvo que manifestarse exteriormente, visible para todos; por que la misión de Juan el Bautista era exacto, la de la preparación de la venida dentro del mundo de la Gracia de gracias la cual es la Palabra de Dios.


" «Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizara en el Espíritu Santo.» "


Juan el Bautista proclamó el bautismo que Jesús proporcionaría: el bautismo del Espíritu Santo. Por que esto es verdaderamente este Espíritu de Amor el que purifica el alma a través de la remisión de los pecados: El Espíritu Santo es el Fuego de Amor el cual purifica y transforma. En la Santísima Trinidad, todo esta logrado en el Amor de Dios, que es el Espíritu Santo. Semejantemente, cuando Dios comunica al hombre su divina Palabra, esto se logra en el Espíritu Santo que es Amor.


Durante este tiempo de Adviento, dejémonos prepara nuestro corazón para recibir la Palabra de Dios, pidámosle a Dios perdón por nuestros pecados, orémosle al Señor y pidámosle nos envíe su Espíritu, de manera que nuestra alma se pueda purificar, sin manchas de cualquier pecado, de manera que la Palabra de Dios venga dentro de nosotros y del mundo entero. Que María, la Madre de Dios, interceda por nosotros y podamos todos nosotros, a través de Ella, ser bautizados en el Espíritu Santo.